—En uno de sus últimos discursos, usted advirtió que hay un “proceso de desencorsetamiento social, de desinhibición colectiva, de emancipación inesperada en irreverente” facilitado por las redes sociales. ¿Ocurre también en Uruguay?
—En uno de sus últimos discursos, usted advirtió que hay un “proceso de desencorsetamiento social, de desinhibición colectiva, de emancipación inesperada en irreverente” facilitado por las redes sociales. ¿Ocurre también en Uruguay?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Es un fenómeno mundial. Es evidente que hay un desencorcetamiento de las sociedades, que hay un nivel de protesta, porque los medios de comunicación han cambiado. Antes, un buen periódico prácticamente daba la información y la gente sabía que la información más segura y respetable venía de determinado lugar, pero hoy en día las fuentes a través de las cuales se informa la gente son muy diversas; creo que se les ha perdido un poco el respeto a esas fuentes de saber que antes estaban muy localizadas. Los fenómenos políticos que estamos viviendo y el surgimiento del populismo tienen mucho que ver con esas formas de informarse y de acudir a las fuentes de información. Uruguay, pues sí, probablemente los que estabais aquí lo habéis notado más, pero yo vengo con esa sensación de que esto no es una excepción en el mundo.
—¿Hay una dificultad del sistema político para adaptarse y canalizar esas protestas?
—No observo en Uruguay el nivel de movilización que hay en Brasil. En estos momentos, las acciones en este país están bastante canalizadas en las vías institucionales.
Creo que en todos los sistemas políticos hay una especie de desinhibición del electorado, que está cada vez menos influido por mecanismos de actuación política que antes le venían dados y que ahora, parece, hay un cierto despertar a decir: “Nosotros, desde nuestras computadoras, vamos a decidir cuál es el futuro”. Es verdad que los sistemas políticos están diseñados en el siglo XIX, lo que prevén es un separación de poderes y plantean mecanismos de participación que quizás hoy en día estén rebasados, que la gente piense que eso de ir a votar cada cuatro o cinco años no es suficiente, que hace falta que se le escuche la voz más permanentemente. Y creo que las redes sociales ofrecen eso. Parecería que estamos entrando en una nueva fase en la forma de gobernar. Estoy hablando en general, porque esas formaciones políticas que de repente aparecen, ese populismo que se ha ido manifestando en algunas elecciones y procesos electorales, puede que haya llegado para quedarse. Es difícil saberlo.
—En su último discurso, el 9 de mayo, usted también dijo que el último año, para los europeos, no dudaría en que sea recordado como “aquella película de los años 80: El año que vivimos peligrosamente ”. Se refería en particular al Brexit y a cómo venían avanzando las elecciones en Francia y en Holanda. ¿Terminó el año del peligro?
—Creo que hemos avanzado mucho en los últimos tres meses. Hubo sobresaltos, hubo procesos electorales con cierta incertidumbre, pero creo que tanto en Holanda como en Francia las señales electorales han sido muy claras en cuanto a la profundización de la Unión Europea. Creo que estamos en un buen momento.
—Con la salida de Gran Bretaña hubo quienes pronosticaron el fin de la Unión Europea.
—No puedo decir que haya pensado jamás en ello. Que fue un mal trago, desde luego. Pero nosotros vamos a seguir adelante con ella. La Unión Europea ha crecido en base a las crisis. Cuando empiezan a estancarse las cosas en la década del 60, aparece la idea del mercado interior, y después aparece la idea del euro, y después la idea de la unión bancaria. Es decir, a partir de las situaciones de estancamiento que se producen, hay necesidad de un salto cualitativo.
—No solo en Europa hay cuestionamientos al multilateralismo. La llegada de Donald Trump al poder supuso un golpe al Acuerdo de París y a otros mecanismos multilaterales.
—Creo que afortunadamente el multilateralismo, que puede parecer soso y aburrido, tiene muchísimas ventajas. Hay problemas que ya no solo tienen una solución unilateral. Luchar contra el cambio climático, o luchar contra el terrorismo, o luchar contra las crisis económicas, no se puede hacer por un solo país. Hoy en día los problemas son generalizados y las soluciones deben venir por el multilateralismo. En el G20 quedó claro que todos creen en el acuerdo climático de París, y el que no quiere creer, allá él. En fin, estamos muy dispuestos no solo a seguir adelante, sino también a ocupar los huecos que vayan dejando otros.
—¿A nivel global hay una retirada de Estados Unidos de algunas áreas y la idea de que los huecos los debe ocupar la Unión Europea?
—Creo que en el ámbito comercial es donde quizás se han tomado decisiones. En el caso del TPP, el retiro de Estados Unidos es un ejemplo. Estamos convencidos de que la liberalización y el comercio generan riqueza.