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El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáReferido a la nota publicada en la página 39 de Búsqueda del jueves 25 de enero.
La gestión de un teatro siempre requiere colaboración de todos los actores relevantes y los equipos involucrados, compromiso con una visión, con un proyecto y con una estrategia. Stefan Lano nunca fue parte de este equipo porque no compartía la visión, el proyecto ni la estrategia.
Concebir la programación artística de un teatro es el centro de la responsabilidad de quien lo dirige, rol que asumí en el Auditorio Nacional del Sodre entre 2012 y 2016. Un camino que había recorrido antes frente el Teatro Solís y la Sala Zitarrosa y que ahora me desafiaba aún más al tratarse del centro cultural más importante de Uruguay y de carácter nacional.
El diseño artístico y funcional de la programación es el corazón de todas las definiciones de un teatro y es lo que puede generar organización, convalidación social y política, comunicación y marketing, y no a la inversa. A la hora de programar existen constantes tensiones. Se programa todos los días y todo el tiempo. El director la mayor parte del tiempo está optando. Estudiar a fondo cada propuesta artística, hacer una proyección de venta de entradas, de costos e ingresos es uno de los aspectos importantes y mucho más si se trata de gestionar dineros públicos.
No se trataba de una sumatoria de funciones, ni de la distribución de espacios para la participación de los elencos estables, ni la programación de un título o la contratación de artistas sin contralor de presupuesto. Estamos hablando de un teatro público, con un objetivo de gestión, y la programación debe responder a ello. Cumplir el objetivo de gestión y alcanzar los más altos estándares posibles fue nuestro desvelo durante el período en el que estuve en la dirección del Auditorio.
Muchas otras veces me vi obligado a rechazar propuestas de Lano que iban en desmedro de la actividad del BNS, que bajo la dirección de Julio Bocca fue el buque insignia del Auditorio.
Con respecto a sus declaraciones sobre la ópera Tristán e Isolda, acerca de las estimaciones de venta de entradas de un título de ópera y el pensamiento un tanto tendencioso de que se trata de “subestimar al público” digo que es una barbaridad, además de falsas sus declaraciones.
Esa propuesta fue rechazada porque en realidad ocupaba talleres, recursos humanos y presupuestales que no teníamos y que implicaba desplazar al ballet. Lano quería que hiciéramos un título menos del BNS ese año para poner en escena esta ópera, usando el presupuesto y recursos de taller aprobados para el BNS. Estudiamos con seriedad el tema y con respeto le dijimos que no.
En 2012, cuando asumimos la responsabilidad de liderar el proyecto del Auditorio del Sodre, el teatro estaba prácticamente vacío, la institución con una gran herencia cultural y prestigio latinoamericano estaba agonizando y, en pocos años, logramos poner en órbita una de las naves más importantes del Uruguay.
Nos propusimos ser un centro cultural de referencia internacional. Posicionarlo en el cruce entre las artes escénicas y la sociedad y, desde ese lugar, añadir valor a través de la inspiración y el desarrollo de la sensibilidad. Ser motivo de orgullo de la sociedad, promotor de valores y convivencia y constituirse en lugar de referencia como servicio público ético, eficiente e innovador, que basara su gestión en un modelo económico equilibrado.
Así, el Auditorio pasó de ser un edificio que se ponía en funcionamiento solo los días en que había función —poco más de 60 en 2010—, a convertirse en un centro cultural con más de 445 funciones y propuestas en el año, incluyendo sus dos salas, foyers, cafetería y anfiteatro. Más de una propuesta cultural por día, sin contar las actividades permanentes e incluyendo las temporadas de los cuerpos artísticos del Sodre: BNS, Orquesta Sinfónica, Temporada de Ópera, galas Corales, conciertos de la Orquesta Juvenil, espectáculos, compañías, conferencias, recitales, seminarios, y presentaciones de primer nivel, nacionales e internacionales.
Montamos equipos, talleres, técnicos, gestión, diseñamos la estrategia de puesta en marcha, capacitamos a los trabajadores, los rodeamos de apoyo, colaboramos con todos los artistas y elencos en pos de generar una oferta amplia, variada y de alta calidad para la sociedad; y tuvimos la fortuna de contar con Julio Bocca, que de cero a cien, lideró la hazaña cultural más grande de las últimas décadas. Ese fue nuestro buque insignia y, gracias a él, el BNS es hoy es una compañía de referencia mundial. Con Julio y todo el equipo hicimos un esfuerzo titánico para lograrlo, para cumplir con el mandato histórico, para estar a la altura, para mantener y hacer crecer el apoyo social y político de todo el país. Y lo logramos.
