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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la edición de Búsqueda del 28/01/21 se publicaron dos cartas que directa o indirectamente refieren a temas abordados por mí en mi misiva publicada el 14/01/21.
Mi estimada colega, la Dra. Alejandra Sosa, se explaya muy bien y en forma muy docente sobre la sedación paliativa (SP), definiéndola en el marco de los Cuidados Paliativos (CP). Reitero que estoy completamente a favor, tanto de los CP como de la SP cuando corresponda. Pero en mi carta yo también decía que la SP utiliza fármacos (y ahora ejemplifico con dos muy utilizados como el Midazolam y el Haloperidol) que provocan en mayor o menor grado inmunosupresión. Un paciente que está luchando contra una enfermedad necesita de su sistema inmune en las mejores condiciones posibles. Por lo tanto, al contrario de lo que se afirma, la SP no es neutra en cuanto a la evolución vital del paciente.
El Sr. Diego Velasco me cita expresamente, argumenta y defiende con énfasis la tesis de que el derecho a la vida es irrenunciable. Sobre si es irrenunciable o no hay argumentaciones a favor y en contra a partir de lo que dicen diversas concepciones filosóficas, morales, religiosas, así como declaraciones de derechos, constituciones y leyes. Más allá de ellas la renuncia al derecho a la vida existe, se ejerce y es una realidad. Si así no fuera entonces, toda aquella persona que se niega con anterioridad (plasmado en la ley de voluntad anticipada) o se niega en el momento a recibir un tratamiento necesario para prolongar su vida debería ser obligada a aceptarlo.
Todo aquel que, en el pleno uso de sus facultades, no desea ser reanimado, trasladado a un CTI, intervenido con una operación, tratado con radioterapia o medicación de cualquier tipo pese a que su vida depende de ello debería ser forzado a recibir lo que rechaza. Su firma por la negativa en la historia clínica no debería tener validez. Es más, el médico involucrado y los allegados, frente a la imposibilidad de realizar el tratamiento por la voluntad manifiesta del paciente, deberían hacer la denuncia, proceder igualmente con el tratamiento y ayudarse hasta con la fuerza pública si fuera del caso. Es de toda evidencia que eso no sucede. Ni sucederá. Yo respeto a quien está convencido de que el derecho a morir no existe. Le pido que actúe en consecuencia en toda circunstancia.
Por último, no puedo dejar de lamentar la insistencia en la referencia efectista y totalmente fuera de lugar que hace sobre los crímenes nazis cuando yo, en mi carta, había dejado clara y demostradamente establecido que la eutanasia y el suicidio asistido, tal como se plantean en intención y forma en el proyecto de ley a estudio parlamentario, eran absolutamente incomparables con ellos y que la insistencia en la asociación constituiría terrorismo verbal.
Dr. Pedro Kasdorf
CI 1.135.902-8