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A Ciro Ferreira le gusta citar frases. Es de esas personas que linkea en forma permanente su discurso con palabras dichas por otros. Sus citas, que van desde el prócer José Artigas, pasan por el entrenador de la selección, Washington Tabárez, y llegan hasta el músico Pablo Estramín, le sirven para aterrizar mejor sus conceptos. Ferreira dirige desde hace más de 20 años el Hospital de Tacuarembó, un raro caso de exitosa gestión pública en el interior de Uruguay. Una encuesta reciente de Equipos Mori reflejó que seis de cada diez uruguayos lo ubica como un “centro de calidad”, y que es “motivo de orgullo” para el 94% de los tacuaremboenses. Tras un largo proceso de idas y vueltas, este año está previsto que pegue el gran salto al ser el primer hospital del interior en resolver cirugías cardíacas. En entrevista con Búsqueda, Ferreira dice que pese a esto todavía no se ha avanzado en la descentralización y que un país con una “gran macrocefalia” está siempre en “riesgo de morirse de apoplejía”.
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—Ha sido un largo proceso. Teníamos un sistema de salud con policlínicas rurales aisladas y dispersas, poco vinculadas al hospital, con escaso desarrollo del segundo nivel de atención. La “rotura de los muros” del hospital permitió no solo la salida e inserción de los técnicos en el primer nivel de atención, sino también el involucramiento de la comunidad en su desarrollo. Con el apoyo de la cooperación alemana y en forma pionera en el país, se construyó un modelo piramidal con amplia base de sustentación, cimentado en la mejora de la atención primaria de salud, en un departamento extenso y con dificultad en la accesibilidad geográfica. Este sistema local de salud involucró a ASSE (Administración de Servicios de Salud del Estado), a la Intendencia y al sector mutual. Y se impulsó la necesaria mejora del segundo nivel, estableciéndose verdaderos “vasos comunicantes” que se retroalimentan para mejorar la atención en salud de los usuarios de todo el sistema. Después fue necesario conformar un tercer nivel (CTI de adultos, de niños, neurocirugía, imagenología, oncología, radioterapia) con carácter regional, para más de 400.000 habitantes de la región. Estar a 390km del centro de decisiones genera dificultades y fortalezas que dependen de la creatividad para dar respuesta con lo que tenemos a las necesidades de la población. Hay un compromiso y una capacitación continua de todos los funcionarios, se conformó una masa crítica y participativa, que perdura más allá de los cambios de gobierno, y se asumió como política de Estado en lo departamental. Son cambios que no se hacen por orden ni decreto y tampoco por voluntarismos aislados de un director. Como dice el Maestro Tabárez, cada uno y todos debemos entender que “el camino es la recompensa” y no la meta. Esta podrá alcanzarse o no, pero hay que recorrerlo, insistiendo “en ello, en ello y otra vez en ello”. Una frase que hemos acuñado (que está en el pizarrón de la Dirección) es que “el mejor proyecto es el que construimos hoy y no el que beneficia a unos pocos y queda en el papel, para un mañana que quizás nunca vendrá”.
—¿Se puede competir con privados e incorporar tecnología de vanguardia en el sector público? ¿Hay una receta?
—No hay recetas, sino ideas que se deben de concretar desde abajo y en forma horizontal, con principios organizativos y normativos establecidos por el Ministerio de Salud, que facilite la complementación real y no la competencia, disminuyendo la brecha entre el subsector público y el privado. Debe existir un crecimiento sinérgico y simultáneo de ambos subsectores, de acuerdo a las necesidades reales de la región, y no un criterio economicista que incluso muchas veces induce la demanda. El sector público es el pilar esencial de todo sistema de salud en los países desarrollados. La complementación no deja de ser un “palabrón” sin un sistema público fuerte, que brinde una atención de calidad y de alto nivel, que contemple no solo al paciente sino también a su familia. Hace mucho tiempo que la gente no duerme en los pasillos y salas de espera de este hospital. Se brinda humanidad a quienes vienen del área rural y de otros departamentos.
—¿Cree que puede haber en Montevideo algún centro público que pueda acercarse a ese nivel de aceptación que tiene el Hospital de Tacuarembó?
—Pienso que sí, aunque son realidades diferentes. Lo más importante es la complementación público-público, no solo el traslado de pacientes sino la referencia y contrareferencia, donde hemos mejorado francamente el atendimiento progresivo de los pacientes en coordinación con otros hospitales del interior y sobre todo de Montevideo, como el Hospital Maciel y Pereira Rossell. Se asegura la continuidad y contingencia en diferentes niveles de complejidad, con racionalidad y mejor gestión de los recursos. Estamos buscando recorrer ese mismo camino con el Hospital de Clínicas.
