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Nació en Tala, Canelones. Vivió poco tiempo en Montevideo porque no se adaptaba. Muy joven se fue a vivir a Atlántida, donde el embarazo interrumpió brevemente sus estudios musicales. Estudió piano y saxofón hasta que escuchó a una soprano y le asombró cómo podía sacar esa voz sin micrófono. Desde allí hasta hoy fue una recta segura hacia el éxito: el Coro del Sodre, la Escuela Nacional de Arte Lírico (ENAL), donde estudió con Amelia Veiga, también cantó zarzuela con los hermanos Scorza, luego Buenos Aires y por último Europa, adonde llegó hace diez años con los tres mil dólares del segundo premio de un concurso que ganó en Uruguay. Perdió su primer concurso europeo en Andorra, pero ese contratiempo fue en realidad una ganancia porque la soprano rumana Ileana Cotrubas, que estaba en el jurado, le ofreció ser su maestra gratis. Dos o tres veces por año viajaba a tomar clases con ella; le cambió totalmente la técnica y el repertorio que había estudiado en Montevideo. “Menudo lío tenía”, dice María José Siri: “Una técnica en el Coro, otra en la ENAL y ahora la tercera con Cotrubas. Cada maestro con su librito”. Luego vino el reconocimiento en los principales escenarios europeos. Hoy vive en Verona, Italia, con su hija Sofía, de 18 años. En abril de este año hizo una audición en el Teatro Scala de Milán con el maestro Ricardo Chailly postulándose para el papel protagónico de Cio Cio San en la ópera Madame Butterfly, de Giacomo Puccini. Allí cantó todo el repertorio de Puccini que ha estudiado. Al día siguiente le dijeron por teléfono que la habían aceptado y que abría la temporada este año, el 7 de diciembre. Pensó que era una broma. Desde el camerino de la Scala y luego de un ensayo, María José atendió amablemente el llamado de Búsqueda.
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—Porque mi audición fue el 1º de abril, que es un día casi universal de bromas (Pesce d’aprile), similar al Día de los Inocentes del 28 de diciembre. Y el día 2, cuando me llamaron, pensé que era un coletazo bromista del día anterior. Además, fíjese que me dijeron: “Vas a cantar Butterfly en diciembre”, Y yo pregunté “¿de qué año?”, porque en estos teatros las temporadas se programan con mucha anticipación. Cuando me dijeron que era este mismo año, más aún pensé que era una broma.
—¿Por qué cree que se tomó la decisión tan tarde?
—No lo sé; presumo que el maestro Chailly no estaba encontrando lo que quería. Pero esto es una presunción, no una certeza.
—¿Cuántas y quiénes fueron sus competidoras?
—No tengo idea ni de cantidad ni de nombres. Cada audición es individual y no se sabe quién estuvo antes ni quién viene después.
—Usted ya había actuado en la Scala…
—Sí, en 2009 canté Aída bajo la dirección de Barenboim. Pero es la primera vez que me toca abrir una temporada y será la primera vez que canto Madama Butterfly. El teatro y el maestro Chailly han demostrado una enorme confianza en mí al darme el papel sabiendo que nunca lo hice antes.
—¿Alguna particularidad de la puesta?
—La Scala resolvió hacer todos los Puccini originales. Puccini corregía mucho sus obras. De Butterfly hizo cinco versiones. Yo voy a cantar la primera, que es la que se hizo en 1902, cuando su estreno, y en 114 años nunca más se volvió a hacer. En esa versión, Puccini había dado más partes cantadas a la protagonista, con lo que esta adquiere un carácter dramático mucho más fuerte que en la versión estándar, que fue la quinta y última y es la más conocida.
—¿Cómo es la química con el director musical Ricardo Chailly?
—Excelente, pero además es un privilegio trabajar con él porque es uno de los mejores directores de Puccini que hay en el momento.
—¿Qué nos puede contar sobre Madame Butterfly?
—Es la historia desgarradora de un amor no correspondido. Cio Cio San tiene un gran amor en Pinkerton y en el hijo de ambos. Pero Pinkerton la abandona y tres años después vuelve a Nagasaki para llevarse al hijo a EEUU. Cio Cio San se siente totalmente deshonrada por el abandono del hombre y por el robo del hijo. En su cultura se considera que el deshonor se hereda y entonces, para evitar que ese deshonor pase a su hijo, ella se suicida.
—¿Siente alguna empatía con un personaje tan radical y con otra matriz cultural?
—Sí, mucha empatía. Yo me he abierto un camino muy lindo en mi vida y está claro que no terminaré como Cio Cio San, pero veo en su historia la repetición exacta de algunos pasajes de mi vida: también me enamoré muchísimo cuando tenía 15 años, sufrí de amor y fui madre muy joven.