Constanza Moreria tomó el micrófono y no dio muchas vueltas. Las elecciones nacionales de octubre son la “batalla final”, le dijo a la treintena de militantes que se acercaron al mediodía del domingo 25 al comité de base Andresito. La esquina de Antonio Machado y Julia Guarino estaba tomada por sillas de plástico, banquetas de madera y un mediotanque perfumaba los discursos. “Recuerden que no precisamos solo conquistar los votos de los indecisos, de los desencantados, sino que precisamos conquistar votos que están yendo para (Ernesto) Talvi y (Luis) Lacalle Pou”, transmitió la senadora del Frente Amplio (FA). “Es importante: hay que convertir votos y no solo convencer a los indecisos”.
El de Moreira no fue un mensaje aislado. En una decena de discursos en el Día del Comité de Base del Frente Amplio, que presenció Búsqueda en locales partidarios a lo largo de Montevideo, uno de los principales mensajes que transmitieron los dirigente fue la necesidad de militar para recuperar a los desencantados.
La apelación a la militancia cuando faltaban 62 días para las elecciones estuvo siempre acompañada de una serie de argumentos de por qué la coalición de izquierda merece una nueva victoria y, en especial, de cuáles son los supuestos riesgos para la “clase trabajadora” de que los partidos fundacionales recuperen el poder.
Al comienzo de su intervención Leal, referente del candidato presidencial oficialista Daniel Martínez en temas de seguridad, dijo que los frenteamplistas debían “ponerse las pilas” y convencerse de que estaban en condiciones de ganar las elecciones. “Hoy las encuestas instalan que el Frente Amplio tiene un 30%; eso implicaría que el FA perdió o va a perder 450.000 votos. Y quiero decirles que ni el Partido Colorado en el peor momento de su historia, en la debacle del 2002, perdió un porcentaje similar de votos”, dijo para tranquilizar al auditorio. E insistió en que “no hay condiciones objetivas” para que “haya una revolución electoral de esa magnitud, sobre todo en el Uruguay que es de cambios lentos, suavemente ondulado”.
El sociólogo opinó que los frenteamplistas no deben sentir “vergüenza” de estar gobernando. Leal admitió que pudieron haber unas “situaciones” que afectaron la “moral” del frenteamplista, como la “tragicomedia” que derivó en la renuncia del vicepresidente Raúl Sendic, pero que esas cuestiones ya quedaron atrás.
Con una hora y media de discurso a cuestas y después de criticar con dureza las propuestas de seguridad de la oposición, Leal cerró su oratoria en el comité recordando lo que había dicho al inicio. “Tenemos que tener la convicción suficiente de que vamos a ganar las elecciones y de que haber gobernado 15 años es un orgullo”, les dijo a los vecinos de Punta Gorda.
A lo largo del día otros dirigentes arengaron a los militantes con un discurso combativo. Para el diputado comunista Gerardo Núñez, que habló el domingo por la tarde en el comité Martín Fierro de la Blanqueada, el 27 de octubre es “el partido más importante” que les tocó vivir a los frenteamplistas. En su opinión la pelea es cuesta arriba porque la oposición, los medios de comunicación y las encuestas “buscan generar” desánimo entre los frenteamplistas. Ante esto “tenemos que poner arriba de la mesa lo que hicimos y lo que estamos proponiendo hacer, que es lo que no les gusta porque le sacamos la careta”, acotó.
Para Núñez el FA tiene que desatar una “ofensiva política” en la campaña sobre la base de que el oficialismo es el único que “puede asegurar” que, ante una crisis internacional, los que no la pagarán serán los pobres. “Y para eso tenemos que llevar adelante el programa de transformación que propone el Frente. Y sí, lo tenemos que decir con total claridad: tenemos que ir a gravar mucho más a aquellos sectores poderosos en términos económicos y generar políticas redistributivas”, concluyó.
A esa hora, el presidente del FA, Javier Miranda, le decía a los vecinos de Pocitos que llegaron al comité 26 de Marzo que quedaban 62 días para las elecciones y que el “desafío central” del oficialismo era “convencer”, “persuadir” y “dialogar”. Al igual que otros referentes de la coalición de izquierdas, planteó que en las nacionales hay “dos modelos” en juego. Lacalle Pou encabeza, según Miranda, una propuesta conservadora, mientras que Talvi “responde al neoliberalismo” porque se formó en la Universidad de Chicago. “No es una figura retórica, efectivamente el tipo está formado en la escuela de Chicago. ¿Y por qué hay que arrepentirse de eso? Es lo que sos, botija, qué voy a hacer”, dijo, y resumió: “Nuestra principal responsabilidad es salir a buscar a todos los orientales y decirles que la alternativa planteada en 2019 en Uruguay es entre un modelo económico neoliberal, conservador en términos filosóficos y políticos, frente a una propuesta progresista”.
