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    Ducsa: una aguja en un pajar

    N° 1891 - 03 al 09 de Noviembre de 2016

    “En el pajar de desastres de la gestión de la cosa pública, Ducsa se destaca por hacer las cosas bien. Aplica la simple máxima del gran Alberto Olmedo: “Si la vamo’ a hacer, la vamo a hacer bien”.

    La mayoría de los uruguayos creen en los poderes mágicos del Estado y en sus “buenas intenciones” cuando se mete a realizar negocios y actividades empresariales que son de resorte de los particulares. Tienen la ilusión de que las empresas siempre ganan dinero y que lo van a “repartir” entre los más pobres, en vez de que esas utilidades se las lleve un “capitalista” avaro.

    A pesar de los fracasos del viejo Soyp, de Subsistencias, del BHU y los más recientes de Pluna, del Fondes y de Ancap, seguimos insistiendo con fabricar hasta perfumes.

    ¿Debe ser este el rol del Estado? ¿Con qué sentido? ¿Obtener ganancias para bajar los impuestos como soñaba don José Batlle y Ordóñez? ¿Para ser un “ente testigo” que fije precios y calidades en el mercado? ¿Para “proteger” a los ciudadanos? Siendo así, ¿por qué el Estado no administra una cadena de supermercados, de farmacias, de redes de pago o de transporte? Porque no tiene sentido.

    Ahora bien. Si aún así insisten, entonces que por lo menos administren bien. Que pongan al frente de esos proyectos a profesionales probados, gestionen con criterios técnicos y no para favorecer la carrera política de algún advenedizo y menos aún para repartir prebendas y favores.

    Y Ducsa se ha gestionado bien. Pero no siempre fue así. Esta empresa (como tantas otras del Estado) dio magros resultados, e incluso, durante el 2005, pérdidas (a pesar de tener la más extensa red de estaciones de servicio, un market share de más del 50% y una competencia limitada a dos actores).

    Pero a partir del 2006 se hicieron cambios. Se nombró un nuevo gerente general con más de veinte años de experiencia en el rubro, se designó un director ejecutivo que fuera el enlace entre Ancap (propietaria de Ducsa) y la empresa, también con experiencia en el sector, y se implementaron buenas prácticas gerenciales, comenzando por un Plan Estratégico sensato, al que se le dio seguimiento.

    Se puso un especial foco en la profesionalización de los recursos humanos, en la mejora de los procesos internos y en una actividad comercial ágil junto con los operadores de los puntos de venta.

    Los resultados de Ducsa (auditados externamente) muestran que estas buenas prácticas dieron resultados: desde el 2007 al 2015 viene dando ganancias de más de ocho millones de dólares y en los últimos cuatro años, de más de veinte. Y tan es así que la calificadora de riesgo Fitch le dio un puntaje de AA+, uno de los mejores.

    Si bien entiendo que el Estado debería dedicarse a hacer con excelencia sus cometidos básicos (darnos seguridad y justicia) y no distraerse en actividades comerciales, cuando lo haga, que lo haga bien.

    El caso de Ducsa muestra que es posible gestionar con profesionales, con metas, con buenas prácticas y con transparencia. Parecido a Nueva Zelanda. La pregunta a hacerse es: si en Ducsa funciona, ¿por qué no copian esta experiencia y empezamos a tener otras agujas como esta en el pajar de la ineficiencia estatal?

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