Ruego a Ud. la publicación de la carta siguiente que escribí a una escribana amiga.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEstimada NN:
Está bien que el lenguaje de nuestro presidente no corresponde a la forma expresiva esperada de un gobernante. Normalmente los patrones de comunicación no se alteran tanto. Aunque el diálogo de Mujica con su pueblo resulte muy a menudo bastante más fecundo que el de muchos mandatarios que “guardan la compostura de tales”, en todo momento este presidente y ya con gran frecuencia, nos complica a quienes hemos bregado por centrar el pensamiento profundo y claro a través de un correcto dominio tanto de “continentes” y “contenidos” de la lengua, como de su sintaxis. Está bien que “las formas” y “las fachadas” van en camino de perderse. Y que a eso sí deberíamos, doctores y profesionales de la lengua, psicólogos sociales y educadores, referirnos porque “contagia” esa pelotudez chabacana que estila para expresarse el presidente que no todos preferimos, pero que tenemos todos.
Todo esto sí que importa porque un presidente, al hablar, educa el lenguaje de niños y jóvenes de su país y, además, de que importa es verdad.
Porque lo expresivo es un valor, como tantos que se encaminan al tobogán. La lengua es un todo compuesto de sonidos bien diferenciados (significantes) que corresponden casi siempre al concepto aludido (significado), estricto o figurado, que el hablante, en su evolución, ha ido señalando y/o recreando y que, más o menos tarde, la Academia registra en sus diccionarios y otras publicaciones, más una curva tonal y un estilo que marcan entornos y/o contextos. Todo ello es una lengua, un idioma...y bastante más.
El Pepe, con ese estilo, gana votos y todos lo sabemos. Larrañaga, aprovechando una ignorancia (y/o malevolencia) de “El País” del domingo, gana votos, también lo sabemos.
Pero, ¿sabes, N.N.? Yo me quedo, si no hubiera más en este mundo, con el hombre de la expresión medio burda y la tonalidad del burlesco-jocoso, antes que con la ignorancia o con la malevolencia.
¿O van a decir “El País”, Larrañaga y todos los que se reúnen prestos para defender a un economista que no pidió ayuda (sino que, por el contrario, dijo que no sólo a un tractor nunca, sino que tampoco a un caballo se había subido y que la verdad no debe ofender a nadie) que hay algo oculto en este estilo de Mujica (cuyos límites propasa feamente el presidente cuando se enoja) cuando si algo hace es, precisamente, hablar a las claras? ¿O para defenderse de qué monstruosidad se reúnen y declaran en estilo melodramático?
¿Van a decir todos que no conocían el significado del verbo infestar? Las trampitas, como las verdades a medias, tienen las patitas cortas.
Pues, N.N., lo único que podían haberle dicho al presi es lo primero (ya que él, mal que les pese, oye a la gente y se interesa auténticamente en la educación). O, asimismo, si querían referirse a sus “egos” profesionales aludidos burda y jocosamente, podían haberle contestado: “Lo que abunda no daña, presidente”.
El periódico “El País”, cuando cambia la letra “S” por una “C” para subtitular su primera plana del domingo 17 de marzo de 2013, con el fin de poner un vocablo que no usó el presidente en su boca, no juega limpio, ni tampoco los periodistas que, corrigiendo el lunes, no indican la fuente de la confusión y, si algo “ganan” es entre los uruguayos ignorantes o muy pacatos. Lo que no aprende la llamada prensa grande es que el uruguayo pertenece a un pueblo culto, civilizado y pensante.
Agradezco al Sr. Director, como tantas veces, el espacio que conceda a esta carta (de la que solo suprimí un par de frases que aludían a un evento compartido con mi corresponsal, cuyo nombre de pila cambié por “N.N.”).
Beatriz Corleto Ambrosoni
CI 1.843.901-5