N° 1822 - 02 al 08 de Julio de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPara empezar, definamos lo que es el capitalismo. El capitalismo es un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, incluyendo los derechos de propiedad, en el que toda propiedad es privada. Parte de la base de que todas las relaciones humanas se hacen en forma voluntaria: comprar, vender, casarse, votar. El uso de la fuerza está vedado y el rol del Estado es para garantizar los derechos individuales.
Para que exista capitalismo tiene que existir libertad. Libertad de pensamiento, de acción y de comercio. El libre mercado, donde hay miles de oferentes (vendedores) y miles de demandantes (compradores) hace imposible que unos puedan imponerse a otros por la fuerza, sea la fuerza física o la fuerza del poder económico. Basta ver lo que sucede en una feria de barrio: los feriantes ofrecen sus productos a diferentes calidades y precios, y los compradores los adquieren de acuerdo con sus propias necesidades, posibilidades y criterios de selección. No hay ni leones ni ratones.
Esta realidad está muy alejada del concepto de “selva” o “salvaje”, donde rige la ley del más fuerte. Es en los regímenes socialistas, estatistas o mercantilistas, donde existen aquellos que se imponen ante los ciudadanos y los consumidores. Son los monopolios (como el de Ancap, Antel, BSE en accidentes de trabajo, AFE y tantos otros) los que transforman a los consumidores en débiles rehenes. O es bajo sistemas prebendarios, donde el mandamás de turno ofrece licencias, contratos exclusivos o subsidios, que hacen que unos pocos tengan ventajas sobre otros, no por sus méritos sino por sus contactos.
El capitalismo fomenta la meritocracia. Son los mejores productos, los mejores servicios, las mejores empresas, los mejores investigadores o los mejores empleados, los que logran llegar a la cima, más que en ningún otro sistema humano.
Nunca los pobres han tenido más y mejores oportunidades que en un sistema capitalista. El afán de mejorar de los emprendedores y la competencia hacen que los productos sean cada vez mejores y más baratos. Cuando, para aludir a la Revolución Industrial, nos muestran a los obreros trabajando largas horas dentro de fábricas textiles en condiciones nada agradables para nuestros días, no nos dicen que esos mismos obreros —antes campesinos— se morían de hambre y frío en los campos y que en las fábricas encontraban comida y abrigo. Tampoco nos dicen que gracias a esos eficientes telares, millones de personas pudieron comprarse un abrigo que antes era solo para los verdaderamente ricos.
El capitalismo exige que cada individuo use la razón para sobrevivir. Desde elegir el trabajo que más le guste o convenga, generar ingresos e intercambiar el fruto de su labor por otros bienes o servicios. El arma en el capitalismo es la persuasión, no la agresión. ¿Qué tiene esto de “salvaje”? ¿Acaso un monopolio no es más “salvaje”?
Además, se confunde capitalismo con mercantilismo. Nos quieren hacer creer que privatizar una empresa pública ineficiente para dársela a unos amigotes, es capitalismo, cuando en realidad es la entrega de una patente de corso en pleno siglo XXI.
El capitalismo ha sido el sistema que más prosperidad le dio a la humanidad toda. Por eso millones y millones de individuos de todas partes del mundo fueron a buscar a los países capitalistas (con Estados Unidos a la cabeza) las oportunidades laborales y la libertad que en sus comarcas les eran esquivas. Sin embargo, hoy en Estados Unidos no se practican ni de cerca las reglas establecidas por los Padres Fundadores y ante cada desfalco en Wall Street o la quiebra de una gran empresa, se dice que “el capitalismo está en crisis”; cuando en realidad, son las medidas intervencionistas las que traen las crisis.
El gran problema del capitalismo no son sus detractores, sino sus débiles defensores. Los empresarios deberían ser los primeros en levantar la bandera del capitalismo y el libre mercado, seguidos por la academia y los partidos políticos que dicen defender la libertad. Pero, ¿dónde están?