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    El Frente Amplio tiene como desafíos revisar “sus posturas políticas” y “actualizar” su análisis de la situación “social y económica”

    La coalición de izquierda está en una etapa de “cierta confusión”, dice Agustín Canzani, y cuestiona cómo se sumó a la lucha contra la LUC: “El Frente Amplio no es un partido para hacer la lista de compras de los movimientos sociales”

    Agustín Canzani tiene una ubicación privilegiada para analizar lo que le sucede al Frente Amplio. El sociólogo y analista político dirige la Fundación Liber Seregni, cuya oficina está en la sede de la coalición de izquierda, y está en contacto permanente con sus principales dirigentes. Y aunque es su asesor, no siempre consigue que le hagan caso.

    Al analizar los motivos de la derrota electoral del Frente Amplio en 2019, Canzani sostiene que el ejercicio del gobierno hizo que la coalición perdiera “capacidad de ir leyendo la realidad”. El episodio más claro de ese problema fue verse sorprendido por la irrupción de Un Solo Uruguay. “Un partido que es el más grande del país, que está en el gobierno, que tiene una capilaridad que está en todo el país no ve venir eso”, explica. “Eso muestra que no estaba atento, por lo menos, a todas las dimensiones de la realidad y las cosas que estaban pasando”.

    Los principales desafíos del Frente Amplio, según Canzani, son la renovación de liderazgos, revisar sus “posturas políticas” y su análisis de la situación “social y económica”.

    —A un año de haber dejado el gobierno, ¿cómo diría que se encuentra el Frente Amplio?

    —Se encuentra en un camino de ajuste y reformulación. Primero, el proceso de transformarse de gobierno en oposición después de 15 años lleva tiempo y es complejo, pero ese no es el único desafío que enfrenta el Frente Amplio. Enfrenta también el desafío de recambios de liderazgos y de conducción, que los tiene que ir procesando simultáneamente. Enfrenta también un desafío de revisión de sus posturas políticas, e incluso de análisis de la situación social y económica del país, que tiene que actualizarlo. Cae todo junto en el mismo período y por lo tanto ese ajuste es más complejo y va a llevar un poco más de tiempo. Y además, esto se da en un contexto donde algunas de las cosas que estaba previsto que iban a ocurrir —léase elecciones departamentales, recambio de autoridades, etcétera— se postergaron, entonces esta etapa no termina de cerrarse y la próxima no termina de abrirse. Por lo tanto, creo que este año va a seguir en esta etapa que genera cierta confusión.

    —¿Cuando se está en el gobierno es difícil no postergar esas definiciones de hacia dónde ir?

    —Lo limitó. Mi visión particular es que en general lo que hace el Frente Amplio es una síntesis política que implica leer un poco la realidad, de maneras muy diversas, algunas si querés más académicas, técnicas, científicas, hacer su interpretación de la realidad y generar una propuesta, todo esto con las características que tiene el Frente de mucha participación, mucho debate y mucha disputa interna. Eso en 2004 había llegado a una síntesis que interpretaba una buena parte de la población del país. El Frente no ganó por la crisis, más allá de que la crisis lo puede haber ayudado a ganar; ganó porque lo que le ofrecía al país sintonizaba razonablemente bien con una cantidad muy grande de votantes. Tiendo a pensar que esto funcionó razonablemente bien durante los dos primeros períodos y que ya en el tercero mostraba desajustes. Por diferentes razones. La primera, porque el país había cambiado, en parte porque las cosas que el Frente Amplio había hecho y ya había gente que reclamaba otras cosas. La segunda, porque también fue perdiendo capacidad de ir leyendo la realidad, porque el gobierno de alguna manera también aísla. La tercera, porque tuvo problemas serios para renovar y recambiar liderazgos y elencos de conducción, lo que se vio claramente en el tercer período. La cuarta, porque ignoró los avisos de los resultados de las elecciones de 2014. Y podría seguir enumerando, pero esto muestra un conjunto de factores que indican que la fuerza política tuvo dificultades para estar más cerca de la población. Y para mí hay un indicador muy claro de eso, que es Un solo Uruguay. El nacimiento como movimiento sorprende al Frente Amplio. Un partido que es el más grande del país, que está en el gobierno, que tiene una capilaridad que está en todo el país no ve venir eso. Eso muestra que no estaba atento, por lo menos, a todas las dimensiones de la realidad y las cosas que estaban pasando.

