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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAlguien dijo alguna vez que cuando una persona se ocupa obsesivamente del Estado de Israel —y no precisamente para elogiarlo— es porque en el fondo tiene algo contra los judíos.
La reflexión viene a cuento de la carta del Dr. José Olivera J. que Búsqueda recoge en su edición del 3 de diciembre de 2015. Porque si bien el objeto de su comentario es el llamado choque de civilizaciones entre la yihad islámica y Occidente, la columna desemboca en los derechos del pueblo palestino —que (me apresuro a decir) nadie niega— y el Estado de Israel. Lo hace formulando tres preguntas (luego reiteradas en una nueva carta en el mismo semanario), de las cuales pasamos a ocuparnos por su orden.
La primera. ¿Tiene derecho el gobierno de Israel a imponer a Jersualem como capital indivisible del Estado de Israel en contra del status que las Naciones Unidas le asignaran en 1947 (cuando se votó la llamada “internacionalización” de Jerusalem)? (La transcripción no es textual).
La formulación de la pregunta pudiera inducir en la creencia de que fueron los judíos quienes rechazaron el plan de partición de Naciones Unidas del ‘47 y con él el status internacional de Israel. Fue exactamente al revés. La resolución de Naciones Unidas de 1947 decidió que en el territorio del entonces Mandato Británico se crearan dos Estados, uno judío y otro árabe; la misma resolución decidió también la internacionalizacón de Jerusalem. ¿Qué pasó? Los judíos la aceptaron; los árabes la rechazaron. (No sólo la rechazaron: inmediatamente comenzaron el ataque a poblados judíos en Palestina, luego seguidos por la invasión de los ejércitos de cinco países árabes). Quiere decir que si alguien violó el status internacional de Jerusalem, no fue Israel sino los países árabes, en su desconocimiento de la decisión de la ONU.
La segunda. ¿Tiene derecho Israel a construir cientos de pueblos para colonos israelíes en el territorio palestino ocupado?
A nuestro juicio, la pregunta es sesgada: porque no se puede considerar la ocupación israelí en la margen occidental haciendo total abstracción del marco en el cual se inserta, a saber: una guerra —la de 1967— y un estado permanente —la amenaza y la inseguridad a la cual Israel se ve expuesta desde el día en que nació—. Con la licencia del lector, tengo la más plena y absoluta certeza de que la ocupación israelí finalizaría de inmediato si el Estado Palestino garantizara la seguridad de Israel —hasta ahora no lo ha hecho—. De manera que los pueblos construidos por los colonos no son la causa del problema, sino su consecuencia. A los hechos me remito: en el 2005 Israel se retiró unilateralmente de una parte del territorio ocupado —la franja de Gaza—. ¿Sirvió para que haya paz? Al revés. Los ataques desde Gaza se acentuaron.
La tercera. ¿Tiene derecho Israel a construir 600 km de muro en los territorios palestinos ocupados?
Una vez más, la pregunta confunde la causa con el efecto. Nadie construye un muro de esas características sin motivos (justificados o no). Si Israel lo hizo, fue porque entendió que el muro mitigaría el flujo constante de perpetradores de actos suicidas que provenían de la margen occidental. De hecho, construido el muro ese flujo mermó. Aún así, el terrorismo subsiste hoy día —apuñalamientos por la espalda, hachazos, atropellamientos deliberados, etc.—.
Pero de estos últimos, la carta que nos convoca guarda silencio. De ahí el pensamiento inicial: el lector reflexivo juzgará si la carta del Dr. José Olivera J. acaso ratifica o desvirtúa la vigencia de la frase del comienzo.
Jonás Bergstein
CI 1.316.079-4