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    El área de pasturas en las rotaciones agrícolas se multiplicó 3,5 veces, alcanzando este año las 200.000 ha

    La superficie total de la agricultura se mantiene en la “cifra mágica” de 1,5 millones de ha, dijo la directora de Renare, Mariana Hill

    El área destinada a la agricultura en el país, según los Planes de Uso y Manejo del Suelo, se mantiene en la “cifra mágica” de 1,5 millones de hectáreas, pero avanzó considerablemente la rotación con pasturas, que este año se multiplicaron casi 3,5 veces, pasando de 60.000 a 200.000 hectáreas, según informó a Campo la directora de la Dirección Nacional de Recursos Naturales Renovables (Renare) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Mariana Hill.

    Los registros de Planes de Uso y Manejo de Suelos no arrojaron para esta campaña de invierno importantes variaciones, en función de que el sistema aún no discrimina entre trigo y cebada por un lado y coberturas por otro, sino que controla únicamente que se mantenga el suelo cubierto con alguna de estas producciones. Hill señaló que esto se corregirá una vez que se cuente con una nueva “herramienta” que estará disponible en 2017, y que permitirá afinar más en la información. En esta zafra, aquellos productores que abandonaron áreas de trigo y cubrieron el suelo con pasturas no debieron proceder a realizar modificaciones en sus planes originales, y por tanto no fue necesario que declararan el cambio, cosa que sí deberán comenzar a hacer el año próximo.

    La jerarca dijo que la información que surge de los planes presentados indica que el área de soja cayó en el entorno de las 150.000 hectáreas, compensada con una superficie similar con cultivos de sorgo y maíz. La soja declarada se ubica en una cifra cercana a 1.100.000 hectáreas, que se mantienen desde el verano pasado, sin contar las chacras de menos de 100 ha que no tienen obligación de presentar planes. Si bien la Renare no estima la superficie total de estas últimas, consideran que sumadas puedan contribuir a completar 1,2 millones de ha del cultivo de la oleaginosa.

    Se constata, además, un salto importante del área de praderas en rotación con la agricultura, que pasan de 60.000 ha a 200.000 ha. Hill explicó que “lo que en términos globales se hizo fue aumentar un poco las gramíneas de verano y las pasturas para poder mantener un área similar de soja”, por lo que se verifica una mayor rotación.

    Existen dos períodos en el año en los cuales los productores pueden presentar modificaciones en sus planes originales y en general “siempre algún cambio hay”, dijo Hill, quien aclaró que ya planes nuevos son prácticamente inexistentes debido a que el área agrícola se mantiene desde que comenzó a operar el sistema para cultivos de invierno en 2013 y en 2014 con los de verano.

    La “cifra mágica” de 1,5 millones de hectáreas de agricultura en el país se mantiene, ahora con un porcentaje mayor de rotación con pasturas.

    Fiscalización

    Esta repartición pública del MGAP tiene tres niveles de fiscalización para los planes de Uso y Manejo de Suelos. Una de ellas es la efectiva presentación de los mismos. Cuando se observan áreas plantadas que no tienen planes presentados, funcionarios de la Renare se presentan in situ para detectar de qué cultivo se trata, ya que hasta el momento no se dispone de la tecnología que permita reconocer en forma remota, mediante el uso de imágenes, si se trata de sorgo, maíz o soja en el caso de los cultivos de verano o si se trata de un verdeo en un tambo, que aún no están obligados a declararlo. En caso de detectarse un cultivo no declarado se realiza un “apercibimiento” al responsable, ya que no está previsto, al menos por ahora, el cobro de multas para estos casos. De todas formas, Mariana Hill declaró a Campo que “el grado de cumplimiento en este caso es tan alto, que realmente ha sido muy difícil encontrar situaciones irregulares”. No obstante, indicó que sí se han detectado en algunos casos y se ha procedido de acuerdo con lo previsto. Hasta la fecha, la Renare ha hecho unos 600 apercibimientos desde la vigencia de la obligatoriedad de presentar los Planes de Uso y Manejo.

    El segundo nivel de fiscalización es el del cumplimiento del plan. Y la directora del Renare señaló que en este caso trabajan con “la lógica del productor”, ya que alguien que haya declarado hacer soja “es muy poco probable que haga otra cosa”. Relató que de los sondeos realizados surge que “el que declara soja, hace soja”.

    Puntualizó que quienes pueden incumplir son aquellos que declararon sorgo, maíz o pasturas, por lo que el área a controlar es únicamente de unas 250.000 ha. Indicó que esa tarea se realizó en aproximadamente un 70 % del área y que el resultado arrojó un grado de incumplimientos ubicado entre el 4 % y el 6 % y que en la mayoría de los casos se trató de cultivos de soja no declarados.

    En esos casos se realiza el apercibimiento al responsable, “que es como una amarilla”, ya que, según señaló Hill, el sistema nunca fue pensado con un afán de recaudar ni de lograr resultados en la conservación de suelos a partir de las multas, sino “tratando de que la gente se comprometa”. Indicó que “roja directa no hay”, pero que “hay que ver qué pasa en la próxima salida a fiscalizar, porque siempre se va primero a donde se puso la amarilla”.

    En el caso de las chacras en donde se abandone la práctica agrícola, como se puede prever que suceda sobre todo en zonas de menor aptitud agrícola o más alejadas de los centros de acopio, el productor no tiene necesidad de presentarse ante la Dirección. Explicó que siempre que el manejo que se le haga al campo pase de un sistema de mayor intensidad a uno de menor, simplemente debe comunicar que abandona la agricultura y no debe volver a presentar planes en tanto no vuelva.

    Sin embargo, indicó que se debe ser “cuidadoso” en las transiciones, que son consideradas “caso a caso”, ya que no es el ideal que quede un rastrojo en una chacra abandonada, sino que en esos casos puede admitirse un cultivo más y posteriormente dejar ese suelo cubierto con pasturas, por ejemplo.

    Impacto de las políticas

    Consultada sobre la medición del impacto en las políticas de conservación de suelos mediante la obligatoriedad de la presentación de Planes de Uso y Manejo, Mariana Hill indicó que se utiliza el modelo de ensayos de larga duración de Inia La Estanzuela, que tiene 50 años de “calibración” y “validación” en el país. Explicó que se toman “varias situaciones” y por ejemplo “se asume” que en determinada chacra se hace solo soja. Allí se “corre” el modelo y se estima la erosión, en un mismo sistema, con un mismo suelo, con igual pendiente y suponiendo que no hay cambio climático, con la misma lluvia. Se “modelan” distintas alternativas y surge qué es lo que va a pasar en ese suelo con uno u otro escenario. “A nosotros nos gusta trabajar con modelos porque a veces los indicadores demoran en manifestarse, y el daño ya puede estar hecho y ser irreversible”, dijo la jerarca.

    No obstante, dijo que “bien podríamos hoy definir un plan de monitoreo, que está previsto pero que todavía se halla en la etapa de diseño”. Hill señaló que podrían haberse tomado muestras de suelo en 2013, cuando comenzó la aplicación del plan, y compararlas con muestras dentro de 10 años, pero que eso no se hizo; pero sin embargo, se está a tiempo, ya que el impacto va a comenzar a manifestarse en un plazo de cuatro años o más.