N° 1830 - 27 de Agosto al 02 de Setiembre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs raro. El Uruguay celebra la declaratoria de la independencia de 1825, pero 190 años después seguimos prefiriendo la dependencia a la independencia. Los uruguayos prefieren depender del Estado a valerse por sí mismos. Sea en la forma de empleos para empleados, subsidios para empresarios, educación para estudiantes, salud para todos o cuidados para ancianos. Casi todos, de una u otra manera, dependen del Estado.
Esta dependencia es nefasta y lleva a un círculo vicioso del cual es casi imposible salir. Y la cosa funciona así: como los ciudadanos piden “protección” al Estado, los políticos (que son los “gerentes” del Estado) prometen en sus campañas que van a dar protección en las formas ya mencionadas. Como no se precisa ser muy lúcido para darse cuenta de que es imposible dar satisfacción a todas esas demandas, más temprano que tarde el sistema cae por su propio peso. Pero durante el trayecto, se fueron generando compromisos, se defendieron posiciones, se abrieron muchas bocas… y ahora nadie las cierra para no contradecirse.
El individuo dependiente es un individuo irresponsable. No asume la responsabilidad de sus acciones equivocadas y le echa la culpa a los demás. Y esto lo confirman las encuestas: el 75% de los uruguayos creen que sus problemas son “por culpa ajena”. Solo un 20% está dispuesto a cargar sus fracasos y revertirlos en éxitos. Son los que, con el tiempo, “tienen más”. Y por eso serán castigados.
¿Es posible salir de esta insana situación? A esta altura del partido, considero que es casi imposible. Es un problema mucho mayor que la falta de un cambio político, de un debate de ideas o de tener el tan mentado (y jamás explicitado) “proyecto país”. La relación de dependencia se ha enquistado en Uruguay, en casi todos los niveles y ámbitos de actuación.
Los jóvenes en Uruguay dependen más de los padres que en casi ningún otro país del mundo: casi un 65% de los uruguayos de hasta 29 años viven con sus padres, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud. Cuando consiguen ganar sus primeros dineros, lo hacen en relación de “dependencia”, no como emprendedores. Y la gran mayoría aspira a ser empleado público.
Muchísimas empresas (y, por ende, sus empresarios) dependen del Estado: subsidios a ciertas bebidas, protección a ciertas industrias, subsidio al boleto urbano, préstamos blandos del BROU, declaraciones de “interés nacional”, contratos de obra pública, beneficios fiscales o canjes de leche por petróleo.
La convocatoria de esta fecha patria nos debería llevar a firmar una “Declaración de Independencia Personal”, donde nos auto impongamos declarar “nulos, írritos, disueltos y sin ningún valor” todos los lazos que nos hagan dependientes del Estado, de un sindicato, de una empresa, de una religión, de un partido político o de cualquier otra persona u organización, y nos declaremos libres de pensar, decir y hacer hasta el límite de nuestras capacidades.
Si damos este primer paso, solo ante nuestra conciencia, luego vendrán los otros: se aprobarán las leyes y las normas de convivencia basadas en el libre mercado; se defenderá en forma irrestricta el derecho de propiedad; habrá menos obstáculos para emprender y buscar (cada uno a su manera) su propia felicidad; y los acuerdos entre ciudadanos estarán basados en el intercambio libre y voluntario de valor por valor y no de valor por necesidad.
El camino es largo. Solo demos este primer paso: ¡declárese libre!