En un marco político cuyas características generales continúan estables, la intención de voto al Frente Amplio (45%) supera a la de los demás partidos con representación parlamentaria, sumados, por cinco puntos porcentuales. Una ventaja de este tamaño no se observaba desde fines del año 2011 y principios de 2012 (en febrero). Este resultado es algo llamativo, porque a primera vista las circunstancias políticas no parecen especialmente propicias para el partido de gobierno (al menos no más que en el último año). Es probable que refleje un momento políticamente muy favorable de su precandidato, Tabaré Vázquez, y del presidente José Mujica. Nada asegura que esto seguirá, ni tampoco que cambiará (aún más a favor del FA, o en contra). Es posible que estos resultados simplemente anticipen que la campaña electoral tendrá algunos aspectos muy estables (los señalados más abajo), y también variaciones de corto plazo propias de una (pequeña) montaña rusa, especialmente desde el punto de vista de los competidores. Boxísticamente: una pelea por puntos que podría definirse recién en el último round.
La intención de voto nacional.
Todos los aspectos del panorama electoral que se supone que deberían ser estables siguen en su sitio: un país de dos mitades políticas de tamaños comparables; el Frente Amplio, principal partido político nacional (o al menos el más votado), y el único que podría seguir gobernando con mayorías parlamentarias propias; pero no se sabe cuál de las dos mitades será la mayor en las elecciones nacionales de octubre de 2014, porque eso dependerá del curso de los acontecimientos durante los próximos dieciséis meses.
Sin embargo, los resultados de la encuesta de la primera mitad de junio muestran una novedad políticamente significativa: en los números de Cifra, por primera vez en casi un año y medio, la intención de voto hacia el FA (45%) supera a la de todos los demás por cinco puntos porcentuales. Aunque en sentido estricto esta diferencia no es estadísticamente significativa, sustantivamente sí lo es; la ventaja es clara, y sus implicaciones potenciales también. Los resultados de la pregunta de intención de voto por partido “si las elecciones fueran el próximo domingo”, sin mencionar los nombres de los partidos (ni de sus eventuales candidatos) son: Frente Amplio, 45%; Partido Nacional, 23%; Partido Colorado, 15%, y Partido Independiente, 2%. El resto, 15%, no responde, o dice que votaría en blanco, o indica otro voto, sin llegar al 0,5% del electorado (Cuadro 1).
El FA sigue siendo el partido que más retiene sus votos de 2009 (Cuadro 2), pero en conjunto pierde hacia los demás partidos aproximadamente casi tantos votos como los que gana de ellos (cerca de 4,5 puntos porcentuales). Esto significa que en relación a las últimas encuestas mejora su posición por un cambio a su favor en el intercambio de votos con sus rivales (en la encuesta anterior el FA perdía claramente más que ellos). También sigue siendo el más fuerte entre los nuevos votantes, y en esta encuesta recibe de ellos más votos que sus rivales en medida algo mayor que en las anteriores. Entre los más jóvenes hoy la mitad prefiere al FA, y sólo un 30% a la oposición.
En el corto plazo las variaciones son modestas: durante el último mes y medio (desde fines de abril) el FA mejoró su intención de voto en 2 pp. (43 a 45%), mientras que los blancos perdieron 2 pp. (25 a 23%) y los colorados 1 pp. (16 a 15%); el Partido Independiente sigue igual (2%). Aunque todas las variaciones fueron individualmente muy pequeñas, su efecto conjunto es políticamente significativo porque los cambios ocurrieron en direcciones opuestas (el FA al alza, blancos y colorados a la baja), potenciando así su efecto final (los cinco puntos de diferencia entre el FA y la suma de todos los demás). En este clima de opinión sería razonable esperar un triunfo del FA, probablemente en primera vuelta y con mayoría parlamentaria. Lo que no se sabe, naturalmente, es si este clima de opinión será el de octubre de 2014, o si cambiará en uno u otro sentido, eventualmente (tal vez “probablemente”) con varios altibajos a lo largo de los próximos dieciséis meses.
