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Una vez al año, los ministros de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) visitan todas las cárceles del país. La recorrida se divide en dos: dedican una semana a visitar las prisiones del interior y otra semana para las de Montevideo, que están mucho más pobladas. Se trata de algo más que una visita. En esa instancia los presos que reúnen ciertos requisitos tienen la posibilidad de pedir a los ministros la libertad. Se sientan frente a ellos y su abogado defensor debe exponer, en unos breves minutos, por qué el prisionero merece la excarcelación. Las chances de conseguir la libertad por “gracia” de la Corte son pocas. Y, de hecho, con el paso de los años son cada vez menos.
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De acuerdo a las estadísticas del Poder Judicial, el número de libertades solicitadas mediante este instituto ha caído de forma sostenida desde 2014. También se redujo el porcentaje de prisioneros que obtienen la gracia, ya que los ministros han endurecido los criterios. En 2017 se concedieron unas 160 libertades y en 2018 fueron en el entorno de 126. Aunque los datos sobre la visita a las cárceles del interior realizada este mes aún no están cerrados, fuentes de la Corte confirmaron a Búsqueda que la cantidad de libertades concedidas siguió descendiendo.
El bajo número de libertades, sumado a la cantidad de horas que dedican los ministros a recorrer todos los departamentos del país, ha llevado a que la Corte se replantee la utilidad de realizar las visitas de forma presencial. Según dijeron a Búsqueda fuentes de la corporación, los ministros evalúan implementar un sistema de videoconferencia para entrevistar a los reclusos. “Es un desgaste físico, de tiempo y de gastos extras que no se justifica”, dijo una fuente.
Aunque aún la Corte no tomó una decisión formal, la intención es que, si las cuestiones técnicas pueden ajustarse debidamente, el nuevo sistema se implemente este mismo año, en las próximas visitas que se realizarán en las cárceles de Montevideo en octubre.
“Las conversaciones están avanzadas y, en principio, hay acuerdo entre los ministros, aunque restan los detalles técnicos”, indicó una fuente. Para la corporación es importante asegurarse de que no habrá dificultades de audio o video en la comunicación, ya que entienden que la instancia de diálogo con el recluso y su abogado defensor es fundamental para tomar la decisión.
Si se concretan los planes de la Corte, cuando llegue el momento de realizar las visitas, un equipo informático del Poder Judicial se trasladará a los centros de reclusión para hacer las instalaciones necesarias. Los ministros establecerán la comunicación desde una oficina prevista para ello, que podrá ser en el propio edificio de la Corte.
“Clemencia soberana”
Durante la visita anual de cárceles los ministros conceden a los reclusos la libertad por “gracia”. De acuerdo a la legislación, es “un instituto de clemencia soberana”. En la actualidad, hay quiénes entienden que es algo anacrónico y hasta que tiene visos “monárquicos”, como una suerte de “perdón divino” que puede conceder la máxima autoridad del Poder Judicial.
Con el nuevo Código del Proceso Penal (CPP), que aumentó la cantidad de jueces de Ejecución y Vigilancia —que se encargan de monitorear el cumplimiento de las condenas— y les asignó un rol más activo en el control de las instalaciones carcelarias, la idea de que las visitas de la Corte son innecesarias tomó más fuerza. Además, se actualizaron los institutos que permiten salidas anticipadas y en general los reclusos tienen otros mecanismos para solicitarlas.
El bajo número de libertades, sumado a la cantidad de horas que dedican los ministros a recorrer todos los departamentos del país, ha llevado a que la Corte se replantee la utilidad de realizar las visitas de forma presencial.
“Pienso que hay que reexaminar si tiene sentido mantener ese instituto, a la luz de la evolución de la legislación. Preguntarse si tiene alguna utilidad, si contribuye a un descenso de los delitos o a la rehabilitación de las personas”, dijo a Búsqueda el exministro de la Suprema Corte de Justicia Leslie Van Rompaey. “Un instituto de ‘clemencia soberana’ es obsoleto, inadecuado para las actuales circunstancias”, opinó. “Uno no tiene que actuar con clemencia, sino aplicar la ley”, agregó.
Van Rompaey señaló que a principios de la década del 2000 la Corte aprobó una acordada para acotar el número de presos que podían “desfilar” durante las visitas. Hasta ese momento, todos podían pedir la libertad por gracia, lo que insumía semanas o meses de trabajo. Tras la acordada, se ajustaron los requisitos y los que cometieron determinados delitos graves o cumplieron tiempos de reclusión muy breves quedaron excluidos de la instancia.
Otro de los cambios que se hicieron para alivianar las cargas de trabajo fue separar a los ministros en dos grupos —el presidente de la Corte no participa— y dividir al país en dos. De este modo, en lugar de que los cuatro ministros recorran todas las cárceles, como ocurría al inicio, cada grupo visita la mitad.
El presidente de la Asociación de Magistrados y ministro del Tribunal de Apelaciones en lo Penal, Alberto Reyes, también opinó que se trata de una modalidad “antigua”.
“Es un instituto que nace con el sistema inquisitivo, y si bien antes podía tener cierta lógica, con el nuevo no tiene mucho que ver”, afirmó. “La visita también tiene el sentido de que la Corte toma contacto con la realidad de la cárcel. Pero esa función hoy la cumplen los jueces de Ejecución y Vigilancia”, añadió.
Reyes señaló además el enorme trabajo que implica para los juzgados penales preparar las visitas. “Hay que relevar todos los que reúnen las condiciones para presentarse, preparar los resúmenes de cada expediente… Es muy trabajoso, para que al final se concedan unas pocas libertades”, razonó.
Aunque aún la Corte no tomó una decisión formal, la intención es que, si las cuestiones técnicas pueden ajustarse debidamente, el nuevo sistema se implemente este mismo año, en las próximas visitas que se realizarán en las cárceles de Montevideo en octubre.
Pasar a un sistema de videoconferencia, dijo, no alivianaría las cargas de trabajo de las sedes penales. “Capaz que es el momento de evaluar la vigencia o el anacronismo de ese instituto”, planteó.
El abogado Santiago Pereira Campos, especialista en Derecho Procesal, destacó en cambio la “importancia” de que los ministros tengan, durante la visita de cárceles, “un contacto directo y en el lugar” con los detenidos. “La presencia de la Corte, la jerarquía máxima del Poder Judicial, en la cárcel tiene un valor institucional”, afirmó. “Más con las situaciones degradantes que lamentablemente se viven en muchas de nuestras cárceles”, añadió.
“Puede ser útil y válido sustituir las visitas por entrevistas a la distancia. Y quizás se puede articular con el trabajo de los jueces de Ejecución de manera que estos se ocupen del control estricto de la situación carcelaria y los ministros estén más concentrados en la gracia”, evaluó. “Pero institucionalmente no es lo mismo”.