—En las encuestas de Equipos, Daniel Martínez aparece como claro favorito en la interna del Frente Amplio. ¿Qué chance tiene de perder?
—Candidato formalizado no hay ninguno. Respecto a Martínez hay una definición del Partido Socialista, Cosse tiene algunos sectores que impulsan su candidatura y (Ernesto) Murro ha sido mencionado nada menos que por el líder político más popular del país, José Mujica. (Óscar) Andrade tiene un apoyo formal de su partido; (Mario) Bergara es un candidato que está en las gateras. Hay muchos nenes para el trompo. Y está el nene más grande que es Mujica. Él dice que no va a ser candidato, posiblemente es cierto que no quiere ir, pero política es política y habría que esperar un tiempo más para darlo por fuera de la carrera.
—Si bien no es la primera vez que el Frente Amplio tiene más de un precandidato, la coyuntura parece distinta, porque la mayoría tiene una intención de voto baja.
—Para el Frente el escenario es distinto en varios sentidos. Primero por las cuestiones de coyuntura: peor percepción de la economía, peor evaluación del gobierno, más insatisfacción con algunos temas como la economía y la inseguridad. Y eso se combina con una especie de renovación de liderazgos: Astori dijo que no va, Vázquez no puede constitucionalmente y Mujica está anunciando que no va. Si ninguno va, la mayoría de los candidatos van a ser nuevos, van a hacer su primera campaña presidencial. Eso no afecta solo su candidatura, sino posibles realineamientos sectoriales.
—¿Qué puede pasar con los votos de Mujica si efectivamente desiste de ser candidato?
—Las experiencias de designación de un líder hacia otro en general han fracasado o tienen un impacto menor, pero las estructuras pesan. El MPP tiene una estructura muy grande, es un sector organizado, articulado, y si monolíticamente apoya a un candidato, más el peso que puede tener Mujica, eso va a tener efecto. Está claro para cualquier candidato que es mejor tener el apoyo del MPP y Mujica que no tenerlo.
—Martínez pudo ganarle al MPP en la campaña por la Intendencia de Montevideo.
—Sí, claro, no quiere decir que sean invencibles. También es cierto que son distintas las elecciones nacionales de las departamentales, y que tener un sector fuerte atrás como el MPP o el Partido Socialista es un plus importante.
“Hay muchos nenes para el trompo. Y está el nene más grande que es Mujica. Él dice que no va a ser candidato, posiblemente es cierto que no quiere ir, pero política es política”.
—¿Los nuevos contendientes como Andrade, Cosse o Murro tienen tiempo de construir una candidatura?
—Hay tiempo de sobra, pero en buena medida depende de los apoyos sectoriales. Si cualquiera de estos candidatos, incluso uno menos conocido que estos, logra el apoyo de algunos sectores referentes y se mete en campaña, inmediatamente cobra notoriedad y visibilidad. Si alguien es candidato y atrás suyo está el apoyo de sectores, ese candidato adquiere notoriedad, después dependerá de sus cualidades.
—Siempre se dice que gobernar cuesta votos. ¿Cuántos le ha costado al Frente Amplio después de tres gobiernos?
—Cuántos votos le va a costar al Frente Amplio, lo vamos a ver después de la elección. Está claro que gobernar cuesta votos. Es una regla general en Uruguay que el partido que gobierna en la elección siguiente vota por debajo a la elección anterior. Incluso el Frente Amplio perdió votos. En Montevideo perdió votos de manera importante y se compensó con el crecimiento del interior. En un contexto más complejo del humor social, uno debería suponer que ese efecto debería ser mayor, pero también depende de muchas cosas. Estas reglas no son universales y es muy difícil hacer generalizaciones.
Las encuestas de intención de voto muestran que hoy el Frente Amplio está muy por abajo respecto a lo que estaba en estas fechas las tres elecciones que ganó. Está más de 10 puntos por abajo si se compara ahora con cómo estaba el 1º de octubre de 2013, por ejemplo. Eso significa que lo que el Frente Amplio necesita crecer en un año es mucho más de lo que necesitó crecer en las otras oportunidades. Entonces, necesita un partido fuerte y además necesita un candidato, un líder que le dé un plus al partido.
“Si el año que viene seguimos viendo estos niveles de desencanto político, creo que el período que viene vamos a tener un gobierno, gane quien gane, que va a arrancar con problemas de legitimidad”.
—¿Hay liderazgos fuertes en el Frente Amplio para suplantar a la tríada Vázquez-Mujica-Astori?
