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Si un piloto de avión está atravesando por problemas emocionales severos, está deprimido y se le cruzan ideas suicidas, tendrían que haber saltado varias alarmas en su entorno profesional antes de que a miles de metros de altura decida pegar el volantazo y terminar con todo en caída libre. Es quizás un ejemplo extremo, radical, pero así entienden en el Colegio Médico del Uruguay que deben ser abordadas situaciones como estas en profesiones de riesgo: si no se tratan algunas patologías mentales, puede haber daños a terceros. Hay que pensar en la seguridad del paciente y en la vulnerabilidad de personas que suelen ser vistas como entidades ajenas a dramas terrenales.
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Por esa razón, el Colegio Médico lanzó el Programa Bienestar Profesional (Bien Pro), una idea que se venía diseñando en silencio desde hace un par de años con el ambicioso objetivo de lograr un cambio cultural de todo el equipo médico. Con la premisa de dejar de barrer abajo de la alfombra y encarar el problema. Es más fácil mirar para otro lado, seguir con la cultura del “no te metás” hasta que la bomba te explota en la cara, resume el psiquiatra Juan Dapueto.
“Cuidando del médico, cuidamos de todos”, agrega. Las bombas de tiempo que pueden explotar algún día son las relacionadas con la salud mental, con los problemas de adicciones, con la depresión. Cuestiones instaladas en la sociedad y de las que los médicos no están a resguardo.
El programa Bien Pro empezó a funcionar formalmente en abril. Y en esta primera etapa se puso como prioridad la atención a los médicos que tienen problemas con el alcohol y otras drogas y a los que tienen trastornos del humor, depresión y riesgo de suicidio.
Las bombas de tiempo que pueden explotar algún día son las relacionadas con la salud mental, con los problemas de adicciones, con la depresión. Cuestiones instaladas en la sociedad y de las que los médicos no están a resguardo.
Para el diseño trabajaron en forma honoraria psicólogos, psiquiatras y médicos de familia que formaron una Comisión de Bienestar bajo la coordinación de Dapueto. Cuando todo quedó listo, se comunicó internamente el proyecto a todos los médicos del Uruguay y desde abril están recibiendo consultas. Se instaló en el Colegio Médico una unidad de recepción de los problemas con una premisa que resulta clave: la total confidencialidad.
“El punto crítico por el cual necesitan un programa específico es el tema de la reserva”, subraya Dapueto. “Los médicos se atienden en el mismo lugar donde trabajan, están en el mismo lugar que sus pacientes. La mayoría de los médicos no tienen un médico de cabecera. Y menos irían a una consulta con un psiquiatra o a un grupo de adicciones dentro de la institución donde se atienden”.
Cuando el médico es captado a través de la unidad de recepción, pasa a ser un anónimo, tiene solamente un alias que lo identifica. Y ahí, dependiendo de su patología, se deriva a la unidad correspondiente. Esto se hace sin trámites burocráticos. La consulta puede ser inducida por un compañero o por el director de la institución donde trabaja el médico con problemas. Otro asunto que puede ocurrir es que el médico llegue a la consulta no por su propia voluntad, sino a raíz de, por ejemplo, una sanción disciplinaria. “Se trabaja para rehabilitarlo y que pueda tener una reinserción laboral, esa es la finalidad”, explica el coordinador del programa. “El Colegio tiene la obligación de velar por el bienestar de los médicos. Y los médicos, a su vez, por el código de ética, tenemos la obligación de cuidar nuestra salud y de atender en condiciones de salud física y mental adecuadas. Y si no estamos en esas condiciones, tenemos la obligación de pedir ayuda. Ahí hay un tema legal”.
Cantidad.
El último estudio de prevalencia de adicciones y otras patologías mentales en los médicos se hizo hace más de 20 años. Una de las finalidades de este proyecto es actualizar datos en este nuevo contexto, en esta realidad de smartphones y nuevas ansiedades. “No sabemos cuántos médicos esperamos para hacer tratamientos. La referencia son los colegios médicos de España. Sería algo aceptable tener unos 20 médicos en un plan de evaluación y seguimiento”, señala Dapueto. “Estamos empezando a captar”.
El último estudio de prevalencia de adicciones y otras patologías mentales en los médicos se hizo hace más de 20 años.
Ha habido consultas por abuso del alcohol, por depresión, y también por tabaquismo, algo que llamó la atención. “No estaba previsto, pero como llegaron varias consultas, se conversó con una médica del Fondo Nacional de Recursos para abordar estas situaciones. El médico que deja de fumar es un notable ejemplo para todos sus pacientes y el médico que fuma es un pelotazo en contra. El médico rehabilitado es un valor notable para estos programas”. Los médicos que han consultado están “satisfechos” por la oportunidad que se les ha dado. “Es gente que ya está muy afectada por la situación, casi un último recurso. Y valoran un ambiente donde puedan hablar libremente, sin ser juzgados o estigmatizados y con estricta reserva de sus nombres”, resalta el coordinador.
Cuatro veces más suicidios.
El presidente del Colegio Médico, Néstor Campos, apunta un dato revelador sobre la autoeliminación en la profesión: el suicidio en mujeres médicas es cuatro veces más frecuente que en mujeres no médicas. “No porque lo intenten más que las otras mujeres sino porque son más efectivas”. Todos los años se suicidan médicos, agrega. En los hombres médicos la relación de suicidios es 1,5 veces superior con relación a los no médicos. Son cifras generales que se manejan con un sustento más empírico que científico, ya que hay un subregistro. “Los certificados médicos de los médicos los firman otros médicos, mundialmente es una cifra difícil de obtener, no son confiables los datos”, acota Dapueto.
El suicidio en mujeres médicas es cuatro veces más frecuente que en mujeres no médicas.
En el Colegio Médico también hay un programa de intervención psicoeducativa y de apoyo en situaciones de suicidio. “Nos encontrábamos ya desde hace un tiempo con que conocíamos de un colega que se había quitado la vida y cómo sacudía todo su entorno. En un servicio de salud esto impacta en los equipos y es de riesgo para el funcionamiento”.
Hay algunas especialidades médicas con más riesgo que otras en caer en depresión y adicciones. Dapueto apunta que aquellas en que tienen más acceso a sustancias, los profesionales que se pueden autoprescribir son los que están más propensos. Mundialmente se menciona a los anestesistas y hay un correlato por su facilidad para acceder a los psicofármacos. Pero Dapueto aclara que las drogas más usadas por los médicos son en definitiva las más utilizadas por la población en general: cocaína, marihuana y alcohol.