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    Democracia solo si ganamos

    N° 1867 - 19 al 25 de Mayo de 2016

    Obviamente, en Brasil no está en marcha ningún golpe de Estado. Los representantes del pueblo, amparados en un “librito” llamado Constitución, separaron del cargo temporariamente a la presidenta Dilma Rousseff y la están juzgando políticamente por presuntas irregularidades en el ejercicio del cargo.

    Obviamente, en Venezuela sí está en marcha un golpe de Estado liderado por el presidente Nicolás Maduro, quien desconoce la autoridad de la Asamblea Nacional electa por el pueblo en diciembre de 2015 y cuenta con la complicidad de un Poder Judicial absolutamente parcial y controlado por el chavismo para perpetrar sus permanentes atentados contra la democracia y contra la República,

    Obviamente, en Argentina no existió ninguna clase de “proceso destituyente” ni “golpe de Estado”, ni el país está dirigido por un sátrapa dictador, sino que la mayoría del pueblo eligió al actual gobierno para que cambiara radicalmente el rumbo del país después de 12 años de tragedia y corrupción kirchnerista.

    Obviamente, los autócratas que gobiernan desde hace una década o más Ecuador (Rafael Correa) y Bolivia (Evo Morales), más Dilma, Lula, Cristina Kirchner y Maduro, están denunciando una oleada de “golpes de Estado” montados por el imperialismo y “la derecha”.

    Obviamente, el aparato de los Castro les da letra a todos los indignados “progresistas” desde la dictadura comunista que hace 57 años afincó sus reales en Cuba.

    Y, también obviamente, la Mesa Política del gobernante Frente Amplio repite las mismas sandeces que los Kirchner, los Castro, los Maduro, los Lula-Rousseff, los Correa y los Morales porque, al fin y al cabo, digámoslo: ninguno de ellos cree en serio en las reglas de la democracia representativa. Salvo cuando ganan las elecciones. Ahí se proclaman demócratas a carta cabal, manifiestan su amor por la República, cantan loas a la separación de poderes, aseguran adorar a la Justicia independiente, dicen ser campeones de las garantías individuales y declaman con una convicción tan fuerte su respeto por la libertad de expresión que hasta provocan ganas de creerles.

    Pero no. Acá está la verdad. Se acabó la bonanza económica —gracias a la cual, además de robar, taparon su absoluta incapacidad para gobernar con la complicidad de numerosos empresarios que se llenaron los bolsillos a más no poder durante los regímenes “progresistas”— y llegó la crisis. Que no sería tal en gobiernos democráticos sencillos y auténticos, pero que sí lo es para quienes creen de verdad ser siempre mejores que los demás, apelan a la gente cuando les es favorable, la desprecian cuando cambia de opinión y demuestran que solo los mueve una inmutable decisión de permanecer en el poder a como dé lugar.

    El viernes 13, la Mesa Política del Frente Amplio emitió una nueva declaración que prueba, por enésima vez, la raigambre anti republicana de todo el Frente Amplio. Y digo “todo el Frente Amplio” porque, a esta altura del campeonato, los que abiertamente dicen que esto de la democracia es apenas “una etapa” en su “gran marcha” hacia el “socialismo” no democrático son demasiados; y los que —siempre en voz baja, pidiendo perdón y en compañía de aquellos— dicen con un hilo de voz apenas audible que “no están de acuerdo” con las posiciones proto-totalitarias de sus “compañeros” de ruta, simplemente han perdido toda credibilidad. O son caminantes solapados de la “gran marcha” hacia el autoritarismo o son tan pusilánimes que solo merecen piedad. El jueguito de convivir con totalitarios e integrar con ellos un proyecto político común no va más. En el pasado, los partidos tradicionales también tenían aliados totalitarios: Bordaberry en el Partido Colorado y Aguerrondo en el Partido Nacional fueron ejemplos de eso. Pero blancos y colorados, así como el Partido Independiente y el partido de Novick (todo eso a lo que la llamada “izquierda” denomina “derecha”) hoy no tienen en sus filas figuras o sectores anti democráticos. El Frente Amplio sí.