    —Usted dice que en 2004 ganó el Frente Amplio porque sabía interpretar a la sociedad. ¿En estos años la sociedad se movió hacia la centroderecha?

    —La respuesta corta es sí. La respuesta larga, en mi visión, es que la sociedad se diversificó. Entre otras cosas porque los intereses y las demandas tienen que ver con las situaciones por las que las personas pasamos. En 2004 había una agenda razonablemente clara que el Frente interpretó bien y además le puso su sello. Eso hizo posible reformas que son de mucho calado. La reforma tributaria es muy importante, comparativamente en América Latina y yo diría a escala mundial. La reforma de salud es muy importante. El cambio en las relaciones laborales es muy importante. ¿Qué ocurre? Luego que esto está, hay grupos de la sociedad que empiezan a desarrollar otros intereses y esos intereses hacen a la sociedad más heterogénea y por lo tanto más difícil de representar. Y alguno de esos intereses van cambiando la orientación exigida de algunas políticas públicas. Mi percepción es que lo que se llama el marco de interpretación cambió durante estos años. Cuando el Frente llegó al gobierno había una idea de que había que buscar caminos de crecimiento económico y desarrollo que fueran básicamente igualitaristas. Hoy no estoy tan seguro de que sea así. En ese sentido, los cambios de una visión más de derecha o más conservadora sí fueron ganando peso, pero también fueron ganando peso no solo por lo que pasó en Uruguay, sino en el mundo y en la región.

    —¿Cómo ve al gobierno hoy?

    —Hoy estamos en un momento en que el gobierno domina la escena. Así como lo hizo el Frente Amplio cuando asumió. Hoy el gobierno tiene capacidad de marcar la cancha, poner la agenda. ¿Cuánto va a durar? No lo sabemos. Yo tiendo a pensar que hay algunas contradicciones y además estamos en momentos donde los gobiernos duran menos. ¿Qué veo yo? Un gobierno convencido de que el desarrollo es básicamente el resultado de un crecimiento económico atado al sector privado y a una economía lo más desregulada posible y con un Estado que en el mejor de los casos es compensatorio. Hay un discurso de la supuesta igualdad de oportunidades que se deriva de la educación, cosa que es muy discutible. Hay una desconfianza de lo estatal y lo colectivo bastante marcada, a mi juicio, y hay un discurso de la libertad individual combinado con cierto control de la actividad colectiva.

    Luis Lacalle Pou luego de la Asamblea General en el Palacio Legislativo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

    —¿A qué atribuye los resultados que marcan las encuestas con altos porcentajes de aprobación a la gestión del gobierno?

    —Primer asunto, el gobierno está dominando la agenda. Segundo asunto, el gobierno respondió bien y rápido a la pandemia. Tercer asunto —este es un fenómeno mundial—, hay un efecto de estrechar filas cuando un país atraviesa una situación de amenaza como la de este tipo, es la primera reacción. Y tuvo sus éxitos porque Uruguay es un país poco afectado en términos comparativos por la pandemia. Y tercero, seguramente las características del país, tamaño, circulación de personas que hacen que esto sea más controlado. Pero en ese marco el gobierno cierra un muy buen año en materia de aprobación y ese es un dato que debemos tener.

    —¿En el Frente Amplio hacen la misma lectura de aceptar que ese es el marco o hay quienes siguen con una sensación de subestimar al presidente Luis Lacalle Pou?

