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Es extraño que luego de 100 años de música popular grabada y casi 60 de rock and roll aún estuviera vacante en la nomenclatura mainstream la palabra new (afortunados los angloparlantes que tienen la igualdad de género resuelta, lo que habilita la multiplicidad de lecturas). Estaba delante de nuestras narices, pero tenía que venir el gran maestro de la sencillez y el sentido común para acuñarla. Ergo, el nuevo disco de Macca es una expresión redundante.
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En su álbum solista número 16, grabado en los altos de su última gira y editado por Hear Music —sello de la cafetería global Starbucks—, el genio de Liverpool usó cuatro productores: Giles Martin y Ethan Johns conocen el sonido beatle desde la cuna, pues son hijos de George Martin y Glyn Johns, dos de los principales colaboradores de los Fab Four. Martin, responsable de “Love”, el reciclaje beatlero para el Cirque du Soleil, produjo temas disímiles como la balada acústica autobiográfica “On My Way to Work”, la setentera “I Can Bet” y la hipercontemporánea “Appreciate”. Johns estuvo tras las perillas en “Early Days”, relato en el que se trasluce nítido el perfil de Lennon.
Mark Ronson, Dj de su casamiento con Nancy Shevell —principal inspiradora de esta novedad— trabajó en la melancólica y sombría “Alligator” y “New”, por lejos la más beatle, no en vano mascarón de proa que puso al disco entre los más vendidos del hemisferio Norte. “Save Us”, rotundo himno pop que se adhiere al tímpano de una, y laenvolvente y metafórica “Queenie Eye”, son los aportes de Paul Epworth, quien partió de improvisaciones de McCartney al piano.
El riesgo era engendrar una criatura esquizoide de cuatro cabezas pero las doce canciones (quince para la edición de colección) logran una notable cohesión, con el común denominador centrado en la frescura del sonido y las ideas musicales. Esa es la principal virtud que percibe el oído: lo logró de nuevo.
En “I Can Bet” está la frescura de las guitarras aceradas que fascinó en “Mrs. Vandebilt” y la estructura cambiante como una road song de “Band on the Run”; en “Turned Out” está esa placentera ecualización de batería que hace volver a “Flaming Pie”; en “New” está la belleza luminosa del coro en falsete que deslumbró en “Ram” y “Wild Life” acompañada de la sonoridad netamente británica del clavicordio, aunque sea emulado desde el teclado por el maestro “Wix” Wickens.
En la misma senda virtuosa de “Chaos and Creation in the Backyard” (2005) y “Memory Almost Full” (2007), New sintetiza lo mejor de la obra solista de McCartney y traza nuevas curvas en el camino iniciado hace más de 50 años en aquella caverna.