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Un frente democrático electoral. Varias veces hemos mencionado la existencia en nuestro país de una corriente que impulsaba la conformación de una “concertación democrática” integrada por los tres partidos de la oposición, que atrajera el voto de sus adeptos así como el de los oficialistas arrepentidos, destinada a suplantar al Frente Amplio en el gobierno en las próximas elecciones. Dicha “concertación” debería fundarse en propósitos puramente electorales y no fundacionales, puesto que la fusión de los partidos políticos integrantes sería imposible e incluso no imprescindible ni conveniente. Y esos propósitos electorales, los de obtener el triunfo, se basarían en una plataforma de propuestas políticas e institucionales —en la que hubiera total consenso— que se reputen necesarias para el restablecimiento de una democracia perfecta y para la solución de los más importantes problemas que afectan a nuestra sociedad, y que sea lo más concreta posible, sin divagaciones teóricas. Las fórmulas legales y soluciones de hecho necesarias para formalizar la concertación descripta están al alcance de las disposiciones vigentes en la materia, y sería cuestión de que los expertos en ellas trazaran las líneas de concreción.
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Transcurridos algunos meses, sin embargo, no se han visto avances ni siquiera mínimos en esta dirección. Incluso se ha hablado muy poco o nada de ello, con alguna excepción personal. Parecería que la iniciativa se considera prematura, o que no es necesaria para el fin propuesto, o que sencillamente es imposible, o que las ambiciones (legítimas) de los distintos candidatos o de los distintos partidos se sobreponen a la necesidad de cambiar el rumbo del país.
En nuestra opinión, ninguno de estos cuatro motivos podría, racionalmente, oponerse a iniciar ya en forma concreta un esfuerzo en la dirección planteada. Primero, porque aunque falten aún tres años para las elecciones, la tarea de orquestar esta concertación será larga, difícil y compleja, y segundo, porque aun suponiendo que se consolide con tiempo suficiente, será necesaria una intensa difusión y propaganda para que la novedad gane terreno y se consolide dentro de la sociedad política, poco propensa a aceptar rápidamente soluciones removedoras. Debe recordarse que la consolidación del Frente Amplio llevó muchos años y que para ella fue necesario, aunque parezca paradojal, que en el intermedio se desencadenara una dictadura militar. Y no olvidar que cuando se constituyó el primitivo y auténtico Nuevo Espacio, el que integraban el PGP y el PDC y otras fuerzas democráticas, el grave error de hecho en que se incurrió fue precisamente el de perder tiempo y dilatar la solución o tenerles miedo a las apariencias, lo que llevó a que, finalmente, la presencia electoral de aquel sector encabezado por Juan Pablo Terra y Hugo Batalla llegara al campo de contienda con insuficiente tiempo para desarrollarla y explicarla a la población, de modo que su votación, sin ser mala, fue escasa y menor de lo necesario, lo cual a la larga (más bien a la corta) unido a la muerte del primero de sus líderes produjo su disolución.
En segundo lugar, parece que para alguna de las personalidades políticas de los sectores opositores, la concertación, acumulación, sumatoria de votos de los tres partidos democráticos, fuese innecesaria, porque se confía en que esta vez el Frente Amplio no alcanzará la mayoría absoluta (lo cual resulta muy probable), y que la victoria se logrará por el simple mecanismo vigente del balotaje (lo cual no lo es tanto). Si bien el encanto que ejerce el Frente Amplio parece actualmente deteriorado con relación al de 2010, siguen siendo fuertes su sector de fanáticos y la innumerable cantidad de favorecidos por las “políticas sociales”, procedimiento compra-votos realmente infalible.
Y ello se muestra claramente por el hecho admirable e inconcebible, sí que explicable, de que el presidente Mujica, aunque en declive, siga manteniendo en las encuestas su porcentaje de preeminencia, a pesar de su desastrosa gestión en todos los aspectos del gobierno, tanto los externos como los internos.
Lo tercero: que la concertación sea imposible parece una afirmación caprichosa ante una iniciativa aún incipiente, que carece de carnalidad, que no ha sido objeto de profundas discusiones públicas y que se ha enfrentado a poquísimas encuestas. Muestra un pesimismo exagerado o un optimismo loco, según sea el extremo desde donde arranca. Y en cuanto a la última hipótesis, preferimos no desarrollarla porque en verdad no creemos que la dirección política de los sectores opositores esté integrada por algunas personas que anteponen su interés personal al bien común.
Desde luego que habría una explicación más para la inacción: la de que todavía no es necesario que el Frente Amplio sea desplazado del gobierno, que seguramente caerá por su propio peso luego de una experiencia más en el mismo, que es preferible dejar que las cosas se decanten solas sin apretarlas en artificiales comedimientos. Hipótesis que por cierto es harto discutible como posibilidad real y sobre todo es insuficiente a los fines de mejorar la situación, según hemos venido y seguiremos clamando.
Pues bien: hemos leído en el semanario Búsqueda del 1º de marzo que el senador Penadés comenzará una ronda de consultas para impulsar un Frente Democrático... en Montevideo. Propuesta parecida anunció el diputado Gandini hace poco tiempo. Se piensa, quizás, que ganando Montevideo, la victoria nacional estará descontada. Pero una cosa es vencer, quizás apretadamente, en la capital, cuya situación ya tiene ribetes desesperantes, y otra cosa es lograr una sustancial mayoría de votos que sostenga el triunfo en todo el país. ¿Se lograría por vía indirecta o sería necesario que se fuera directamente a procurar el gobierno nacional (y con él, el de Montevideo) para retemplar los ánimos y proponer un conjunto global armónico y convincente?
Lo cierto es que, siendo fundamental el triunfo en la capital, no es suficiente, pues es imprescindible y urgente que el gobierno nacional sea recuperado, y que no tengamos más estos presidentes improvisados y mediocres, estos ministros, estos directores de entes, estos torpes legisladores de mayoría absoluta con mano enyesada. Será imprescindible obtener una mayoría, si es posible absoluta, como la que disfruta ahora el Frente Amplio, para todos los efectos y sobre todo para el enfrentamiento inevitable con los sectores más fascistas de los sindicatos y demás centros de poder.
Y por último debemos recordar que los esquemas que sostiene el Dr. Larrañaga, quien seguramente se ve como rival de cualquier candidato frentista, siguen siendo vetustos, erróneos e ineficaces. Mientras siga hablando de izquierdas, derechas y centros, esquemas absurdos e irracionales aunque persistentes, le seguirá haciendo el “caldo gordo” (expresión seguramente más propia del actual presidente que de la ciudadanía) al populismo pobrista y corporativista que nos conduce barranca abajo.