    —Hay distintas posturas. Mi impresión es que durante algún tiempo el Frente Amplio subestimó la capacidad de sus adversarios. El comentario de que “a la oposición no se le cae una idea” lo sentí varias veces en el Frente Amplio. Y yo les respondía: “Menos mal”. ¿Qué es lo que pasó? Nos hizo mal el proceso 2014. Lo que se generó en el Frente Amplio fue que las encuestas midieron mal, y por lo tanto se pensó en 2019 que deben estar midiendo mal y esa gente que se está yendo va a volver. Lo trabajé bastante tiempo con estudios que presenté al Frente, en los que mostraba que hubo una migración y que era falso lo que se decía de que la gente se iba del Frente Amplio a la indecisión. Con datos empíricos. Vos tenías entre 4% y 6% que se iba del Frente Amplio al Partido Nacional, no se iba a la indecisión. Y es mucho más difícil volver desde ahí que hacerlo desde la indecisión. También trabajamos con estereotipos, como que se iban los sectores medios. Sí, pero también se iban los sectores medios bajos, los medios altos. Me parece que tenemos el desafío de mejorar nuestra aproximación a la realidad en este y otros temas. El presidente tiene una aprobación mayoritaria y ese es un dato que el Frente Amplio debe tener.

    —¿Cómo se para ante este contexto el Frente Amplio como oposición, todavía inmerso en la renovación de liderazgos?

    —Desde 2014 está el desafío de formular el Frente Amplio 3.0, que para mí eran tres grandes cosas. Una parte de renovación de elenco, que el Frente no lo hizo. Una parte de incluir temas nuevos en su propuesta; los temas ambientales están muy poco desarrollados, por ejemplo. Y una parte de incluir enfoques nuevos para temas viejos porque ya estabas en otro nivel. Hay algunos polémicos como educación o también debes, hacer cambios en temas laborales. Esas tres cosas siguen siendo los grandes déficits y desafíos del Frente Amplio. Con una sociedad a la que se le agrega que no sabremos cómo va a ser en 2024 porque esta crisis es importante. Y por lo tanto, en mi opinión, lo que debe plantearse es cómo renueva esos liderazgos en un contexto donde no va a haber tractores electorales de la magnitud que tuvo en los 20 años anteriores y por tanto tiene el desafío de crearlos; cómo introduce algunas demandas que están ahí, algunas cuestiones territoriales que se notaron mucho en las últimas elecciones. Y eso requiere un debate en el Frente Amplio que en 2014 y en 2019 no se dieron, se sobrevolaron.

    —¿Las elecciones internas pueden ser un mojón para esto?

    —Yo creo que 2021 va a ser un año de transición para el Frente Amplio, donde hay dos o tres objetivos como cerrar el balance, que más allá de virtudes y defectos tiene una función catártica y está bien que exista. Renovar su conducción y comenzar un proceso de volver a leer la sociedad y volver a plantearse cómo construye una síntesis política para el Uruguay del 2024.

    —¿Coincide con quienes advierten que hay “desequilibrios” en el Frente Amplio por el bajo peso de la “socialdemocracia” en relación con el MPP, el Partido Comunista y el Partido Socialista?

    —El Frente ha tenido variaciones, pero su gran desafío —esto es una opinión personal— es construir una fuerza de izquierda progresista con capacidad de representación de esos enfoques. Si vos leés el llamamiento original de 1971, la palabra izquierda no está y la palabra progresista está cuatro o cinco veces. Hoy tenemos que estereotipar menos a los sectores. En algunas cosas capaz que el MPP es más socialdemócrata que otros sectores del Frente Amplio. No nos quedemos con la caricatura. Efectivamente, si por pata socialdemócrata se entiende lo que era el Frente Liber Seregni se perdió peso, pero no estoy seguro de que vaya a ser así en el futuro.

