Nº 2248 - 25 al 31 de Octubre de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa compra de tres frigoríficos por parte de Minerva Foods a Grupo Marfrig debe ser rechazada, es muy mala para el futuro de la ganadería del Uruguay.
Hay un valor que debemos preservar, que es la competencia por la materia prima (ganado gordo) que producimos en el sector primario, que asegura que la distribución de valor en la cadena sea pareja y permita el fortalecimiento de todos sus eslabones. Esto determina que en el sector primario se lleven adelante las inversiones, las actividades y las decisiones para producir los animales con la certeza de que se van a lograr los mayores precios posibles, de acuerdo a las señales de precio y condiciones que el mercado internacional permita.
La producción de ganado gordo en Uruguay es cíclica, siempre se da de esa manera, tiene que ver con los propios ciclos de producción y la interacción con el clima. Hay momentos de gran oferta de ganado gordo a los frigoríficos, que supera su capacidad o voluntad de faena, y momentos en que la oferta baja a niveles menores a la capacidad o voluntad de faena de los frigoríficos. Estos ciclos tienen extensiones variables, a veces duran algunos meses, y en general acompasan la producción de pasturas –que son muy fluctuantes en este país–, e interactúan con los ciclos agrícolas y con los encierros a corral.
La industria frigorífica demostró tener una gran capacidad de anticipación a estos ciclos, y normalmente envía señales de precios en función de estas fluctuaciones.
También es cierto que cuando la demanda internacional es muy fuerte, la industria trabaja a toda capacidad y traslada las señales de precio independientemente de estas variaciones, ya que en términos absolutos una demanda internacional fuerte supera ampliamente cualquier oscilación de oferta de ganado a escala local.
En el caso de que este negocio se concrete, Minerva contará con siete plantas distribuidas en todo el país, con un 43% de la capacidad instalada del total de la faena.
Cuando se den los momentos de alta oferta de ganado, probablemente puedan pasar precios mucho más bajos que los que se podrían pagar en un mercado con más competencia. Y cuando la oferta se retraiga, posiblemente bajen las faenas y la demanda –se realicen menos faenas por semana y se cierren frigoríficos por licencias, entre otras medidas–, con lo cual difícilmente el ganado alcance precios elevados.
Se debe considerar también que, de concretarse la operación, va a quedar una empresa grande y varias chicas, con menos del 10% de la capacidad instalada cada una. Esto determinará que la grande marque la impronta de los precios y las chicas sigan esos lineamientos. Por lo tanto, cuando la oferta de ganado sea voluminosa, no tendrán necesidad de pasar precios altos, y cuando la oferta sea escasa, difícilmente tengan la necesidad de pagar grandes sobreprecios.
En definitiva, si se aprueba el negocio, la ganadería pasaría a tener un sistema de precios con momentos de cotizaciones altas más breves, además de picos de precios menores, seguidos por bajas de precios a niveles inferiores a los pisos de precios actuales. Estas hipótesis siempre son razonadas en términos relativos al precio internacional de la carne y no en términos de valor absoluto. Por lo tanto, la porción del valor generado en la cadena que llegará al sector primario será menor que en el sistema actual.
Siguiendo con esta línea de razonamiento, se provocará un ambiente para que la ganadería se estanque. En Uruguay se producen por inercia al menos 2 millones de cabezas de ganado gordo por año, algo que se mantendrá por muchos años, dada la propia estructura del rodeo actual.
Tendremos una industria frigorífica que estará mucho más enfocada en lograr la rentabilidad a partir de la compra de ganados baratos que en la venta de la carne a un mayor precio. Esto sería bastante lógico, entre otras cosas porque es una estrategia más sencilla y económica en el escenario planteado.
La tierra tiene un precio alto, tanto en el mercado de compraventa como en el de arrendamientos, y todo indica que no bajará. En este contexto competitivo, los rubros más rentables ganan terreno, y los de bajo margen se estancan o retroceden. La ganadería debe ser una cadena pujante y que apueste al crecimiento. Para ello es fundamental una industria que busque nichos de mercado por la carne, traslade buenos precios a los productores y compita por los ganados.
Cabe recordar que la exportación de ganado en pie para faena no está permitida. Cuando un animal está pronto para faena, no se lo puede enviar a una cuarentena para luego subirlo a un barco, ni se lo puede cargar en un camión para ser transportado por más de 1.000 kilómetros. El producto queda cautivo de la industria local. La exportación en pie es efectiva para sostener precios de ganados en fases anteriores del proceso productivo.
Debemos insistir en conservar la máxima competencia en el mercado por los ganados gordos, y por una industria que logre la máxima valorización de la carne en los mercados internacionales.
Por último, es importante recordar que los indicadores de competencia IHH y de posición dominante del mercado se calculan con promedios anuales, pero no detectan movimientos de menor escala temporal, que realmente determinan la salud del sistema de transmisión de precios.
A su vez, los límites en dichos parámetros fueron determinados en economías de gran escala, por lo que en un mercado relativamente chico, como este caso, seguramente los límites a considerar sean más bajos, para asegurar el correcto funcionamiento del mercado.
* El autor es productor agropecuario y asesor, ingeniero agrónomo (MAA) director de INIA y secretario de la Federación Rural.