En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Se llama Martín Daian, tiene 37 años y cumplió un sueño largamente acariciado: reabrir el cine Grand Prix en pleno Cerrito de la Victoria, cerrado hace casi 33 años. Es como entrar en el túnel del tiempo: el ámbito es espacioso, con senderos al costado del sector central y plateas laterales. La pantalla es enorme y curvada, con cortinados de color bordó y butacas al tono. El piso tiene un pronunciado declive, como los de antes. Y cuando empieza la función, la proyección es luminosa y con perfecta definición, la acústica es muy buena y el sonido (que se escucha en español) no deja perder ninguna palabra.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Comenzó con “Madagascar 3” y “La era de hielo 4”, dos atracciones de vacaciones de julio muy apropiadas para convocar a multitudes. Las más de 500 localidades de la platea no permiten que nadie se quede afuera, aunque hay otras 200 en tertulia que por ahora no están habilitadas. Y va mucha gente, asombrados algunos por tener un cine tan cercano y otros por la curiosidad de volver a experimentar la sensación de estar en una añorada matiné, aunque ahora no consista en tres o cuatro películas ni en un doble programa en “continuado”. El penetrante olor a pop es lo único que da el toque contemporáneo. Lo demás es mágicamente igual.
Claro que para cumplir ese sueño, Daian tuvo que luchar contra algunos molinos de viento, corporizados en una empecinada resolución burocrática que le impidió abrir en la fecha prevista, que era el sábado 7. La presencia de un bombero hasta que se habilitara definitivamente la sala, recién pudo ser obtenida el miércoles 11, luego de gestiones infructuosas y de una campaña en prensa, radio y televisión que consiguió despertar a las adormiladas autoridades de turno. Medio millón de dólares invertidos en el Grand Prix no podían ser tan lastimosamente ignorados. Se sabe que recuperar esa inversión no va a ser fácil ni de corto plazo, pero Daian está más interesado en vivir su sueño que en el negocio de hacer dinero. Solo así puede comprenderse la magnitud de su esfuerzo y el amor por el cine que lo motivó a semejante emprendimiento.
El Grand Prix había sido el último cine grande inaugurado en Montevideo, el 20 de junio de 1962. Ese año se vendieron 11.084.894 entradas (con 92 cines funcionando), cifra que parece muy apreciable frente a las 2.500.000 que se venden actualmente pero que en aquel entonces no era demasiado, porque diez años atrás (1952, con 102 cines en la capital) se habían vendido 18.032.109 entradas y la cifra aún ascendió en 1953 al récord de 19.152.019.
Así que en el momento de abrirse el nuevo Grand Prix, la venta de entradas había descendido la friolera de 8 millones anuales con respecto a 1953. Y un año después seguiría bajando hasta 9.805.333, según la base de datos de Osvaldo Saratsola en el sitio “Cinestrenos” de Internet: en diez años, un corte de diez millones.
Cuando la sala cerró, el 22 de julio de 1979, la venta de entradas marcaba 5.869.077, y había apenas 52 cines en Montevideo. Su reapertura implica entonces un toque de audacia, otro de romanticismo y una gran dosis de esperanza. Si la iniciativa prospera, otros querrán imitarla y ¿quién sabe? Tal vez se recupere, aunque sea en parte, algo de aquello que el viento se llevó.