• Cotizaciones
    miércoles 12 de junio de 2024

    El agro y el Uruguay que nos debemos

    Nº 2255 - 14 al 20 de Diciembre de 2023

    En una reciente reunión escuché al empresario argentino Gustavo Grobocopatel plantear que Uruguay debería pensar qué hacer con la estabilidad que ha conquistado. Él, que ha elegido radicarse aquí, seguramente entre otras razones por la estabilidad diferencial del país, planteó algo importante. La estabilidad es una parte, pero no es el todo. ¿Qué hacemos a partir de las ventajas de la previsibilidad?

    En esa instancia Grobo llevaba su presentación hacia los cofines de la biotecnología, la robótica, el futuro, instalándose en esa mezcla de cibernética y tratar de descarbonizar los procesos productivos para evitar que algo tan básico como el clima no se desmadre.

    Y no puedo evitar vincularlo con los trabajos que viene presentando Ricardo Pascale, que acaba de publicar el libro El Uruguay que nos debemos, continuación del excelente “Del freno al impulso”. Como construir una economía basada en el conocimiento. ¿Y como insertar al agro en esa lógica?

    En el agro la tecnología es fundamental, siempre lo ha sido pero en este siglo lo es más, porque tiene que aumentar la productividad reduciendo el impacto, algo que en los tiempos del arado no era posible. Son dos objetivos que no son fácilmente conciliables, pero la tecnología debe poder hacerlo.

    El agro tiene que ser un herramienta fundamental para revertir la divergencia que sigue ocurriendo entre Uruguay y los países desarrollados. Debe serlo porque en cualquier escenario el agro es un componente fundamental de la economía y la sociedad uruguaya, tanto por su propio peso específico como por su importancia en el territorio, acelerar el desarrollo del agro integrado con la economía de la información es mejorar los rincones más alejados del país.

    ¿Cómo hacer para que el agro sea protagonista de la liberación del país de la trampa de los ingresos medios? Ser un país estable es interesante, pero caro en relación al valor agregado que puede incorporar es un destino que nos condena a crecer 2% por año. Dos países en este sentido son de referencia: Finalndia un país con el que Uruguay tiene una relación económica a esta altura estructural; y Singapur, país con el que el Mercosur logró cerrar un acuerdo de libre comercio este 7 de diciembre.

    La sociedad de la información es edición génica, es conocer mejor los microrganismos del suelo para construir salud de los suelos, es 5G aplicado a interpretar las imágenes de los campos y llevar la agricultura y ganadería de precisión, es unir la trazabilidad con las balanzas y el big data para descifrar evaluando la trayectoria de las ganancias de peso y las prácticas de manejo estrategias deseables. Y no es que no se hagan cosas.

    En estos días INIA presentó una web, mapbiomas que nos integra al continente en el mapeo de ecosistemas y tiene aplicaciones en desarrollo para hacer eso a nivel predial entre tantas cosas en curso. Bajar el impacto ambiental para dar un salto en la valorización de los productos.

    Pero de lo que se trata es de construir la aceleración. Pensar todos juntos cómo aplicar la inteligencia artificial generativa a la solución de los problemas del agro. Cómo elaborar una estrategia de captura de carbono en los suelos y medirlo en tiempo real. Hoy parece de ciencia ficción pero en definitiva es un algoritmo complejo.

    Es posible antes de que empiece el fragor de las campañas electorales un acuerdo para dar un salto cualitativo en la inversión en ciencia, como tantas veces se ha planteado que llegue al modesto 1% del PBI.

    Y podría ese pacto ser más intrépido y proponerse una mejora gradual de ese presupuesto en ciencia e innovación para llegar al 2% en un futuro no muy lejano. O se puede ser más radical y plantear que la apuesta a la ciencia pase en el corto plazo del próximo gobierno a 2% del PBI.

    Podríamos tomar el acuerdo de libre comercio con Singapur como una excusa para ponernos a tiro con nuestros nuevos socios comerciales, una isla de desarrollo que al mismo tiempo puede ser en términos de ciencia y tecnología un espejo en el que mirarnos. Porque para eso sirve el cimiento de la estabilidad que se ha construido. Uruguay es el país de América del Sur para que eso suceda.