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    El Evangelio bajo la boina

    Ernesto Cardenal (1925-2020): partidarios de Daniel Ortega irrumpieron con violencia en su funeral

    Fue tan poeta como revolucionario, y tan místico como terrenal. Le escribió al amor carnal y al amor religioso, a la revolución y a los misterios del universo. “Tuve dos vocaciones. Una fue la religiosa, que me llevó al sacerdocio, y la otra, la primera con la que nací, fue la poesía que me llevó primero al amor por las muchachas, luego al amor por Dios y después al amor al pueblo, a la revolución, que es lo mismo que decir a Dios”. Así, con voz pausada y severa, Ernesto Cardenal se presentaba a sí mismo en 2014 cuando, con su infaltable boina negra, dio una conferencia de prensa en la Feria del Libro de Guadalajara, donde fue a presentar Noventa en los noventa, una antología de su poesía.

    En ese momento tenía 90 años y, a pesar de su salud frágil, se mostraba enérgico , sobre todo al denunciar al gobierno de Daniel Ortega. Esa fuerte actitud opositora la mantuvo hasta el domingo 1º, cuando murió en su casa, en Managua.

    Había nacido 1925 en la ciudad nicaragüense de Granada. Estudió primero en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en México, después viajó por Estados Unidos y Europa hasta que en 1950 regresó a Nicaragua y escribió sus Epigramas, una secuencia de poemas que tratan tanto sobre un amor no correspondido como de su enfrentamiento a la dictadura de Anastasio Somoza García.

    En 1954 fue su primera intervención revolucionaria cuando participó del levantamiento contra Anastasio Somoza García, aunque esa fue una revolución perdida. Desde entonces, Cardenal comenzó una nueva etapa. Siguiendo al monje y escritor norteamericano Thomas Merton, se hizo monje trapense en Kentucky, Estados Unidos. De esa experiencia nació su libro de poemas Gethsemani Ky, de 1960.

    En 1965 fue ordenado sacerdote en Managua y fundó en una de las islas del archipiélago de Solentiname, en el Gran Lago de Nicaragua, una comunidad cristiana en la que él daba misa y convivía con pescadores, campesinos y artistas. Allí construyó una iglesia sencilla y de esa forma unió el Evangelio con el arte. También allí escribió su libro El Evangelio en Solentiname.

    Por afiliarse a la Teología de la Liberación y unirse a la Revolución sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979, Cardenal fue severamente reprendido por el papa Juan Pablo II en 1983, cuando visitó Managua. Es famosa la fotografía que lo muestra arrodillado, mientras Juan Pablo II lo reprende con el dedo en alto. En ese momento, Cardenal era ministro de Cultura del gobierno revolucionario, un cargo que mantuvo hasta 1987, cuando rompió con Ortega.

    Juan Pablo II le prohibió administrar los sacramentos, y durante 35 años el poeta estuvo alejado de la Iglesia nicaragüense. De todas formas, a través de su poesía, principalmente de Los Salmos, continuó expresando tanto su compromiso con la fe como su lucha contra la opresión. Recién en 2018 el papa Francisco le levantó la sanción de Juan Pablo II.

    En 1994, decepcionado por el sandinismo de Ortega, abandonó esas filas y apoyó al Movimiento Renovador Sandinista, fundado por Sergio Ramírez (quien había sido vicepresidente de Ortega) y al que se adhirieron otros escritores como Gioconda Belli.

    A partir de ese momento fue enérgico en su condena. “Nicaragua es una dictadura, una dictadura con un poder corrupto de un hombre, Daniel Ortega, y de su esposa. Más bien es la esposa la única que manda porque lo manda también a él”, dijo en la conferencia de Guadalajara. “Lo que hay ahora en Nicaragua no es revolución, ni es de izquierda ni es sandinismo”, le dijo allí a Búsqueda en una breve entrevista. Uno de sus libros de memorias se llama, elocuentemente, La revolución perdida.

    Mientras su poesía era reconocida y premiada internacionalmente —entre otros ganó el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2012— el gobierno de Ortega lo trataba de traidor. Recluido en su casa, Cardenal continuó escribiendo y comenzó a mirar hacia el universo y sus misterios. Así escribió Cántico cósmico, que fue varias veces reeditado.También se interesó por la ciencia y la escultura.

    Para Sergio Ramírez, Cardenal “es uno de los grandes innovadores de la lengua española, al crear una nueva forma lírica, la de la narración en la poesía”. Esa innovación lo convirtió “en un cronista de su tiempo”, dijo. Con tal visión poética, le cantó tanto a la cerveza como a Marilyn Monroe, o elaboró verdaderas estampas cotidianas y filosóficas: Detrás del monasterio, junto al camino, existe un cementerio de cosas gastadas, en donde yacen el hierro sarroso, pedazos de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos, cajetillas de cigarro vacías, aserrín y zinc, plástico envejecido, llantas rotas, esperando como nosotros la resurrección.

    Las noticias que llegan de Managua son desalentadoras. En la misa de cuerpo presente en honor a Cardenal, una turba armada de orteguistas boicotearon la ceremonia y agredieron a amigos y familiares del poeta que trataron de defender su ataúd. Tal vez desde algún lugar del universo, el poeta de boina negra estará pensando: Tú ni siquiera mereces un epigrama.

    Vida Cultural
    2020-03-05T00:00:00

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