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    Cultivos de invierno “trancados” por lluvias y humedad

    La siembra de cultivos de invierno, trigo y cebada viene “trancada” debido a las lluvias registradas en mayo y a la humedad de la tierra. Productores y contratistas consultados por Campo sostuvieron que el área sembrada será similar a la del año pasado para el caso del trigo. A la vez, surgen nuevos negocios para la cebada y se espera una producción mayor que en la zafra anterior. 

    Las lluvias del mes anterior impidieron que se cosecharan los cultivos de segunda, en especial de soja. Una vez que se recoge al labranza, además, se tiene que esperar un tiempo para volver a plantar, el cual puede ser superior a un mes en el caso de esa oleaginosa y de hasta ochenta días para otros cultivos, dependiendo del tipo de suelo. Por esa razón, explicaron distintos productores, se demoró en avanzar con las siembras de invierno.

    “Esto va a repercutir indirectamente en que haya fusarium o no haya fusarium, según las condiciones climáticas”,dijo a Campo el asesor de la Cámara Uruguaya de Semillas, Andrés Arotxarena, en referencia al hongo que afecta los cultivos. “Si usted se atrasa, el ciclo del cultivo se extiende un poco más y puede coincidir con la primavera, cuando el fusarium ataca las plantaciones. Si esto sucede puede haber una pérdida muy grande en los rendimientos”, advirtió el especialista.

    Además, agregó que las lluvias también pueden perjudicar las siembras de trigo y cebada.

    Los productores han mostrado su preocupación por El Niño, un fenómeno climático que genera lluvias excesivas en primavera y verano y que no puede ser evitado. 

    “La gente viene tomando decisiones muy sobre la marcha, a medida que se van liberando chacras”, evaluó el especialista en granos de Zambrano & Cía., Alberto Cruces. “La cosa se complicó cuando empezó a llover” y como los “valores de los granos tampoco son una maravilla”, el productor duda “si sembrar o hacer un puente verde corto y hacer temprano algo de verano”, comentó el asesor, en diálogo con Campo.

    “Precisaríamos dos semanas sin lluvia para que la gente que ya decidió plantar pueda seguir”, proyectó el especialista. Y dijo que como parte de la cosecha se hizo “con humedad”, el tiempo de espera para poder volver a plantar es mayor que el requerido en condiciones normales. “Los tractores, las cosechadoras, los camiones que pisan sobre suelo húmedo, hacen que el terreno no quede apto para ser sembrado. Usted tiene que hacer algún manejo especial, una rastra, por ejemplo, y eso implica un gasto adicional”, apuntó Cruces. “Ahí hay que ver de nuevo los números”, dijo, y señaló que, además de las lluvias, la “humedad atmosférica” también contribuyó a la dificultad para cosechar. “No es fácil levantar lo que queda ni hacer siembras correctas”, lamentó.

    El presidente de la Cámara Uruguaya de Servicios Agropecuarios, Juan Maisterra, coincidió en que la siembra está “bastante trancada”. “Los ciclos largos están prácticamente plantados, pero falta todo lo que es de intermedio a corto y va todo muy lento”, indicó el empresario. 

    “Llovió de nuevo el fin de semana pasado y está todo empapado, todo parado”, informó Maisterra. 

    Dijo que todavía es demasiado pronto para hablar de números precisos; adelantó que el área sembrada será “similar” a la del año pasado para el caso del trigo y “algo mejor” para la cebada. 

    Para tener una idea de las proyecciones de siembra de trigo y cebada entre los productores, Campo consultó a una de las mayores empresas agrícolas de Uruguay, que es Union Agriculture Group (UAG). Este año, esa firma plantará unas 12.600 hectáreas de trigo, mientras que la superficie de cebada es apenas marginal, dijo su director, Romualdo Varela.

    Varela comentó que la idea es realizar varios cultivos de cobertura, principalmente con avena negra, en unas 36.000 hectáreas. Esos campos luego serán destinados a la próxima siembra de cultivos de verano.  