—¿Cuál es la definición de liderazgo? Es tautológica la definición: el liderazgo es lograr que alguien te siga. Y eso no se ve hasta que no estás en la cancha. Hoy tenemos a Daniel Martínez que, por ejercer un rol ejecutivo, por haber ganado una elección donde derrota al MPP, tiene una legitimación importante. El resto no porque nunca compitió por cargos ejecutivos y su desempeño en campaña es una incógnita; de repente salen a la cancha y la rompen, o de repente no. Creo que en el Frente Amplio, como en otros partidos uruguayos, hay muchos líderes en los que uno encuentra cualidades positivas.
—El Frente Amplio tiene un panorama complejo. ¿Cómo ve a la oposición?
—Siempre se habla de “la oposición”, pero en realidad hay varias oposiciones y no una coalición opositora. En la oposición hay cosas tan distintas como el Partido de la Gente y Unidad Popular. Hay una asimetría muy grande. Al Partido Nacional, que desde hace 15 años es el partido desafiante del sistema, hoy las encuestas lo muestran fuerte: en torno al 30% sin todavía asignarle indecisos. Después hay cuatro partidos más chicos, con un Partido Colorado por encima del resto, más cerca del 10%. Si toda esa oposición articulara, y todos los votantes fueran fieles a esa posición, hoy está claro que la suma de toda la oposición es más que el Frente Amplio, matemáticamente. El tema es que todavía estamos muchas etapas antes de poder imaginar cómo sería ese tipo de acuerdo.
—El intendente de Cerro Largo, Sergio Botana, dijo que Lacalle Pou es el mejor candidato para salir segundo. ¿Tiene un techo bajo Lacalle Pou?
—En un sistema electoral como el que tenemos, en una segunda vuelta muchos votantes van a terminar votando a un candidato que no les gusta. Y en el escenario actual, en el cual —y como hace mucho tiempo no ocurría— tenemos a todos los líderes políticos con saldo neto negativo, es posible que incluso ya en primera vuelta haya electores que terminen votando a un candidato que no les gusta.
—¿Será un voto por el menos malo?
—En una segunda vuelta, es votar al que me genere menos rechazo. Pero hoy no necesariamente los niveles de rechazo son un indicador directo de un techo electoral que indique que alguien no puede ganar. Hoy está bastante claro que la definición estará entre el Partido Nacional y el Frente Amplio. Hay una pulsión de cambio en la sociedad uruguaya, de querer cambiar las cosas, hay malestar con la marcha de cómo va el país, que favorece a un cambio de gobierno y a la oposición. No sé si es tan sencillo para el Frente Amplio encontrar el vericueto y hablar del cambio sobre el cambio. Hoy el cambio favorece claramente al Partido Nacional, pero también es cierto que no todo el mundo está dispuesto a cambiar a cualquier cosa, tiene que haber un mínimo componente de seducción de un proyecto político alternativo para que la gente cambie con cierto gusto o no con mucho disgusto. Para eso están las campañas. No me parece muy razonable, antes de arrancar la campaña, hablar de techos rígidos, porque esas son típicas cosas que se pueden modificar en campaña.
“Hoy está bastante claro que la definición estará entre el Partido Nacional y el Frente Amplio. Hay una pulsión de cambio en la sociedad uruguaya, de querer cambiar las cosas, hay malestar con la marcha de cómo va el país, que favorece a un cambio de gobierno y a la oposición”.
—¿Cuánto le podría sumar a la oposición opciones como las de Edgardo Novick o el espacio socialdemócrata de Pablo Mieres?¿Atraen votos de frenteamplistas desencantados o “pescan” dentro de la pecera de la oposición?
—Estamos muy acostumbrados a razonar la política en clave ideológica, y está bien, porque no creo que las ideologías hayan desaparecido, pero los motivos de desencanto con el Frente Amplio son múltiples. Y los posibles motivos por los que un desencantado puede encantarse con otro, también pueden ser múltiples. Entonces, alguien que votó al Frente Amplio, pero que posiblemente no es de izquierda, quizás pueda votar en clave no ideológica y no luce inconsistente venir y votar a otro candidato. Los electores indecisos hoy están indecisos porque efectivamente tienen en su interior contradicciones muy fuertes. El punto es cómo se van a ir resolviendo esas contradicciones.
—¿Cuál ha sido el peso de la irrupción de Sanguinetti en la campaña?
—Es difícil establecer relaciones causales, pero hay algo bastante evidente: el Partido Colorado cuando Bordaberry da un paso al costado definitivo, llegó a marcar el 5% en una encuesta. A partir de que Sanguinetti sale a la cancha de forma más notoria, empieza a recibir una atención importante de la agenda mediática, empieza a recoger adhesiones en las encuestas y a partir de ahí el Partido Colorado comienza a situarse en el entorno del 10%. No podemos asignar linealmente, pero parece una hipótesis muy razonable que la salida a la cancha de Sanguinetti y la candidatura de Talvi contribuyeron al crecimiento del partido.