Sumando al público del Auditorio, el de las giras por el interior del BNS, la Orquesta Juvenil, la Orquesta Sinfónica y el Coro del Sodre se superaron los 310.000 espectadores en 2015, mi último año completo de gestión. 50.000 de ellos, eran adultos, jóvenes, adolescentes, niñas y niños que nunca habían pisado el Auditorio y fueron incluidos a través de distintos programas de formación de nuevos públicos y de inclusión social. El Sodre volvió a vivir una “edad de oro”; en los años 50 estuvo liderada por la Orquesta y esta vez estuvo liderada por el Ballet de la mano de Julio Bocca.
Hacerlo fue más difícil de lo que nadie pueda imaginar… Hoy a la distancia nos sentimos plenamente orgullosos, es de las cosas más importantes que hicimos en la vida. Y estoy muy agradecido de la oportunidad que se me dio y del apoyo que recibimos.
Claro que cometimos errores y nos quedaron grandes frustraciones, una de las más grandes es el sistema de orquestas sinfónicas sigue trabado. Entre la Orquesta Sinfónica del Sodre, la Filarmónica de Montevideo y la Banda Sinfónica se comparten casi el 90 % de los músicos. Este es el mayor problema de las orquestas. Ha generado una situación de bloqueo, que imposibilita el desarrollo que debe tener, que muchas veces impide a las orquestas cumplir con su misión. Este fue siempre el origen de casi todos los problemas.
Algunas veces tuvimos que hacer producciones de ballet sin músicos en el foso porque no había otro modo. Ninguna de las propuestas de solución del problema logró implementarse… si tan solo se hubiera accedido a iniciar un camino de exclusividad en los concursos de músicos para las orquestas hace un par de décadas, hoy no sería un problema y más músicos tendrían oportunidad de desarrollarse como profesionales y los organismos sinfónicos alcanzarían el brillo y la dimensión que se merecen. Por un motivo u por otro, nunca se llegó a una solución y confieso que esta es una de las mayores frustraciones de los períodos que me tocó estar al frente del Solís y del Auditorio del Sodre. Allí intentamos con toda la energía y muchas veces; con todas las partes; con muchos músicos, muchos políticos desde ediles a ministros, muchos intelectuales, muchos delegados; con todos intentamos juntos alcanzar alguna fórmula de solución aunque fuera en el tiempo y no lo conseguimos.
Volviendo: cada director, cada artista honestamente siente que su propuesta es la mejor del mundo, que su equipo de trabajo es el más importante y es bueno que así sea. Al tiempo los recursos y días de escenario son finitos y hace que muchas veces no se vayan satisfechos con el “ahora no”, “tal vez más adelante”. Más difícil aún es cuando las propuestas son de artistas y directores de los elencos estables, si estas propuestas tensionan o van en una dirección contraria a la visión del teatro que llevamos adelante, las definiciones son más tensas.
Durante el último año de Lano al frente de la Ossodre, la principal exigencia de Julio Bocca fue que la Orquesta estuviera en el foso en todos los ballets. Llegó a plantear su renuncia si no encontrábamos una solución. Solución a la que Lano, en vez de colaborar, confrontó intentando hacer caer a Bocca y por eso al término de su contrato, todos en el Sodre decidieron no renovárselo.
En lo que a mí respecta, un director de teatro sabe que tendrá que pagar este tipo de costos, y debe apegarse a la visión de teatro que se quiere poner en marcha. Está claro que tenemos visiones diferentes de lo que debía ser el Auditorio del Sodre. La nuestra la pusimos en marcha y, a pesar de todo, logramos en muy pocos años una hazaña cultural de proporciones y hoy es un ejemplo para el continente.
Fue una gestión maravillosa, a una velocidad inimaginable con resultados increíbles en pocos años. Fuimos un equipo de hombres y mujeres que lo dejamos todo por aquel proyecto y hoy estamos super orgullosos de lo hecho.
Todo el sacrificio valió la pena. La gestión que hicimos está a la vista.
Esperamos que los actuales y futuros responsables cuiden lo logrado, lo superen y lo mejoren para beneficio de todo el país. Ojalá logren resolver lo pendiente. Sepan que siempre contarán con nuestro apoyo.
Gerardo Grieco