¿Por qué este cambio justo ahora?
Desde muchos puntos de vista las circunstancias no parecen particularmente favorables para las perspectivas del partido de gobierno. Continúan los zigzagueos en materia de políticas y decisiones gubernamentales. Se siguen escuchando ocasionalmente declaraciones de funcionarios subidas de tono y divisivas hacia la interna del FA (cuando son políticas), o inciertas y desafortunadas (sobre temas específicos); en el último mes y medio hay varios ejemplos de ambas clases. Los problemas centrales desde el punto de vista de la población continúan sin mejoras visibles o empeoran (inseguridad, educación). Comienzan a aparecer otros problemas relevantes (incluyendo, por ahora en pequeña escala y muy gradualmente, el retorno al escenario de los problemas económicos que tradicionalmente preocupaban mucho a los uruguayos). La conflictividad sindical vuelve a aumentar, en algunos casos agregando sal a heridas abiertas y muy visibles (como en la enseñanza).
Todos estos factores todavía pueden hacerse sentir en el futuro cercano, incluso pesadamente. Pero en el momento en que se hizo esta encuesta dos de las tres figuras hasta hoy dominantes en el FA estaban pasando por un excelente momento político (el precandidato, Vázquez, y el presidente, Mujica), y la tercera figura (Astori) mantenía una muy buena imagen pública.
Como se sabe, “en yunta, aunque no tiren”. Nunca me subí a un arado, ni siquiera a un tractor que tirase de un arado. Pero como todos los uruguayos, o por lo menos los uruguayos veteranos, conozco el dicho (lo aprendí de mi padre, que tampoco era experto en arados). Cuando los bueyes trabajan en yunta, el trabajo se hace bien aunque no se esfuercen demasiado. El dicho, como se verá, resume las causas más probables del cambio favorable al FA registrado por esta encuesta.
Vázquez.
Desde hace años Vázquez es el político más popular del país. Es el hombre que cortó un ciclo y abrió otro nuevo, primero en la IMM, luego en la Presidencia. No se trataba de ciclos pequeños: la victoria del FA en 2004 fue, desde muchos puntos de vista, un acontecimiento político de primera magnitud; fue un cambio más dramático que la victoria blanca de 1958. Esto le confiere una aureola y estatura independientes del corto plazo, especialmente porque todas esas victorias épicas fueron “para bien”: dejó la Presidencia con la aprobación y la popularidad personal más alta en toda la historia de las encuestas de opinión pública profesionales del país (aunque esto no necesariamente significa mucho, porque esa historia aún no tiene treinta años). Todo esto es el cimiento de su imagen pública; a corto plazo no cambia.
Lo que ha cambiado es su exposición pública (su visibilidad no, porque ya es altísima: no puede crecer más) y la naturaleza de esa exposición. Para el electorado Vázquez está ahora visiblemente en pre campaña, aumentando su presencia en los medios y en el debate político. Esto mejora el ánimo del grueso de los votantes frentistas que desde hace tiempo esperan y desean que sea su candidato, porque para ellos es el mejor. En conjunto, además, su entrada aún no formal en la campaña se caracteriza por la estatura presidencial, por la presencia simultánea en otros escenarios internacionales que lo tratan con respeto y consideración, y por no entrar “en las chiquitas” (sin perjuicio de algunos detalles no muy consistentes con esto último, como la forma en que ocasionalmente se ha referido a la oposición). Esto es bien visto tanto por su electorado como por los indecisos y los votantes de los demás partidos. En la práctica, la imagen de Vázquez entre los votantes blancos y colorados es hoy mucho más favorable que las de sus principales rivales entre los votantes frentistas, diferencia acentuada por los acontecimientos de las últimas semanas. Esta asimetría, si continúa hasta las elecciones, sería una de las grandes fortalezas electorales de Vázquez.