—¿Eso no obliga a Sanguinetti a ser candidato?
—Creo que Sanguinetti y Mujica están en situaciones parecidas. Los dos tienen resultados muy buenos en las encuestas dentro de sus respectivas colectividades. Los dos están diciendo que no quieren ser candidatos y a los dos hay muchísima gente que les están pidiendo que lo sean para el bien del partido y del país. Desde un punto de vista, las candidaturas de Sanguinetti y Mujica tienen como un componente de renovación. Son como una novedad. La de Sanguinetti es una novedad, y la de Mujica también tiene un componente de frescura. No siempre la renovación es lo nuevo, en algunos contextos, por lo menos para un conjunto de ciudadanos, lo viejo puede terminar siendo nuevo. Ahora, una cosa es medir a Mujica y Sanguinetti en una encuesta de opinión, donde la gente expresa su simpatía en un contexto de insatisfacción con la oferta política, y otra cosa son las dudas que puedan surgir respecto a cómo Sanguinetti y Mujica se desempeñen en una campaña electoral. Los dos tienen una trayectoria importante encima, para lo bueno y para lo malo.
“En Uruguay no hay un Bolsonaro, para eso tendría que darse un gran descontento con la política. Todavía no se instaló el 'que se vayan todos', está el 'no me gusta nadie'”.
—¿Es posible que Larrañaga revierta la ventaja que le sacó Lacalle Pou?
—Lacalle Pou parte con una distancia importante sobre Larrañaga. Es cierto que en las internas del Partido Nacional ha habido muy frecuentemente arremetidas de atrás del que va perdiendo, también es cierto que la distancia de Lacalle Pou con Larrañaga es amplia. Pero bueno, las campañas electorales son para esto. Además, así como para un uruguayo cambiar de un partido a otro es una decisión complicada, cambiar de candidato adentro de un partido es mucho más light. Hay personas que pueden llegar a cambiar más de una vez de candidato en una interna porque está dentro de su comunidad. Entonces, las campañas pueden ser decisivas. Larrañaga ha tenido un crecimiento en torno al 20%, 25% que le da una plataforma para plantarse.
—En los últimos años hubo votaciones como la del Brexit y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos que sorprendieron a las encuestas y que reflejan cambios de valores. Algo similar parece suceder en Brasil, donde Jair Boslonaro encabeza las encuestas. ¿Algo similar puede emerger en Uruguay?
—Hay toda una línea de trabajo académico que habla del retorno del conflicto a la política. Pasamos algunas décadas a nivel global donde el consenso era lo buscado, lo deseado, y hemos tenido en los últimos tiempos, la emergencia de visiones más polarizadas, que reflejan una estructura de valores de la sociedad. Quizás estemos en una nueva fase de la democracia global donde vamos a enfrentar más conflictos.
—Una hipótesis es que Bolsonaro o Trump representan a gente cuya opinión no aparecía en el mainstream porque no era “políticamente correcta”. En Uruguay hay críticas públicas cada vez más habituales contra la denominada “agenda de derechos”.
—En Uruguay había una mayoría amplia favorable al matrimonio igualitario en términos de dos a uno, había una sociedad muy dividida respecto a la despenalización del aborto, y había una minoría que aprobaba la regulación estatal del consumo de marihuana. Es cierto que en el espacio público algunas de estas expresiones estaban más matizadas y ahora se expresan más, eso tiene que ver con los ciclos políticos.
—¿Pero no hay nadie que haya logrado acumular políticamente con ese discurso de descontento?
—En Uruguay no hay un Bolsonaro, para eso tendría que darse un gran descontento con la política. Todavía no se instaló el “que se vayan todos”, está el “no me gusta nadie”. Creo que el año que viene deberíamos ver una moderación en los niveles de desencanto con la política. Desde el punto de vista del ánimo ciudadano hacia la política estamos en el contexto más complejo de los últimos 30 años. Si el año que viene seguimos viendo estos niveles de desencanto político, creo que el período que viene vamos a tener un gobierno, gane quien gane, que va a arrancar con problemas de legitimidad. Es distinto que gane un presidente que tenga una popularidad del 60%, a que gane uno con una popularidad del 15%. Quizás el desafío más importante en un contexto de ese tipo es la gobernabilidad. ¿Cómo gobiernan con un nivel bajo en un período donde va a ser necesario hacer alianzas?
Contratapa
2018-10-04T00:00:00
2018-10-04T00:00:00