–¿Cómo es su relación con las autoridades de ASSE? ¿Qué respuestas recibe desde Montevideo a sus planteos?
—Siempre cordial, tenemos grandes amigos, aunque a veces, respetando la jerarquía, desde el norte y cada tanto hay que “subirse a las cuchillas” porque existen visiones diferentes. Atrás de mi escritorio tengo dos imágenes: una de Artigas, viejo, en el Paraguay, y otra con un mensaje que dice: “Acá no se rinde nadie”.
—¿Cree que hace falta descentralizar más la gestión de ASSE?
—Se ha avanzado mucho en la desconcentración y no tanto en la descentralización; esta implica una delegación de poder para lo cual no siempre se está dispuesto. La descentralización verdadera es aquella que además transfiere “la llave de la caja fuerte”, exige responsabilidad y contralor, algo que no siempre queremos. Es más cómodo recibir sin hacerse responsable. Somos un país centralista, con una gran macrocefalia y cuerpo pequeño, donde corremos el riesgo de morirnos de apoplejía.
—El gobierno aprobó hace poco la instalación de un IMAE (Instituto de Medicina Altamente Especializada) cardiológico en Salto. ¿Por qué es necesario abrir otro en Tacuarembó?
—En realidad, los dos son necesarios, cubren poblaciones diferentes. En la propuesta del litoral, la accesibilidad del noreste y centro no está contemplada. No son iguales, nuestra infraestructura instalada realizará no solo hemodinamia sino también electrofisiología y cirugía cardíaca.
—¿El IMAE de Tacuarembó va a resolver cirugías cardíacas?
—Sí, y esa será una diferencia sustancial con el de Salto.
—¿Por qué cree que se ha demorado tanto la aprobación de IMAE en el interior del país? ¿Existe un lobby empresarial en Montevideo?
—Es el Uruguay “del dicho al hecho hay un gran trecho”. Y en el medio la burocracia es la regla y “la papelitis y reunionitis” siempre están presentes. Es lógico, por densidad poblacional, que todo comience en Montevideo. Pero que toda la tecnología esté concentrada alrededor del obelisco no está bien. Más aún con técnicas que son cada vez más tiempodependientes. Tacuarembó ha demostrado con la neurocirugía y otros casos, que no todo es “morir en la capital”, como decía nuestro amigo Pablo Estramín. Esto ha roto paradigmas y queremos demostrar una vez más que se puede, porque es necesario.
—¿Qué infraestructura hace falta en Tacuarembó para habilitar la instalación del IMAE?
—Ninguna, las condiciones están dadas, la infraestructura está pronta desde hace más de 10 años y ya se han realizado procedimientos de cateterismo cardíaco y bypass coronarios con éxito. El equipamiento siempre puede ser actualizado y mejorado. ASSE lo está haciendo.
—¿No hacen falta más recursos humanos?
—Eso está en manos del Clínicas, que será quien provea los técnicos.
—¿Está de acuerdo en que el IMAE sea cogestionado por el Clínicas?
—Partiendo de la base de que es una extensión del IMAE del Hospital de Clínicas, la palabra cogestión es la adecuada porque lo dice todo: que la gestión esté a cargo de los dos. Apostamos a que esto será posible con la Universidad como garante.
—¿Es de los que cree que se deben definir los cargos de dirección de hospitales mediante concurso?
—Sí, en nuestro hospital los cargos de funcionarios son ocupados por concurso. Aunque es muy importante también que las direcciones y los mandos medios comulguen con los principios éticos, de abnegación al trabajo y defensa de las instituciones públicas, no siempre contemplado en lo anterior. Tienen que estar consustanciados.
—¿Está de acuerdo con la idea del Ministerio de Salud de instalar Centros de Referencia regionales?
—Sí, creemos que donde está la experticia instalada debe de aprovecharse y potenciarse, adecuando la normativa y generando complementación. El Centro puede no tener un solo hospital: gran parte de los equipos neuroquirúrgicos y equipamiento del Hospital de Tacuarembó son compartidos con el Hospital Maciel. Debemos hacer gestionando con lo que tenemos. Nuestro presupuesto está en quinto lugar dentro de los seis de la región. No todo es dinero, y como decía Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte, y aunque nunca la alcanzaremos, ella nos hace caminar”.