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    Constanza Moreira quiere crear una “corriente de opinión” en el Frente Amplio que incida en el programa y tenga en cuenta el reclamo de los “enojados”

    La candidatura es para “los que quieren otra cosa porque no les gusta Tabaré Vázquez, no les gusta esto o lo otro, porque preferirían votar a una mujer, porque quieren un intelectual como yo en la política”, dijo

    Es una de las principales académicas en el área de la Ciencia Política y un día José Mujica la propuso para que presidiera el Frente Amplio. Como la gestión se cayó, la ubicó en los primeros lugares de la lista al Senado del Espacio 609 y por eso el 15 de febrero de 2010 ingresó al Parlamento. Y tres años después, Constanza Moreira, una politóloga de 53 años, se encontró con que el Plenario de la coalición de izquierdas habilitó su nombre junto con el de Tabaré Vázquez para que compitan en las internas del año próximo.

    Su despacho en el Senado se transformó en un pequeño comando de campaña, y en una pizarra escribe ideas para la tarea que se viene. En medio de esa pizarra está pegada una nota editorial del último número de “Participando”, la publicación del Movimiento de Participación Popular (MPP). Allí subrayó con beneplácito la idea planteada de que no exista un candidato “oficial” y otro “oficioso” y que en la interna no se defina el candidato a vicepresidente.

    Sabedora de que ganar la interna ante el favorito Vázquez aparece como imposible, Moreira dijo que lo que su candidatura busca es “crear una corriente de opinión en todo el Frente Amplio” que profundice los cambios de izquierda en el gobierno. Hoy Moreira cuenta con el respaldo del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), Ir, Frenteamplistas por un Debate Programático, Alternativas, Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y algunos grupos departamentales.

    A continuación un resumen de la entrevista que Moreira mantuvo con Búsqueda.

    —Durante muchos años investigó, estudió la política, y ahora además de eso está en la cancha de la política, primero como legisladora y ahora como precandidata. ¿Qué tan distintos son esos mundos, si es que lo son?

    —Todo lo distinto que es el mundo del pensamiento al mundo de la acción. (Max) Weber hablaba del político y el científico, haciendo esa distinción entre el científico que está en el mundo del pensamiento y duda, y el político que tiene que tomar decisiones y está en el terreno de la acción. La Ciencia Política es una herramienta fantástica para hacer política.

    —¿Y aplica cosas que veía en la teoría?

    —Si sale una encuesta, voy a estar en mejores condiciones de entender lo que dice esa encuesta que otro político; sobre todo para mí que hice encuestas. Ese es un ejemplo. Soy una intelectual práctica, vas de la teoría a la práctica y de la práctica a la teoría. Y por ejemplo, hoy haría ciencia política de un modo distinto. Estudiaría más la vida de las leyes analizando las discusiones en las comisiones y menos con la prensa.

    —¿Y en qué momento vio que podía ser precandidata presidencial?

    —El 14 de setiembre (día en el que el PVP la postuló como precandidata).

    —¿Pero no hubo algo antes? En julio, en una reunión dijo que no se le pasaba por la mente ser candidata. Es difícil decir “sí”, sabiendo a quién se tiene enfrente como competidor, ¿no?

    —Sí, es bastante difícil. Por varios lados se estaba planteando una candidatura alternativa y estaba el PVP con esta idea. Yo dije que no era la persona indicada y que no había un clima para eso. Después la idea se fue instalando y se dijo que al Frente le va a hacer bien tener más de un candidato. Y luego, finalmente, fui yo. En ese momento, o era yo o no era más nadie.

    —¿Pero hubo consultas o fue “me tiro al agua”?

    —Lo consulté, fui cambiando de opinión. Salí del territorio del “no”, al “puede ser”, al territorio del “sí”. Fue clave cuando el PVP dijo que querían llevar una alternativa. Vos no pensás todo el proceso ya acabado, vas pensando por partes.

    —¿Por qué un frenteamplista tendría que votarla?

    —Para votar algo distinto a lo que hay, votar a los nuevos en política, a una mujer —eso es bastante nuevo en política—, para... (piensa varios segundos) equilibrar poder y por mis ideas.

    —¿Pero por qué lo nuevo?

    —Nuevo va unido a renovación. La izquierda necesita renovarse y por eso necesita que entren nuevos. Nuevo, lo que entra para cambiar.

    —¿No significa también que usted llegó a la política para quedarse?

