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    Cuando el pasado acusa

    “Al filo de la mentira”, de John Madden

    El mecanismo de este thriller de espionaje es contar la historia en dos tiempos para marcar la poca novedosa conclusión de que los errores cometidos en el pasado siguen persiguiendo a sus autores hasta el presente más allá del velo de ocultamiento con que hayan intentado borrarlos, los fines patrióticos que los motivaron ni la conjura secreta para que la mentira nunca fuera descubierta.

    Hay un paralelismo en dos llegadas triunfales a Tel Aviv. En la primera, ubicada en 1997, Rachel Singer (Helen Mirren) vuelve luego de varios años a pisar tierra israelí porque su hija Sarah (Romi Aboulafia) ha escrito un libro donde relata la hazaña que un comando del Mossad realizó en 1965. Durante un operativo secreto, su madre Rachel y otros dos agentes capturaron en Berlín Oriental al médico nazi Dieter Vogel (Jesper Christensen), conocido como “el carnicero de Birkenau”, con la misión de llevarlo a Israel para juzgarlo. Pero la operación se complicó, el criminal intentó escapar y Rachel lo ultimó de un balazo, no sin antes sufrir una fea cortada en el rostro que le ha dejado una visible cicatriz hasta ahora.

    Uno de los comandos, Stephan Gold (Tom Wilkinson), que ha estado casado con Rachel, está ahora confinado en una silla de ruedas y presencia el acto donde su hija y su ex esposa son homenajeadas por la concurrencia. El otro comando, David Peretz (Ciarán Hinds), no está muy feliz con ese evento y se nota que ha habido una tormentosa relación entre los tres. Pero todo ello sirve para que Rachel rememore su previa llegada a Tel Aviv en 1965, aclamada por todo un pueblo, con una herida reciente en la cara (ahora es la joven Jessica Chastain) y en compañía de Stephan (Marton Csokas) y David (Sam Worthington). Ahí recién comienza la verdadera historia de aquel secuestro de treinta años atrás, solamente conocida por esas tres personas que la vivieron y la padecieron.

    Hay que decir algo a favor (o tal vez en contra, según como se mire) de la elección del reparto. Poner a gente joven maquillada para envejecerla 32 años les hubiese quitado fuerza a los actores. Hacer, en cambio, que tres estrellas veteranas compongan a los personajes en la actualidad (bueno, en 1997) es mejor, aunque es un riesgo que no se parezcan físicamente a los otros (de hecho, no se asemejan en nada) y confundan al público. Todos saben quién es Helen Mirren, pero entre los otros dos, ¿cuál es cuál? Toma varios minutos ubicarse, pese a que finalmente se logra. Además, todos actúan muy bien, lo que hace más fácil aceptar el asunto.

    En suma, Al filo de la mentira (que es en realidad la remake de una película israelí de 2007, “Ha-Hov”, de Assaf Bernstein, conocida fugazmente en Cinemateca como “La deuda” en 2009), es un buen thriller de espionaje dirigido por John Madden (“Shakespeare apasionado”, “La prueba”) al estilo de John Le Carré y Len Deighton, o sea enfocado en aquellos recordados años de la Guerra Fría, con ambientación sombría y personajes nada heroicos, llenos de dudas e inseguridades, propensos a cometer equivocaciones y a tratar de subsanarlas de la peor manera.

    Por ejemplo, Rachel es una novata en su primera misión. Enfrentarse a un peligroso enemigo que ahora se ha cambiado de nombre y ejerce como ginecólogo en Berlín Oriental es, entonces, un desafío mayor. La repulsión y el miedo se le notan cuando concurre a una consulta médica para tantear el terreno. El tipo parece un amable señor, muy solícito y profesional, que jamás delata al monstruo que experimentaba con la piel humana.

    Las mejores escenas son las del secuestro y la posterior huida en la estación del ferrocarril y toda la parte central del filme, con los protagonistas y su prisionero encerrados en un asfixiante apartamento donde esperan órdenes para que alguien los ayude a salir de la Alemania comunista.

    Los otros dos camaradas no parecen, tampoco, muy expertos. Su juventud conspira contra una actitud que debería ser más cerebral y calculadora. Los encantos de Rachel seducen a ambos y el encierro propicia ciertas expansiones que distraen la atención sobre el objeto principal. Pero todo ese fragmento, donde cada uno revela su intimidad y la convivencia forzada se hace a veces insoportable, es una muestra de cine de calidad, con las justas dosis de tensión, suspenso e inquietud que las mejores películas de espionaje en serio (no las aventuras plagadas de corridas, balaceras y puñetazos que no dejan huella) utilizan para retratar un mundo presumiblemente real y hostil.

    De todos modos, algo sale mal en esa misión. Tan mal que más de treinta años después sigue cargando de culpas a los protagonistas, a pesar de los halagos, las medallas y los libros donde se recuerda su hazaña. Desde Ucrania llega una noticia inquietante y esos veteranos retirados tendrán que saldar cuentas con el pasado o sufrir las consecuencias agraviantes de la mentira que tan cuidadosamente mantuvieron, aunque ello les haya costado vivir a medias, esperando siempre el momento de enfrentarse a lo que no quieren recordar pero que no ha dejado de estar presente ni un solo momento de sus vidas. Esa horrible marca en el rostro de Rachel, que cualquier espejo siempre le devuelve, es el mejor símbolo de que algo no se ha cerrado definitivamente.

    Se podría decir que ese corolario de la historia es el menos logrado, porque implica un tour de force más desesperado que reivindicativo. Pero está sostenido por la fuerza de Helen Mirren, una ganadora del Oscar, del Emmy y del Globo de Oro que tiene menos minutos en pantalla que Jessica Chastain (la excelente actriz de “Historias cruzadas”, por la que estuvo nominada al Oscar), aunque son suficientes. Todo el elenco es de primera (Madden es especialista en extraer lo mejor de sus actores), la dirección se atiene solo a lo que importa y el montaje y la fotografía funcionan muy bien.

    Si se puede conjugar el estilo de un thriller de espionaje entretenido y a la vez amargo, la película cumple con los dos elementos y deja flotando otras conclusiones inevitables que cada espectador sabrá calibrar según su particular criterio.

    “Al filo de la mentira” (“The Debt”). EEUU, 2010. Dirigida por John Madden. Escrita por Matthew Vaughn, Jane Goldman y Peter Strongman sobre un libreto previo de Assaf Bernstein e Ido Rosenblum. Duración: 113 minutos.