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    miércoles 12 de junio de 2024

    Desde Argentina, cero kilo… al populismo

    Nº 2225 - 18 al 24 de Mayo de 2023

    “Hay que cerrar las fronteras con Argentina. Lo que viene del otro lado del río, nos va a arruinar”. Hoy muchos comerciantes y políticos están pidiendo medidas para evitar que productos argentinos muy baratos nos invadan y hagan quebrar comercios. Pero cualquier medida que tomen, solo será un paliativo que durará lo que un lirio. Yo también creo que hay que cerrar las fronteras con Argentina, pero no para que no entren productos, sino para que no entren las pésimas políticas peronistas, populistas y socialistas. ¡Eso sí que nos va a arruinar!

    El peronismo, el estatismo y el populismo arruinaron a la Argentina, una proeza que parecía imposible. Tienen una inflación proyectada del 147% (entre las cinco mayores del mundo); el dólar “blue” (mercado libre) ronda los 500 pesos argentinos (estaba a 67 al asumir Alberto Fernández en diciembre del 2019); la pobreza está en el 40% (unos 20 millones de personas) y tienen 5 millones de indigentes. Casi la mitad de la población recibe alguna prebenda del Estado. El Banco Central está quebrado, no tienen reservas en dólares, tampoco crédito internacional y solo se financian con emisión monetaria. La tormenta perfecta.

    Veamos solo algunas de las nefastas medidas que han tomado nuestros vecinos y seamos conscientes de que aquí, el Frente Amplio y el PIT-CNT las han propuesto para aplicar en Uruguay, con mayor o menor entusiasmo, pero las defienden a casi todas ellas. A saber:

    a) cerrar la economía al mundo basados en la fracasada política de sustitución de importaciones y proteger a la industria nacional;

    b) dar subsidios a empresas para poder competir con productos mejores y más baratos del exterior, lo que llena los bolsillos de empresarios prebendarios, políticos y sindicalistas, mientras vacía el bolsillo de los ciudadanos;

    c) leyes laborales rígidas y sindicalistas que se enquistan en el poder por décadas, viviendo como millonarios, mientras la jubilación mínima no supera los 150 dólares;

    d) derroche de planes sociales, que tienen a la gente esclava del Estado y perdiendo los hábitos del trabajo, del esfuerzo y la meritocracia;

    e) subsidio a las tarifas de servicios públicos (luz, agua, gas, transporte, etc.), generando un déficit fiscal gigantesco y un desestímulo a esas empresas a invertir, lo que lleva a cortes en el servicio o escasez;

    f) control de precios en supermercados, con la absurda idea de creer que van a controlar la inflación, cuando estas medidas han fracasado en Argentina y en todo el mundo en los últimos 4.000 años;

    g) haber cerrado la economía y la educación durante la pandemia en forma extensa y descoordinada;

    h) tener más de 15 tipos de cambios: oficial, blue, soja, turista, Netflix, mayorista, CCL (Contado Con Liquidación) y varios más;

    i) echarle la culpa a otros de sus males: al FMI (que es el único que le sigue dando oxígeno), a la pandemia, a la sequía, a la guerra de Rusia contra Ucrania, a Macri, al Grupo Clarín o al imperialismo yankee. Todo les viene bien para sacarse el sayo de encima.

    Argentina no solo está absurdamente barata (por los motivos listados), sino que, además, Uruguay está absurdamente caro. Y lo estamos porque tenemos un Estado grande y soso, un tipo de cambio atrasado, una mano de obra ineficiente, una legislación laboral rígida, altos impuestos, burocracia y servicios públicos de calidad media.

    Por eso nuestras exportaciones son 70% “commodities”, como la soja, que se exportan a unos US$ 1.800 millones, pero apenas se exporta aceite o harina de soja. Y ni hablemos de exportar productos con más valor agregado, como milanesas o hamburguesas. Es que “agregar valor” en Uruguay no es rentable.

    Más allá de la situación actual de Argentina, Uruguay tiene que trabajar duro para ser más competitivo, desregulando el mercado laboral, eliminando monopolios y empresas públicas, saliendo del Mercosur y buscando más negocios libres con el mundo. En definitiva, tenemos que tomar todas las medidas que toman los peronistas socialistas, pero en sentido diametralmente opuesto.

    Como dice el dicho: “Del tonto también se aprende. A no ser tonto”. Aprendamos entonces de todo lo que no hay que hacer. El cerrar la frontera al comercio con Argentina tal vez evite (por un tiempo acotado) que algún comerciante uruguayo la pase mal y hasta tenga que cerrar su negocio. Pero si dejamos que pasen las ideas peronistas, populistas y socialistas, todos la vamos a pasar muy mal. Porque está más que probado que estas ideas, una vez llevadas a la práctica, lo único que logran es traer miseria, no por un tiempo acotado, sino por décadas y décadas.