    —Mi compromiso no terminará nunca. Sí he llegado a la política para quedarme en el sentido de que nunca más volveré a ser un académico puro, si es que alguna vez lo fui.

    —Usted dijo que tiene claro que no va a ganar, la pregunta es ¿para qué competir si no ganará?

    —Me parece que en este caso lo importante de la interna es que alguien, yo, represente el espacio de los que quieren otra cosa. Los que quieren otra cosa porque no les gusta Tabaré Vázquez, no les gusta esto o lo otro, porque preferirían votar a una mujer, porque quieren un intelectual como yo en la política. Esta interna no tiene el incentivo de una competencia cabeza a cabeza, tiene otro incentivo, y es cuánta fuerza podemos conquistar. No es solo que Tabaré sea favorito, sino que los sectores definieron el apoyo a Tabaré. Es una candidatura de los otros.

    —¿De los enojados?

    —Puede ser la candidatura de los enojados. No demostraré enojo en mi campaña.

    —Hay análisis que dicen que su candidatura es una malla de contención, que quien está molesto con el gobierno o con Vázquez vota a Constanza y no se va del Frente Amplio.

    —Lo he escuchado, pero es como que yo no tengo ningún mérito propio. Yo les diría a los enojados, los indignados, a los descontentos, a los disconformes, algo parecido a lo que Lula les dijo a los movimientos que se levantaron en Brasil en los últimos meses. Lula hizo una alocución donde dijo “si no les gustan los políticos que tienen, transfórmense ustedes mismos en políticos”. Entonces, al enojo, la desilusión, habrá que decirle “participen en política, mi movimiento podría llamarse la Casa Grande, venga y métase en política”.

    —Usted quiere incidir en el área programática. Una cosa que siempre ha cuestionado es el gasto en las Fuerzas Armadas.

    —Hay un gran silencio sobre ese tema. Ahí creo que el Frente Amplio debiera recoger en su programa su línea histórica, que es seguir reduciendo el numero de efectivos y seguir reduciendo el gasto en defensa y adaptar las fuerzas armadas a la hipótesis de conflicto y necesidad del país. Me parece racional.

    —¿Por qué la izquierda entonces no avanzó en este tema?

    —Todos los gobiernos que han venido, han evitado comprarse grandes conflictos con las Fuerzas Armadas porque el Uruguay es el resultado de una salida negociada.

    —¿Y eso pervive?

    —Marcó el derrotero de los derechos humanos, todos los años que pasaron hasta que el Frente Amplio llegó. Todos los gobiernos han ido reduciendo el tamaño de las Fuerzas Armadas. Al Frente Amplio le costó más porque puso el diente al tema derechos humanos. Creo que el gobierno no pudo con las dos cosas, le costaba mucho avanzar con las dos cosas al mismo tiempo y trabajó más por la ley de defensa. Pero creo que para el próximo período la reestructura de las Fuerzas Armadas es un asunto pendiente. El sistema de retiros y pensiones militares tiene que ser puesto en la ecuación del sistema de retiro y pensiones del país, donde todos nos jubilamos con el 50% de la tasa de reemplazo y los militares con el 100% de la jubilación a edades muy tempranas. Eso es para momentos excepcionales, en la guerra, pero no en situaciones de paz. Eso está todo pendiente para hacer.

    —Al hablar del tema Fuerzas Armadas, usted ha comparado siempre lo que se gasta en educación...

    —¿Tienen la última Búsqueda? Miremos los cuadros. Defensa Nacional es 1 punto del producto, Relaciones Exteriores el 0,2, Poder Judicial 0,3 y el Parlamento 0,3. Entonces 0,3 más 0,3 más 0,2, da 0,8. Gastamos en el Ministerio de Defensa más de lo que gastamos en todo el Poder Judicial, en toda la Cancillería y el Parlamento. Si a alguien le parece racional eso... Un país con el tamaño que tiene precisa mucha diplomacia, mucha democracia, pero no precisa muchas Fuerzas Armadas.

    —¿Y en educación qué plantea?

    —Una de las cosas que tiene que reforzar el próximo presupuesto es Secundaria. No es solo pagarles mejor a los profesores y tener mejores condiciones edilicias. Hay que hacer una inversión masiva en Secundaria. Iría a escuelas de tiempo completo por las madres como parte del sistema de cuidados. Las madres no pueden trabajar ocho horas y los hijos ir cuatro a la escuela. Eso sale un punto del producto. Aumentar el horario de permanencia que supone recursos humanos. Proponerte una meta racional de abatir la deserción en tercer año, que hoy está en 35%. Ahí hay que tener una estrategia no solo para los más pobres sino clase media-baja. Y después precisás más inversión científico-técnica.