No todos los acontecimientos de corto plazo jugarían a favor del ex presidente. Por ejemplo: desde el FA muchos le reprochan su posición en el tema del aborto. Sin embargo, precisamente esa clase de actitudes son las que construyen imagen “hacia afuera” del electorado firme del FA. Lo que importa no es tanto la sustancia de sus opiniones, sino la actitud en sí misma: Vázquez es coherente con su pensamiento, público y notorio, y no lo moldea para satisfacer a sus amigos políticos. Especialmente en relación a un tema como éste, visto por la gran mayoría de la población (de todos, no importa a quién voten) como un tema “de conciencia”, la gente valora mucho la actitud de Vázquez. Un presidente, de buen modo, debe liderar: eso es lo que define la estatura presidencial, y eso, precisamente, es lo que hace Vázquez, salvo para las minorías activas que discrepan con él y están profundamente convencidas de la justicia de su causa. Pero son minorías.
Mujica.
Si el cimiento de la imagen de Vázquez es lo que hizo y hace, de alguna manera el cimiento de la imagen de Mujica es lo que es (y fue). Mujica, en términos cristianos, es el que da testimonio de sus convicciones personales. Vive, es, como él cree que debe ser y vivir (y él mismo agrega: no todos tienen por qué ser así, pero en cuanto a mí, estoy convencido que así debe ser, y lo hago). Se puede discutir cuánto vale su chacra, pero la forma en que vive en ella es evidente: todo el mundo la ve en las fotos, en la televisión, en los textos de los reportajes (especialmente los de las agencias y los escritos por no uruguayos). Mujica, dicho brevemente, es un franciscano, o casi.
Los valores que se hacen visibles en la forma de ser de Mujica, también presentes en su discurso, son particularmente notables por tres razones. Primero porque Mujica también es presidente, y estos atributos, dicho suavemente, no suelen ser característicos de los presidentes. Segundo, porque expresan un arquetipo tal vez no muy articulado pero real: para nosotros, el “buen” uruguayo (el realmente bueno) es el orientado hacia los demás, no individualista, solidario, generoso. El punto no es cómo realmente somos, sino cómo deberíamos ser. Mujica es el que efectivamente lo hace: encarna ese deber ser. Y tercero, finalmente, porque también tiene su dimensión épica. La aportan (por lo menos) sus largos años de prisión, y las circunstancias de esa prisión. Aquí no son decisivas las causas, sino la experiencia en sí misma. Puede ser un pecador arrepentido, o una víctima pura, pero en cualquier caso la experiencia redime, especialmente para el león herbívoro que (en sus propias palabras) ha llegado a ser.
Esto es el cimiento de su imagen, y a corto plazo no cambia. Lo que sí cambió, precisamente cuando se hacía esta encuesta, es su manera de ser presidente. En una gira internacional que sería extenuante para un hombre de la mitad de sus años, Mujica no se priva de decir algunas cosas de las que pinchan y cortan (como sobre nuestra disposición a trabajar), o a sentenciar en materias no muy aconsejables: sigue siendo el Mujica que todos conocemos. Pero nos representa a todos, busca ostensiblemente impulsar el desarrollo del país, y desde su sencillez franciscana se trata de igual a igual con las autoridades del primer mundo, con las autoridades del futuro (en China), hasta con el Papa. Más que eso es muy difícil o imposible.
En definitiva: los dos (el precandidato, el presidente) tienen imágenes construidas sobre cimientos excepcionalmente robustos. No son imágenes “garantizadas” en el corto plazo, porque su valor “actual” depende de los acontecimientos (lo prueban las encuestas). Pero cuando (como en esta encuesta) los acontecimientos les son francamente favorables a los dos a la vez, la fortaleza de sus respectivos cimientos permite que eso se traduzca rápidamente en una ola favorable a su partido. De a dos, especialmente cuando son estos dos, el resultado se notará aunque no se esfuercen demasiado.
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