—Desde que se crea el Partido Independiente venimos en un proceso de acumulación y crecimiento, que no ha sido fácil porque hay una cierta estabilidad político electoral, que creo que ahora empieza a resquebrajarse y abre oportunidades grandes para el partido.
—¿Tiene confianza en obtener una banca en el Senado?
—Tenemos una gran oportunidad de tener una bancada parlamentaria numerosa, no pongo techo todavía. Hay mucha gente definiéndose que ve en nosotros una opción para ponerle límites al poder. Si gana el Frente Amplio, somos la alternativa para marcarle la cancha y evitar ese mareo y adicción al poder que han desarrollado en estos últimos años. Tenemos una ventaja, y es que esta vez la elección de octubre es claramente una elección parlamentaria.
—¿Cree que la población tiene eso en cuenta al votar en octubre?
—Esta vez sí, porque es un dato, y porque todo el mundo lo dice: va a haber segunda vuelta, no va a haber mayoría absoluta. Cuando la elección se hace presidencial, como en 2004 y 2009, para el Partido Independiente es una desventaja. Pero cuando la gente ve que hay dos votos posibles, uno en octubre y otro en noviembre, ahí emparejamos porque nos volvemos una opción útil.
—También ante ese escenario el votante puede preferir apoyar a su candidato en octubre para que tenga un peso fuerte en el Parlamento.
—La gente que quiere a Vázquez o a la Lacalle Pou de presidente votará en primera vuelta por ellos. Pero hay muchísima gente que no tiene una opinión definida a favor de ninguno de los dos, y no tiene por qué embretarse. Ese es el punto.
—¿El nicho del PI es aquel que aún no resolvió a quién de los dos candidatos prefiere?
—Sí. Y muchos votantes del Frente que quieren mandar una señal de freno al ejercicio de un poder que se ha mareado y ha significado la negativa a investigar cosas que le han pasado al propio Frente. Están jugando con el abuso del poder. También está el incumplimiento de cambios fundamentales en educación, seguridad, salud, infraestructura. Hay muchas deudas de un gobierno que tuvo todo para resolver los problemas y no lo hizo. Uno escucha la campaña electoral y parece que nunca hubiera gobernado, ofrecen educación de calidad, recuperar la seguridad. ¿Y? Tuvieron todo para hacerlo. Mucha gente quiere mandar una señal de crítica y de protesta, y nosotros somos el canal para eso. El otro asunto es que mucha gente no quiere volver atrás, y el bloque de blancos y colorados es para muchos la vuelta al Uruguay del pasado.
—Dice que el FA se mareó con el poder, ¿eso le pasó también a blancos y colorados cuando gobernaron?
—Por supuesto, y por eso les fue como les fue. El tema es que el Frente Amplio prometía otra cosa, y entonces la defraudación frenteamplista está impactando a mucha gente. No queremos que tiren el voto y terminen votando en blanco o anulado. Nosotros somos el cauce.
—Plantea que el PI es un voto útil porque va a controlar al gobierno. Pero también anuncia que el partido va a “ayudar a gobernar”. ¿No es eso un poco contradictorio?
—Son las dos cosas. La buena política para un partido que no tiene la Presidencia, es jugar con fuerza en los dos registros. Estar dispuesto a controlar, a enfrentar los excesos del poder, y al mismo tiempo tener la capacidad de reconocer las cosas buenas y apoyarlas. No es una disyuntiva, son funciones complementarias que tenemos que tener la capacidad de jugar. En ese sentido, el hecho de que el partido sea independiente, ajeno a los dos bloques, es una garantía para el ciudadano.
A veces nos dicen que somos indefinidos, es al revés. Somos demasiados definidos: nos resistimos a integrarnos a cualquiera de los bloques. Hacerlo es resignar la capacidad de crítica, de marcar diferencias.
—Se definen por lo que no son, y no por lo que son...
—No, porque tenemos posición en todos los temas. No esquivamos tomar posición. En todos los debates de hoy tenemos postura, y una postura jugada. En materia económica somos los únicos que planteamos la regla fiscal, disciplinar al gobierno para que no exagere en el gasto público. Estamos en contra de bajar la edad de imputabilidad, aprobamos la ley de minería de gran porte. Sobre la seguridad y la gestión de Bonomi tenemos una posición propia, no pedimos la renuncia, valoramos su esfuerzo, pero no funcionó bien, con lo cual no tiene lógica plantear su continuidad. En educación tenemos una propuesta más que desarrollada.