Moreira había sido más esquemática unas horas antes: “Lo que pasó en Argentina es bastante reciente y nos ayuda porque (Mauricio) Macri, (Ernesto) Talvi y Luis Lacalle Pou son más o menos la misma receta”.
En el comité Unidad, mientras hablaba el exintendente y exministro Ricardo Ehrlich, un par de personas se preguntaban por qué había gente que no quería votar al Frente Amplio pese a que se hicieron cosas “a favor de la gente”. “No quieren pagar impuestos”, aventuró una como respuesta. El diputado del Movimiento de Participación Popular Daniel Caggiani, que compartía escenario con Ehrlich, destacó una serie de logros alcanzados en los tres gobiernos, como por ejemplo 15 años de crecimiento consecutivo, pero admitió que con eso no se ganan elecciones. “A veces, la gente no lo ve”, lamentó. El legislador centró sus críticas en el candidato presidencial colorado. “Es el candidato de las empresas. Es el exponente más grande de la derecha. Diría que quizás es más grave él que Lacalle”.
En el comité Palermo, la exsubsecretaria de Salud Pública y actual diputada, Cristina Lustemberg, enumeró una serie de logros alcanzados por el Frente Amplio en el gobierno. Aunque también reclamó “autocrítica” por algunas cosas que faltan. “Hemos avanzado muchísimo, pero hoy hay que salir más que nunca a convencer al compañero que está desmemoriado, al compañero que está desencantado, al compañero que está indeciso”. Pero advirtió que, en algunos casos, la “inercia del poder” puede “generar soberbia” entre los dirigentes.
“Ningún cuco”. “No me pregunten cuando viene que no sé”, decía una militante sin lograr aplacar la ansiedad que ganaba cuerpo en el comité Bile Martínez. Estaba previsto que Raúl Sendic hablara a las 12, pero eran las 13:30 y todavía no aparecía. Ni bien llegó, dos horas después de lo que marcaba la agenda, el exvicepresidente comenzó con un discurso crítico hacia la oposición.
Dijo que la candidata a vicepresidenta Graciela Villar tuvo razón cuando dijo que la elección es entre “oligarquía y pueblo”. Y cargó después contra los opositores, a quienes, dijo, “lo que más les molesta son las políticas sociales, la distribución de la riqueza”. Aventuró que “si gana, la derecha va a ir detrás de todo eso”, porque así actuaron los gobiernos de Argentina y Brasil. “No estamos inventado ningún cuco”, insistió.
“Están en otra”. Varios dirigentes plantearon una preocupación especial por el voto de los jóvenes. Moreira sostuvo que hay 50.000 votantes nuevos que todavía no saben a quien apoyarán. El director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Álvaro García, señaló que en estas elecciones hay 200.000 votantes nuevos a los que “hay que contarles” lo hecho por el Frente Amplio.
Sobre el final de la tarde, en un pequeño comité de base en el barrio de Sayago había menos de diez personas escuchando al dirigente socialista y flamante director de Limpieza de la Intendencia de Montevideo, Eduardo Lalo Fernández. En su caso debió sobrellevar cierto escepticismo del público. Una de las preguntas que se planteó con insistencia fue cómo se hace para “defender” ante un familiar o un vecino “el proyecto del Frente Amplio”. Fernández habló de algunos logros de la gestión de gobierno, deslizó una autocrítica sobre irregularidades recientes detectadas en la Administración de Servicios de Salud del Estado (Asse), pero también cargó tintas contra la oposición y los anteriores gobiernos de los partidos fundacionales. Una de las asistentes le retrucó: “Suena muy lindo lo que vos decís, pero con eso no convenzo a nadie”. Otro de los participantes reclamó un mayor involucramiento con el trabajo en territorio. “El Frente Amplio tiene un distanciamiento con las organizaciones sociales, con ese pueblo organizado, que no siempre es frenteamplista. Está lleno de gente de pueblo que sigue confundida votando a blancos y colorados y nosotros tenemos que hacerle ver que están equivocados y que vengan a sumarse a este proyecto político que es el que piensa en su futuro”, dijo. La mayoría de los que estaban ahí, en esa jornada de domingo, manifestaron una “preocupación” por el rol de los jóvenes en la militancia. Hubo un llamado de atención. “Nosotros estamos distanciados de los jóvenes porque somos otra sociedad”, reconoció Fernández. Un veterano militante, que ofició como anfitrión del encuentro, agregó: “Los jóvenes están en otra cosa que no es necesariamente la nuestra, que no es el comité, no es la feria. No les encontramos la vuelta”.
Información Nacional
2019-08-29T00:00:00
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