    —En la educación ha habido varios cambios de jerarcas y se reclama más ejecutividad.

    —Durante estos 20 años hubo poder político sobre la educación, no veo de dónde viene que el ejecutivismo político puede resolver mejor la educación que darle poder a los que trabajan todo el tiempo con la educación: los maestros, los profesores, las familias. Los gremios pueden tener poder de veto, pero no lo han ejercido.

    —Hay pintadas que dicen “Constanza Presidenta, 6% a la educación”.

    —No es una consigna mía. No he pensado si debe ser el 6 o el 5. Tenés que priorizar varias cosas, tu agenda de investigación, tiempo completo.

    —¿Cómo ve el rumbo de la política económica?

    —Tuviste un primer gobierno donde necesitaban salir de la crisis, capturar inversión externa, dinamizar la economía. Exoneraciones a las inversiones que están muy bien para ese período. Hoy por hoy todo lo que es inversión externa directa tenés que ponerlo en una ecuación país distinta, y estás en condiciones de elegir y poner algunas condiciones. Luego hay muchos documentos sobre cambios en la política tributaria. Esa discusión quedó por el camino y me parece que hay que retomarla. Después está el poder del Ministerio de Economía en relación al resto del gobierno. Cualquier poder debe ser contrapesado.

    —¿Es partidaria de eliminar las AFAP?

    —No hay condiciones.

    —¿Hay que ir hacia eso?

    —No lo sé. Está bien dar opciones. Es lo que hizo el Uruguay gradualista.

    —Un tercio del congreso comunista la quería de candidata. ¿Qué le diría a ellos?

    —(Piensa durante 19 segundos) Se gana o se pierde, pero lo que esta candidatura trata de hacer es crear una corriente de opinión en todo el Frente Amplio. Esa corriente de opinión tiene que cobrar fuerza en sus temas, en sus preferencias y para que tenga fuerza tiene que estar representada en los sectores. Si hay algo que puedan defender de esto de las Fuerzas Armadas, estaría bien, si hay algo que puedan defender sobre la educación, háganlo. La candidatura tiene que servir para eso.

    Bolivia, Venezuela, Ecuador y el Che Guevara

    —Usted planteó como un ejemplo lo que pasó en Ecuador, Bolivia, Venezuela. ¿Por qué?

    —Lo que digo es que en países como Ecuador o Bolivia, el capitalismo no le dio respuesta mínima a las necesidades de las grandes mayorías nacionales: carretera, electricidad, agua potable, vivienda. Me parece que Bolivia lo que hizo fue un cambio en el sistema capitalista, hizo un cambio en el derecho positivo, refundó el país. Yo no miro con añoranza, porque no creo que esa sea la solución para el Uruguay, como por ejemplo tener una justicia comunitaria. Al contrario, tenemos que seguir por el camino del derecho positivo para mejorarlo cada vez más. Lo que dije respecto de esos países fue que el giro a la izquierda cambió la cosa. Los bolivianos dicen que se están descolonizando. Allí hubo un cambio radical, en Bolivia, en Ecuador y en Venezuela. ¿Su pregunta es si le aconsejo eso a Uruguay? Parezco el Che Guevara cuando decía “miren uruguayos...” (se refiere al discurso en la Universidad de la República donde llamó a los uruguayos a “cuidar” la democracia y evitar la lucha armada). El Uruguay tiene su estrategia, tiene un sistema de partidos que funciona, el sistema de partidos es amortiguador. Ahora, eso no quiere decir que no hagas una gran reforma de salud, de educación.

    —Pero hay pintadas que hablan de “giro a la izquierda” con su candidatura.

    —Decir giro a la izquierda suena raro. En ciencia política la usamos para describir el pasaje del predominio de regímenes políticos de gobiernos conservadores a uno de izquierda. ¿Qué quiere decir dentro de la izquierda? Creo entender que lo que ellos dicen es que en un tercer período de gobierno podés profundizar algunos cambios que te definen como izquierda. ¿Qué interpreto yo por profundizar los cambios? Tenés tres o cuatro ecuaciones de justicia que deberías poner sobre la mesa: justicia capital-trabajo, la justicia género, la justicia generacional, y la justicia regional.