—Habla de controlar para evitar excesos y dar gobernabilidad. ¿Desde dónde se ejerce ese control, desde el Parlamento o desde el Ejecutivo?
—Principalmente desde el Parlamento, pero nosotros estamos dispuestos a acordar y buscar entendimientos si los consensos son suficientes. La posibilidad de integrar el gobierno es más complicada, porque implica niveles de acuerdo mucho más profundos y abarcativos. La coalición es posible, no es descartable. Pero es un tema para diciembre y siempre que el presidente electo entienda que hay que explorar ese camino.
—¿O sea que existe la posibilidad de que el PI integre el próximo gobierno?
—Sí, siempre y cuando los contenidos programáticos de entendimiento sean suficientes. Y la exigencia no es menor. Pusimos una lista de cosas que nos parecen fundamentales, y la primera es la regla fiscal. Ahí estamos poniendo alto la vara.
—¿Son condiciones sine qua non?
—Son condiciones, yo que sé. Es el resultado de una reflexión entre nosotros donde dijimos “estas son las cosas que valen”.
—Dice que la discusión sobre un eventual gobierno de coalición empieza en diciembre. ¿No comienza en noviembre?
—En noviembre tenemos un tema para analizar, y es qué vamos a hacer. Decidimos que hasta el 26 de octubre no va a haber pronunciamiento. Sería jugarnos en contra de nosotros mismos. Después nuestros votantes, que son muy exigentes, van a decidir con total libertad su voto. Independientemente de eso, el partido tendrá que reunir a sus autoridades y con la situación arriba de la mesa, tomar una resolución.
—Quizás ese exigente votante del PI considere justo saber de antemano a quién van a apoyar antes de darle el voto.
—Ellos saben para qué están nuestros votos, saben cuáles son los contenidos de nuestro programa, y saben que vamos a jugar un papel fuerte de control. Y saben que son libres en noviembre.
—¿El PI estaría dispuesto a integrar una coalición tanto con un gobierno frenteamplista como con uno blanco?
—Creo que tenemos que tener esa actitud. Cuando el presidente es electo, es el que la gente eligió, sea cuál sea, y uno siempre va a estar dispuesto a dialogar con el que ganó. Si él está dispuesto a conversar, a llamarnos, cómo no vamos a ir a dialogar.
—Como el PI se define de izquierda, podría pensarse que se sienten más cómodos integrando un Poder Ejecutivo frenteamplista. Mirando los programas de gobierno, ¿con cuál encuentra más afinidad?
—Es que tenemos coincidencias y diferencias con los dos que pueden disputar la presidencia.
—¿No tiene un favorito?
—No.
—¿Qué va a votar en noviembre?
—Lo que el partido resuelva.
—¿Le preocupa que los votantes del PI se sientan defraudados cuando anuncian que están dispuestos a integrar un gobierno de coalición?
—No. Los votantes del partido tienen que sentir que los dirigentes no traicionamos nuestras ideas y propuestas. Los caminos en política, en términos de colaboración y control, pueden ser variados, pero lo que tiene que quedar claro es que seremos fieles a las ideas que el partido le ofreció a la gente.
—Pero hay gente que vota al PI precisamente porque es independiente y va a controlar al gobierno. Y que luego termine siendo parte de él puede ser visto como una traición.
—Eso tendremos que evaluarlo. Hay dos escenarios posibles. Uno es el más fácil, que es no integrar el gobierno, y desde el Parlamento marcar la cancha y controlar, y ayudar a gobernar.
—¿Lo van a entender sus votantes?
—Creo que si lo hacemos es porque logramos un nivel de coincidencia muy alto, y se va a entender. Sino la gente se va a quedar igual contenta. En cualquier caso, aunque uno tuviera un nivel de acuerdo más profundo, lo que sí tiene que quedar claro es que eso implica un acuerdo en relación a una gestión, pero no implica una suma a ninguno de los bloques. En el mundo hay partidos que se juntan para gobernar y después mantienen su autonomía. Lo han hecho blancos y colorados. Y nosotros creemos en eso. Cualquier hipótesis nunca significaría sacrificar nuestra independencia político electoral. Eso sí es el límite.
