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    Diputadas y psicólogas piden educar sobre trastornos alimenticios y facilitar el acceso a tratamientos

    Las clínicas Aluba y Vitalis registraron un aumento de consultas por estos trastornos durante la pandemia de Covid-19

    Había desarrollado una preocupación excesiva por su apariencia, por cómo se veía su cuerpo. Llegó a hacer ejercicio físico durante tres horas seguidas y, después de cada comida, iba al baño y se inducía el vómito. Fue a los 17 años cuando Priscila Noya, hoy de 21, se enteró de que padecía bulimia, uno de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) más comunes. También lo notó su familia a través de comentarios que ella hacía sobre sí misma. Entonces, los Noya decidieron pedir ayuda.

    Priscila ya hacía terapia, pero comenzó a trabajar en ese trastorno en particular en sus sesiones, y además buscó ayuda de un nutricionista. “Lo empezamos a ver como realmente es, un problema o una enfermedad que afecta a la persona que lo padece, pero también a su entorno”, contó a Búsqueda. Al haber sido detectada en una etapa temprana, la bulimia de Priscila pudo curarse a través del tratamiento en su mutualista y el acompañamiento de su entorno.

    Pero, en muchos otros casos, este tipo de trastornos, que en general son silenciosos y disimulados, se detectan en etapas avanzadas. La hermana de la diputada Fernanda Araújo, del Partido Nacional, sufrió anorexia en su adolescencia. La preocupación llegó a la familia por un comentario de una amiga, que contó que el tupper de comida que Fernanda le preparaba a su hermana todos los días para llevar al liceo terminaba en general en un contenedor o en los estómagos de sus compañeros. Tras aceptar y procesar la idea de que su hija sufría anorexia, sus padres acudieron en busca de ayuda a la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), donde comenzó el tratamiento. Hoy, más de una década después, ya transcurrieron varios años desde su recuperación.

    “Empezar a hablar”

    En 2013, los entonces diputados Martín Lema y Luis Lacalle Pou presentaron un proyecto de ley para declarar el 26 de agosto como Día Nacional de Lucha contra los Trastornos Alimenticios, pero la iniciativa no avanzó. El pasado 27 de agosto Araújo volvió a presentar ese proyecto en el Parlamento, junto con la diputada de Cabildo Abierto Silvana Pérez Bonavita. Ese viernes se realizó además un seminario del que participaron las diputadas junto con Priscila Noya, las psicólogas Julia Alderette, de la clínica Aluba, y Marisol Delgado, de la clínica Vitalis, y el director general de Salud del Ministerio de Salud Pública (MSP), Miguel Asqueta.

    El objetivo inicial, según Araújo, es que exista un día “para empezar a hablar y contarle a la sociedad lo que son estas enfermedades, que no son una pavada”.

    “Hay que tratarlas y detectarlas a tiempo, porque después ya va a ser tarde”, agregó.

    La bulimia y la anorexia son los TCA que más se conocen, pero existen muchos más. El trastorno por atracón, la obsesión por comer solo cosas saludables, la adicción al ejercicio físico para adelgazar, son otros también frecuentes. Para tratar todos ellos, las psicólogas coinciden en que es necesaria la conformación de un equipo multidisciplinario, con al menos un médico general, un psiquiatra, un psicólogo y un nutricionista.

    En las dos clínicas referentes en el tratamiento de los TCA en Uruguay, Aluba y Vitalis, las terapias se realizan en modalidad grupal. “Las patologías alimentarias son adicciones, y como tales, necesitan un grupo terapéutico para poder trabajar la problemática de la comida. La relación con la comida siempre es la punta del iceberg. Es en la terapia cuando empezamos a ver lo que está detrás de esa conducta. El porqué. Y para eso es tan importante el grupo”, explicó Alderette a Búsqueda.

    Tanto en Aluba como en Vitalis disponen también de un “comedor terapéutico”. Allí asisten los pacientes a realizar una o varias de las comidas principales, en grupo y de manera controlada. Otro aspecto importante es el trabajo de las familias, para que puedan acompañar al paciente y tomar “conciencia de cómo funciona el trastorno”, dijo Delgado.

    Las dos clínicas registraron un aumento de consultas durante la pandemia del Covid-19 y hoy cada una de ellas atiende a unos 40 pacientes. La mayoría son mujeres y el grupo más numeroso es el de las adolescentes. Es allí, en general, cuando comienzan a desarrollarse los TCA.

    “Mucho por hacer”

    “La jornada del pasado viernes fue un gran puntapié inicial para poner el tema sobre la mesa y abordar esa problemática que está tan dejada de lado, tan postergada”, dijo Delgado. Sin embargo, acotó que todavía “queda mucho por hacer”. Entre sus reclamos, que coinciden con los de todas las mujeres que se presentaron en el seminario en el Parlamento, está el de la creación de un “registro nacional de personas con trastornos alimenticios”.

    Otra preocupación es el acceso a tratamientos por parte de pacientes del interior del país. Tanto Aluba como Vitalis tienen adolescentes y adultos que se trasladan desde Canelones, Maldonado, Rivera y Salto, en algún caso, para asistir a la terapia grupal en las clínicas y al comedor terapéutico. Reclaman, además, que las mutualistas y seguros médicos sepan dar respuesta a un paciente con un TCA. “Si bien es sabido por algunos profesionales que lo mejor es ser tratado por un equipo multidisciplinario, no todo el mundo puede acceder”, dijo Delgado.

    En la misma línea, Alderette expresó su preocupación con respecto a la ausencia de una “contención adecuada” de estos pacientes. “Siempre los derivan a psicólogo por un lado, nutricionista por otro, psiquiatra por otro. Desde la clínica vemos que eso no es eficaz. Porque después llegan a Aluba luego de un largo recorrido por esto, todo individual. Eso hace que la enfermedad vaya ganando terreno”, añadió.

    El seminario del 27 de agosto cerró con la exposición del director general de Salud, quien dijo que para el MSP es “una obligación atender estos temas”. “Todos deberíamos concientizarnos, informarnos, educarnos y que luego el Estado garantice, en la forma que la normativa le da, la posibilidad de que todos los uruguayos tengan el abordaje que corresponde para las diversas patologías”, añadió.