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Condena a muerte. Me parece que todavía hay algunos estados de EEUU que mantienen la pena de muerte, por supuesto después de un largo juicio con todas las garantías de jueces, fiscales, abogados defensores, jurados, etc. En Pakistán, cuando se le acusa a uno de blasfemia y se prueba, el juez lo condena a muerte. El mundo civilizado se horroriza que todavía haya en nuestro mundo de hoy la condena de muerte. Aquí en el Uruguay también la hubo, pero hemos dado hace tiempo ese paso humanista de poner el derecho a la vida aun para los peores criminales. Por supuesto que hubo un período triste de nuestra historia en que se puso de nuevo la condena de muerte en vigencia: podríamos preguntarle a doña Lucía cómo era el proceso, quién era el que decidía la muerte de un hombre y por qué, y cómo se ejecutaba; digo de preguntarle porque me gustaría saber si sigue pensando lo mismo, por lo menos para ciertos gurises. Esta costumbre de disponer de la vida y de la muerte de alguien es cosa antigua como la humanidad: podríamos consultar al “doctor en historia verdadera” y puede ser que nos diga que fueron los curas los que mataron más gente en la hoguera. También me gustaría consultar a nuestro gobernante marxista-leninista-stalinista-Lorier y capaz que nos ilustra sobre las masacres que se mandaron los nazis.
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Pero después de este panorama actual quisiera ir al grano: nuestro progresista Uruguay, haciendo un paso importante hacia el primer mundo, implantó en el Uruguay la pena de muerte. Los niños que vinieron al mundo por equivocación, están desde ahora, condenados a muerte. El proceso judicial es perentorio: basta la sola voluntad de un único juez-fiscal-testigo-defensor, la madre. Aquí no se trata de un asesinato, se trata sencillamente de una limpieza, porque lo que está en el seno de esa madre, no es nada ni nadie, no es nene ni nena, ni siquiera “coso” o “cosa”, es una molestia, es un dolor de barriga. Por supuesto que el médico abortista, si se pasa un día de los 12 semanas de embarazo, huele al muchachito, descubre que ya es persona humana, y están todos fuera de la ley. Por ahí ví una película muy interesante que mostraba el proceso médico de ir arrancando las patitas, los brazos, defendiéndose el feto como podía de la agresión, arrancarle la cabeza y lo demás, y todos tranquilos.
Por supuesto que va a haber un jurado consultivo que le preguntará a la chica si quiere o no quiere matar al gurí, que le asegura las garantías psicológicas, sociales y demás etcéteras. La ley la protege y le asegura su bienestar y su buena conciencia.
Yo voy a llorar amargamente con esa madrecita cuando venga a verme, me voy a lamentar con ella de que la patria se ocupa de ella después de lo que pasó, y no antes.
Vamos a compartir con ella, que no se trata de catolicismo o de otras yerbas religiosas, sino del misterio maravilloso de la mujer, de la vida, de la razón, de la existencia del mal. Y no sé si le voy a comentar que los gobernantes de nuestra patria, para buscar el bien común de todos, implantaron la ley de Pena de muerte para nuestros uruguayitos que molestan, sin solucionar por eso las penas y los riesgos de algunas madres.