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Sonia Bonet no sabe más qué hacer. Escribió cartas, consultó con abogados y médicos, llamó por teléfono con insistencia. Su marido tiene cáncer y necesita que el seguro de salud privado, que viene pagando desde hace 15 años, le continúe financiando el tratamiento, por lo menos para tener una mejor calidad de vida el tiempo que le queda. Pero nada de lo que Sonia hizo tuvo éxito y los médicos encargados del seguro no quieren atenderla ni revisar las recomendaciones de otros profesionales, y ya no hay quien pague la medicación. Por eso después de una noche de sufrimiento de su marido y de una nueva internación, decide presentarse en persona frente a los responsables de la compañía de salud. Bajo el brazo lleva una carpeta con papeles, y en su cartera, un arma. Entonces se desata el monstruo.
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Sonia es la protagonista de Un monstruo de mil cabezas, una historia que primero fue una novela de la narradora y guionista Laura Santullo (Montevideo, 1970), publicada en 2013 en el sello Cosecha Roja de la editorial Estuario.
Contada desde el punto de vista de diferentes personajes, la historia tiene varios ingredientes cinematográficos. De allí que en una segunda etapa el relato se convirtiera en el guion de la película Un monstruo de mil cabezas, dirigida por el cineasta Rodrigo Plá (Montevideo, 1968), esposo de Santullo. Igual que la novela, la película se ambienta en Ciudad de México, donde reside la pareja. Hijos de exiliados políticos uruguayos, la pareja ha trabajado en varios guiones de películas dirigidas por Plá, entre ellas, el corto El ojo en la nuca (2001) y los largometrajes Desierto adentro (2008) y La zona (2007), que obtuvo varios premios en festivales internacionales, así como La demora (2012), filmada en Montevideo y protagonizada por Roxana Blanco.
Ambos creadores conversaron con Búsqueda en su pasaje por Montevideo para la exhibición de Un monstruo de mil cabezas en el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay que organiza Cinemateca. La película se estrenará en cines comerciales a partir del jueves 7 de abril.
“La sensación que tengo es que el tema de la película trasciende lo que sucede en México, donde la salud pública está venida a menos y la gente muy desamparada. Ahora hay un ‘seguro popular’, que es más barato, pero que también hay que pagar. La tendencia es a la privatización de la salud en todos los países”, explicó Santullo.
Para la guionista, lo que plantea la película es qué pasa cuando el Estado se retira y permite que sucedan abusos que van en contra del bienestar social. “Noam Chomsky pone un ejemplo muy claro: el tiburón hace lo que tiene que hacer. Y así son las corporaciones. Pero el que está ausente, y el que falla, es el Estado para dirimir conflictos entre privados”. También recuerda la novela Un arma en casa, de Nadine Gordimer, donde se plantea cómo un arma puede modificarlo todo, como ocurre en la película. “Un tema debatido ahora en Uruguay”, agrega.
No es la primera vez que la pareja de realizadores lleva al cine situaciones sociales de desamparo. En La zona un grupo de vecinos de un barrio residencial y cerrado terminan haciendo justicia por mano propia contra quien suponen es un delincuente. Mientras que en La demora, se plantea el tema de la ancianidad a través de una mujer sola con tres hijos que no puede pagar una residencia para su padre y tampoco cuidarlo, y entonces toma una decisión desesperada.
Un desafío para llevar Un monstruo de mil cabezas al cine fue su estructura narrativa que juega con el tiempo y el variado punto de vista. “Tuvimos que decidir si el punto de vista dependía de lo que los personajes ven o de cómo reaccionan frente a las situaciones. Optamos por lo segundo: lo que vemos no es lo que sucede en ese instante sino la reconstrucción de lo acontecido a través de la mirada de diferentes personajes. Es una especie de reconstrucción de la memoria”, explicó Plá. Para lograrlo, usó imágenes distorsionadas, juegos de reflejos en espejos y vidrios, escenas fuera de cuadro y una voz en off que describe algo diferente a lo que se está viendo. “En el fondo hay una idea más global y es que lo que nosotros somos lo conforma también la mirada de los otros. Por eso decidimos resaltar lo subjetivo”.
En el centro de todas las miradas está Sonia, una mujer que en algunos momentos es un monstruo y en otros un ser digno de lástima. Para Santullo no importa si es justo o no lo que el personaje reclama, sino los métodos que usa. “El que recibe un tiro la ve como una demente, porque la vivencia que tuvo con esa mujer es aterradora”. Por su parte, Plá considera que este cambio de miradas ayuda al conflicto de la película: “Si nos hubiéramos conservado solo en el punto de vista de Sonia, la opinión manifiesta de nosotros como creadores estaría presente y llevaría a crear empatía con el personaje”.
La pareja concibe el guion como algo vivo y abierto a modificaciones, y es común que lo vayan cambiando en los ensayos e incluso en el propio casting donde a veces reciben ideas de los actores.
“En el guion estás pensando en términos de acción y de lo que se va a ver. En cambio, en la novela hay un espacio libre para imaginar. En el cine el pensamiento de los personajes queda en un lugar de oscuridad que tiene que ver con las motivaciones. Pueden estar sugeridas, pero quedan en las sombras. Creo que es la diferencia fundamental entre escribir una novela y un guion”, explicó Santullo.
Un monstruo de mil cabezas se presenta como un thriller, lo que en principio tiene más “gancho” para el público. Pero para su autora no es exactamente el policial clásico. “Hay cierta atmósfera y situaciones que la acercan al thriller: un delito de guante blanco, alguien armado que comete otro crimen y, aunque no es lo principal, una persecución policial. Pero cuando escribo una novela no pienso en el género. Tampoco cuando hacemos juntos una película nos proponemos a priori si va a ser drama, comedia o policial”.
La película se estrenará primero en Uruguay que en México, donde aparecerá a mediados de agosto. Plá acaba de venir de Francia, donde se va a distribuir en 45 salas. “La zona tuvo mucho éxito en Francia, con 150.000 espectadores, una rareza para una obra extranjera. Allá nos quieren y nos estrenan todas nuestras películas”, agregó el cineasta.