    Javier Miranda durante la conferencia de prensa "Balance del 2020" en la sede del Frente Amplio. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

    —Pensando en 2024 sin José Mujica y Danilo Astori en la primera línea, ¿es un barajar y dar de nuevo para el electorado?

    —El Frente Amplio para ganar tiene que crecer. No hay otra. ¿Por dónde va a crecer? Tiendo a pensar que va a ser por los sectores que tienden a pensar más hacia la centroizquierda. Probablemente, porque las lógicas electorales también pesan, habrá un reequilibrio. Entonces, yo no haría un drama de eso. Más allá de que a Javier (Miranda) sí le complique.

    —¿La proliferación de sectores es un problema?

    —Sí, la fragmentación es un problema. Y es un problema que fue para el sistema político uruguayo, que fue para los partidos tradicionales y al que los partidos tradicionales respondieron con la reforma de 1996. Antes los microacuerdos en todos los niveles terminaban haciendo que quien llegaba al poder podía ser chantajeado por el último diputado de Artigas. El fraccionamiento en el Frente Amplio comienza a generar complicaciones y sería razonable que empiece a poner cotas para participar en sus espacios.

    —¿A qué responde esa fragmentación?

    —No parece ser ideológica o temática, sino que parece mucho más de base electoral. Ese es un desafío muy grande. Hay mecanismos institucionales para moderarlo, no para eliminarlo.

    —¿El diagnóstico de que se perdía pisada en el interior no apareció en la campaña?

    —Apareció, pero la interpretación dominante fue que, caricaturizando, estamos perdiendo los votos de los sectores medios porque no quieren financiar las políticas públicas. Y van a volver. Me parece que el Frente tiene un déficit con el interior y sobre todo con el interior no área metropolitana. El Frente Amplio no se derrumbó en todo el interior, cayó muy fuerte fuera del área metropolitana. El interior es un constructo que esconde realidades muy distintas, porque una cosa es la frontera con Brasil, otra cosa son los departamentos ganaderos, otra cosa es Maldonado, que vive del turismo. Y nosotros no tuvimos capacidad como Frente Amplio de darle esa mirada. Ni siquiera cuando tuvimos ocho intendencias porque, por ejemplo, en ese momento no formaban parte del plenario. Iban como invitados, pero no hablaban. Ahí tenés un déficit de concepción. Eso hay que leerlo. Y eso exige conexiones particulares que en el Frente Amplio escasean. ¿Quiénes son los líderes políticos relevantes en el interior? Cuando surgen, el Frente Amplio no los incorpora.

    —¿Es acertado que el Frente Amplio acompañe el referéndum contra varios artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC)?

    —No lo sé, lo dirá la historia. El Frente tiene que oponerse a la LUC porque el antecedente de discusión antidemocrática es muy jodido. Me parece que está bien que la derogación sea parcial, porque si no tirás abajo un montón de cosas que podrían ser razonables, pero el proceso por el que se decidió no dejó necesariamente bien parado al Frente Amplio. El Frente Amplio no es un partido para hacer la lista de compras de los movimientos sociales. La gente dice: “Pero los partidos representan intereses”. Representan e interpretan intereses. Viene el movimiento sindical y dice: “Estas son mis demandas”; viene el movimiento feminista y dice: “Estas son mis demandas”. Y yo no es que anoto y llevo todo eso, sino que hago una síntesis política donde también ordeno y digo: “Esto sí y esto no”, porque intento representar algo más amplio que cada una de estas cosas. A mí lo que no me gustó fue el proceso por el que se llegó a esto. Y se puede discutir la oportunidad en este contexto. Pero si fue un acierto o no lo dirá la historia. Es cierto que moviliza al menos en algo a los militantes frenteamplistas. Lo podés ver. Si vale la pena o no dependerá del resultado, porque si no llegás a las firmas puede ser una derrota política. Nada trágica, pero es así.

    Información Nacional
    2021-03-03T22:51:00

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