Vamos a dedicar la clase de hoy a recordar a uno de los personajes que hicieron historia en el Uruguay del S.XXI.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace muchos años, mis queridos alumnos, hubo en este país un joven y promisorio político, que decía llamarse, y se hacía llamar, doctor don Juan Pérez de Montalbán.
Hijo de un guerrillero que se había alzado en armas contra el gobierno, que sufrió luego años de cárcel, el doctor don Juan Pérez de Montalbán se exilió durante muchos años junto a su familia en Cuba, donde obtuvo la Licenciatura en Genética Humana, tras largos años de estudio. Interesa que sepan que su talento era tal, que al fin de cada uno de los años que duró su carrera universitaria, las autoridades académicas le otorgaron una medalla de oro, premiando así su lucidez y su talento, que eran puestos de manifiesto por los profesores, poniéndolo de ejemplo frente a sus compañeros.
De regreso al Uruguay, el doctor don Juan Pérez de Montalbán se dedicó durante un tiempo a la vida académica y científica, así como a la investigación en su especialidad, la genética humana, publicando artículos de altísimo nivel en revistas arbitradas del mundo de la medicina. Se recuerda su famoso opúsculo sobre “El genoma progresista. Abordaje a la clonación de pensadores de izquierda, con el fin de preservar esta especie”, que le valió su precandidatura al Premio Nobel de Medicina, lo cual, lamentablemente, no se concretó.
Pero un día, alentado por su padrino, el ex guerrillero devenido en político don José Mujica, el doctor don Juan Pérez de Montalbán decidió dejar atrás la ciencia para dedicarse a la política.
Su primer cargo en este nuevo mundo fue el de Representante Nacional, posición en la que se aburrió mucho porque lo suyo era la gestión y la ejecutividad, y no el tantas veces hueco palabrerío del Parlamento.
Ya siendo presidente su padrino José Mujica, el doctor don Juan Pérez de Montalbán ocupó, a instancias de su mentor, primero la Vicepresidencia de Ancap y luego la Presidencia de una de las más grandes empresas públicas del Uruguay, una refinería de petróleo que, bajo la conducción de nuestro personaje de hoy, llegó a diversificar de tal modo las actividades de su giro, que fue capaz de refinar petróleo, fabricar bebidas alcohólicas, producir y exportar cemento, manejar gasolineras, fabricar remolcadores, perfumes de mujer y repelentes de mosquitos.
La empresa no era rentable, pero eso era lo menos importante, ya que, en su filosofía, lo realmente valedero para una empresa del Estado es aportar dinero a obras que enriquezcan a la sociedad, a los más y a los menos necesitados, con una visión global y redistributiva, sin miramientos ni auditorías incómodas que estén todo el día inmiscuyéndose en minucias tales como los balances y las rendiciones de cuentas.
Fue así que el doctor don Juan Pérez de Montalbán logró mandar construir un remolcador que costó 12 millones de dólares pero nunca pudo navegar, erigió una planta de biocombustibles en las tierras en las que su progenitor había alborotado a los cañeros abuelos de los actuales campesinos, y en homenaje a este histórico hecho logró que la empresa Alur perdiera 150 millones de dólares en un año. Creó, a la sombra de Ancap, decenas de empresas públicas de derecho privado, que fabricaban cemento, perfumes y grappamiel, sin que nadie revisara sus cuentas, porque sus estatutos las amparaban. Contrató para hacer la publicidad de las empresas bajo su paraguas a la agencia de un amigo de un amigo, en designación digital (es decir, a dedo), la cual sobrefacturaba alegremente en todos los rubros, desde los medios a los proveedores de alimentos para las fiestas. En una de ellas se gastaron 360.000 dólares para festejar la apertura de una planta de desulfurización. Hasta le mandó regalar 5.000 dólares a un correligionario que iba a poner una radio en el interior, disfrazados de publicidad para los informativos del mediodía.
Sus éxitos fueron tales que el padrino Mujica lo premió luego con el Ministerio de Industria y Energía, del cual fue titular, volviendo a mostrar sus extraordinarias habilidades para la gestión pública.
Sus rutilantes características y su capacidad despertaron la atención del Dr. Tabaré Vázquez, quien lo seleccionó como compañero de fórmula para las elecciones de 2014, en las que resultó electo Vicepresidente de la República.
En determinado momento, no se sabe con exactitud cuándo, empezaron a aparecer sospechas sobre la trayectoria y los logros del doctor don Juan Pérez de Montalbán.
Mientras le revisaban los parlamentarios su gestión en Ancap y aparecían contradicciones, hechos sospechosamente parecidos a ilícitos o al menos grandes desprolijidades, en lugar de quedarse para enfrentar las acusaciones desde su banca como presidente de la Asamblea General, el doctor don Juan Pérez de Montalbán se fue a Cuba a visitar a sus ex compañeros de la universidad en la que había obtenido la Licenciatura en Genética Humana.
Justo a su regreso, una sagaz periodista investigó los datos referidos a su carrera universitaria y encontró que el doctor don Juan Pérez de Montalbán nunca había obtenido título alguno, por lo que todas las cualidades académicas que se auto-otorgaba eran falsas.
Se descubrió que todos los artículos científicos que había publicado los había contratado a expertos en el tema, a quienes les debía los honorarios de los tiempos de la publicación, pero los había compensado generosamente pagándolos años después con unos fondos de Ancap destinados al rubro “aportes a la investigación científica”.
Fue entonces, queridos alumnos, que alguien recordó que en el Siglo XVII en España había ocurrido un caso muy parecido, protagonizado, vaya coincidencia, por una persona que también se llamaba a sí mismo, y se hacía llamar por los demás, “doctor don Juan Pérez de Montalbán”.
El vate del Siglo de Oro español, don Francisco de Quevedo y Villegas, le dedicó uno de sus versitos irónicos, tan populares en esos tiempos. Decía así: “el doctor, tú te lo pones, de Montalbán, nada tienes, con que quitándote el don, vienes a quedar Juan Pérez”.