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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace pocos días conocimos las cifras de abortos realizados en nuestro país, a través de la ley de “salud reproductiva”, por medio de la cual el Uruguay se sumó al mayor holocausto de la humanidad, alrededor de 50 millones de abortos por año.
La cantidad acá es de 9.362, todos los años más, como sucede en todos los países que legalizan el aborto, y no como decían las autoridades del Ministerio de Salud Pública de entonces, que disminuirían. Lamentablemente, he visto muy pocas manifestaciones sobre esta triste realidad, algunas muy infelices”. Da la impresión que nuestro pueblo estuviera anestesiado; no ha sido vana la acción de aquellos que contribuyeron a la secularización de nuestro país. Comparemos si no, las reacciones de otros pueblos de América Latina frente a la intención de sus gobiernos de imponerles la ley de salud sexual y reproductiva, que no tiene nada de salud, —pues significa la muerte de un niño y la lesión psicológica de la madre de por vida—, y menos de reproductiva.
Esta ley además establece la necesidad de una educación sexual hedonista, que se está llevando adelante en todos los niveles de nuestra enseñanza, aprovechando la cual difunden la ideología de género. Esta “educación” tiene las siguientes características: se enfoca en el placer (hedonismo) como lo más importante; reduce la sexualidad a la genitalidad; se promueve como un “derecho”; separa la sexualidad del amor conyugal; separa la sexualidad de la procreación; separa la sexualidad de los valores morales (relativismo); viola la autoridad de los padres; promueve la anticoncepción y el aborto; promueve la ideología de género.
Esta educación sexual ha sido un fracaso rotundo en los países que la practican, porque prometía “impedir”: embarazos, infecciones de transmisión sexual y aborto en adolescentes y jóvenes. Y la realidad ha sido: la promiscuidad en adolescentes y jóvenes ha aumentado; los casos de infecciones de transmisión sexual han aumentado; los embarazos fuera del matrimonio han aumentado; los abortos han aumentado.
Pero como si todo esto fuera poco, esta ley de título tan paradójico está siendo impuesta a todo el mundo por los poderosos para reducir la población del mundo. Y se han ganado como aliados a las Naciones Unidas, la Federación Internacional de Planificación de la Familia, tristemente famosa por ser la mayor liga abortista del mundo y haberse comprobado que vende órganos de fetos abortados, y otras organizaciones abortistas.
Es de esperar que tengamos un gobierno que defienda el derecho a la vida de los niños no nacidos y de la familia, que también es tan atacada con esta educación sexual hedonista, y nos defienda de los imperialismos demográficos de esta época.
Justo A. Ongay