    La producción de trigo en el período 2012/2013 fue de 1,13 millones de toneladas y estuvo caracterizada por una pobre calidad. El rendimiento, en tanto, fue el más bajo de la última década y se situó en 2.200 kilogramos por hectárea, según evaluó la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, en su anuario del año pasado. Según Opypa, el área de trigo cosechada fue de 515.000 hectáreas, lo que implicó un descenso de 34% respecto a las 783 hectáreas sembradas en 2011.

    Para el caso del desempeño de la cebada durante la zafra pasada, Opypa estimó que la producción fue de 420.000 toneladas, con una productividad de 1.900 kilogramos por hectárea.

    El “ánimo” de los productores mejoró en las últimas semanas, evaluó el productor y contratista Greogorio Iraola en diálogo con Campo. “El trigo ha avisado que puede tener un precio aceptable”, agregó el empresario. “Además, me parece que vamos a optar por trigo en vez de canola, si bien en un primer momento íbamos a elegir” esta última, añadió.

    Para este año, las posiciones a diciembre para el trigo han girado en torno a U$S 250 la tonelada en la bolsa de Chicago, mientras que en el mercado de Kansas la tonelada se ha ubicado en torno a U$S 280.

    En el caso de la cebada, Iraola comentó que  “hay toda una movida de las cervecerías por conquistar agricultores descreídos, que muchísimos años sembraron con una expectativa y después siempre pasaba algo”, como por ejemplo, mencionó, que la producción no alcanzara determinada calidad y que se les pagara por debajo de sus expectativas. “Eso anda en la cabeza de los productores”, advirtió.

    La mayor parte de la producción de cebada está destinada a satisfacer la demanda de la cadena cervecera nacional, aunque en 2013, y por cuarto año consecutivo,  hubo problemas con la oferta debido al bajo volumen y a la pobre calidad industrial de la cosecha, señaló el anuario de Opypa. 

    Nuevos negocios

    El director de Fadisol, Carlos Foderé, dijo a Campo que para esta zafra existen otras alternativas e informó que la empresa que dirige tiene un plan para exportar cebada forrajera a Medio Oriente. “Esto tiene múltiples beneficios para el productor, porque no debe preocuparse por temas de calidad, lo que no sucede con la cebada cervecera, para la cual se requiere cada vez más”, argumentó Foderé.

    Con este proyecto “hay que apuntar sólo al rendimiento” y eso es favorable para el productor, resaltó. 

    Este es el tercer año consecutivo que la empresa emprende un negocio con estas características, dijo el directivo, y reconoció que “no es fácil llegar a los volúmenes requeridos” para concretar las ventas a Brasil, que giran en torno a las 50.000 toneladas. 

    “Es un negocio nuevo que nunca había sido planteado”, donde la producción, desde la siembra, ya es concebida para destino forrajero. Por eso, el productor puede operar con la referencia de los precios a futuro de Chicago. Foderé propuso esta modalidad de venta como una solución para el sector. 

    “Lo que tiene que quedar claro es que no estamos compitiendo con la cebada cervecera”, subrayó. Y explicó: “Estamos utilizando la mejor genética disponible para que el productor apunte al máximo rendimiento y se saque de encima las problemáticas de calidad, que son cada vez más frecuentes”.

    Por otra parte, la gerente comercial de Calmer, Andrea Caputto, informó a Campo que este año la empresa plantó 6.000 hectáreas de cebada para vender el producto a la industria maltera brasileña.

    “Esto es una prueba piloto”, precisó Caputto, y dijo que la idea de la empresa es extender esta área a 15.000 hectáreas para el año que viene y a 50.000 para 2016.

    En la última zafra, la superficie de cebada cosechada fue de 145.000 hectáreas.

    “Esperemos que este año tengamos buena calidad” y en caso de que no se llegue a los estándares definidos para colocar el producto en Brasil, “se buscará otro destino” para hacerlo, indicó Caputto.