    ¿Y qué dijo la Mesa Política? Dijo, con osadía digna de mejor causa, que “el Senado brasileño ha dado un paso más en el quiebre institucional” al votar a favor del juicio político a Rousseff. Aunque aceptó que el impeachment está expresamente previsto en la Constitución de Brasil, el Frente Amplio se atrevió a decir que el Senado de ese país —tan legítimamente electo por el pueblo como la presidenta Rousseff— no respetó “el contenido de la disposición constitucional”, “violentó la voluntad ciudadana” (¿solo cuenta la “voluntad ciudadana” del voto para presidente y no cuenta la del voto para vicepresidente, ni la del voto para diputados, ni la del voto para senadores?) y está protagonizando “un golpe de Estado parlamentario”, interesante nueva figura que ha inventado en los últimos meses el “progresismo” latinoamericano para justificar su desapego por la Constitución y las leyes liberales y republicanas.

    Ya en el tobogán de la cantinela comuno-fascistoide cocinada en Cuba desde tiempos inmemoriales (porque 57 años es mucho tiempo), la Mesa Política afirmó, sin ruborizarse, que “el objetivo de la derecha brasileña, de su élite económica, con el apoyo de los grandes medios de comunicación y sectores del Poder Judicial, es separar a la presidenta Dilma Rousseff y al Partido de los Trabajadores (PT) del gobierno para retomar el control político y económico de Brasil”. Y agregó: “Quienes por este procedimiento acceden al gobierno de Brasil son los que siempre hicieron recaer la crisis sobre los trabajadores y los sectores históricamente postergados del Brasil, a quienes el gobierno del PT atendió con particular preocupación. Está en riesgo la continuación de múltiples planes sociales dirigidos hacia los más desamparados”. Imagino que entre esos “planes sociales”, los “compañeros” de la Mesa Política habrán contado los millones de dólares en coimas distribuidas por el ex presidente Lula durante el “mensalão” y los miles de millones de dólares robados de Petrobras y, en general, del Estado brasileño en el “lava jato”, gracias al “honesto” PT, que tiene a decenas de dirigentes (“compañeros”) en la cárcel por ladrones, corruptos y coimeros.

    La “mano negra” no podía dejar de aparecer en este cuento de la dirección frenteamplista que ya solo sirve para hacer dormir a los niños pequeños. “Este objetivo”, precisó la Mesa Política, “es respaldado por los grandes centros de decisión a nivel mundial que en una situación de crisis global pretenden controlar las decisiones políticas y económicas en distintas regiones del mundo, entre ellas en nuestro continente”. ¡Mire si iba a quedar afuera la teoría conspirativa universal en este documento de ficción agotado y agostado! ¡Faltaba más! Para retomar las banderas de los 50 y 60 del siglo pasado, pues hay que ir “a por todo”, aunque cause vergüenza ajena.

    Desde ya que la declaración de la Mesa Política acaba manifestando su solidaridad y apoyo al “pueblo brasileño”. Otra mentira. El “pueblo brasileño” está integrado por los ciudadanos que apoyan a Lula, Dilma y el PT (actualmente, una minoría) y por los ciudadanos que adversan todo lo que esos dos individuos y ese partido representan. Por eso es falso que la Mesa Política se haya solidarizado con el “pueblo brasileño”; el respaldo es solo para la porción minoritaria de ese mismo pueblo.

    En concreto: el kirchnerismo fue sacado del poder por los votos de los argentinos; el chavismo fue repudiado por los votos de los venezolanos (pero hará lo que sea necesario para mantenerse en el gobierno); la pretensión de Evo Morales para perpetuarse en el poder fue rechazada por los votos de los bolivianos; la presidenta del lulo-petismo está siendo juzgada según lo establece la Constitución por los votos de los brasileños. Pero eso —los votos, la voluntad popular— continúa siendo un factor insignificante para el “progresismo” latinoamericano que nunca terminó de asumir la democracia como un fin en sí mismo. Los votos son “el pueblo” cuando les son favorables; pero constituyen un instrumento de las conspiraciones imperiales de la derecha confabulada y golpista cuando se les dan vuelta.

    El cuento es demasiado antiguo, demasiado infantil y demasiado estúpido. Los Castro están viejos, se repiten, cansan y aburren. En el siglo XXI, solo siguen creyendo en estas fábulas los fanáticos que, además, son cada vez menos.

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