—Mencionó antes que les dicen que son “indefinidos”. Uno de los desafíos para un partido pequeño es que la gente los conozca. ¿No deberían tener un perfil más marcado?
—Tratamos de ser fieles a nuestro pensamiento. Hemos logrado construir un perfil propio, de un partido que no está en los extremos del espectro político, que tiene fronteras con batllistas y wilsonistas, y con astoristas del otro lado. Uno de los dramas del Uruguay ha sido la incapacidad de generar una confluencia político partidaria que recortara el espacio político de esa izquierda democrática moderada. Muchas veces el astorismo termina bajando la cabeza ante los sectores más radicales del FA, que le imponen el militantismo. Del otro lado, los batllistas y wilsonistas terminan dominados por las alas de derecha de sus partidos. Nosotros somos una especie de testimonio de lo que debería ser una confluencia diferente.
—Dice que el astorismo queda obligado a votar cosas con las que no está de acuerdo. Con ese Frente Amplio es con el que tendrá que negociar acuerdos si Tabaré Vázquez gana la presidencia, ¿cómo hará?
—El Frente tendrá que ver cómo resuelve sus dilemas internos. Si sigue con sus disputas internas, con dos equipos económicos y su problema de esquizofrenia y contradicciones dentro del propio partido, se complican los acuerdos. Hay sectores del Frente que ahora están callados porque es época electoral, ya no hablan más de giro a la izquierda. Se callan porque eso electoralmente es dinamita, les cae encima y corren el riesgo de perder.¿Ustedes creen que no lo siguen pensando? Si el Frente gana veremos cuál es su nueva estructura y cómo dialoga y con quién.
—Al PI se le cuestiona que no “pega” mucho en la campaña.
—Y cuando pegamos, se enojan.
—¿Por qué no son más duros?
—Nosotros tenemos tres peculiaridades que no tiene nadie. Primero, la coherencia interna: vos votás al Partido Independiente y sabés lo que votás, porque acá no hay sectores más a la derecha o a la izquierda. En segundo lugar, este es un partido que no tiene temor en reconocer éxitos ajenos, como la gestión económica del actual gobierno. Eso capaz que nos hace menos radicales en la confrontación. Esto nos obliga a la tercera peculiaridad: ser responsables, ponernos en los zapatos del que gobierna antes de criticarlo.
—Pero el rol de la oposición también es cuestionar la gestión del gobierno.
—Claro. Pero yo desafío a los partidos de oposición a que si ganan, den marcha atrás con la explotación minera. Es muy fácil criticar desde la oposición. Lo mismo hizo el Frente Amplio cuando era oposición y se opuso a Botnia, y cuando llegó al gobierno rebobinó. Creo que blancos y colorados están haciendo demagogia cuando dicen que están en contra de la megaminería y de todo eso.
—A su partido a veces se lo tilda de “elitista” porque el perfil de sus votantes es más educado y no logra captar a las clases bajas.
—No pretendemos ser elitistas. Ayer recorrimos la feria de Piedras Blancas, hemos ido al Cerro, Colón, todos contextos muy variados, y la recepción ha sido muy buena. Creo que hay un cliché con respecto a la percepción del Partido Independiente debido a que tenemos una buena acumulación de técnicos y eso nos hace ver más como una elite.
—¿Pueden llegar a ser un partido de masas?
—Claro que sí. En esta elección nos jugamos mucho. Si el partido pega un salto y se convierte en un actor definitorio de la política, tenemos una oportunidad de generar más confianza.
—¿Qué pasa si no logran obtener un senador?
—Tendría que haber un análisis, una revisión. Cualquier partido que no logra sus objetivos en una elección tiene que revisar su estrategia. Yo también tengo que hacerlo porque es la tercera vez que me postulo como candidato a presidente y primer candidato al Senado. Si no llego, tendré que evaluar, porque es poco sensato no atender las señales de la población.
—¿Su liderazgo está en juego?
—Sin duda. Y es razonable que así sea.