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    El ejército invisible

    Nº 2171 - 28 de Abril al 4 de Mayo de 2022

    El gobierno perdió una oportunidad. La oposición también. Y antes de seguir aclaro que la doble pérdida no es una especie de empate, de punto medio, de criticar para un lado y equilibrar para el otro. Nada de eso. Son dos errores que suman dos; dos oportunidades que se perdieron; dos malas noticias para Uruguay y su proyección futura. Lo intrincado de explicar es que ese doblete se explica por un mismo defecto: la miopía general que atraviesa la política y le impide ver una relación más fructífera con la economía.

    Antes de ir a la conferencia de prensa del pasado lunes 18 y sus polémicos anuncios, voy cinco años para atrás. Por aquel entonces el presidente Tabaré Vázquez nos había prometido una entrevista en profundidad. Nos pusimos a trabajar junto con un equipo de periodistas en el armado de aquel encuentro, que luego no se concretó por decisión de Vázquez. No obstante, la reunión preparatoria con el material recolectado por los colegas fue reveladora. En una columna escribimos los logros de la primera presidencia, en la otra columna los logros del segundo mandato. La diferencia era tanto cuantitativa como cualitativa.

    Dicho en pocas palabras: entre 2004 y 2009 se hizo mucho más y además se hizo mucho mejor que entre 2014 y 2019. ¿Cómo explicar que un gobierno con un mismo presidente logre en cinco años reformar la educación (Ceibal), la salud (Fonasa), el trabajo (Consejo de Salarios), los hábitos sociales (el cigarrillo), la producción (UPM 1), los impuestos (IRPF) y que en su siguiente mandato intente menos de la mitad de las cosas y además sin éxito (Ibirapitá, Sistema Nacional de Cuidados, inclusión financiera)?

    Cuando se conversa de esto con los implicados, la respuesta suele ser un golpe a la interna del Frente Amplio: “Había que arreglar el lío que dejó el Pepe, lo primero era poner la casa en orden” es la frase que resume la defensa de la segunda magistratura de Vázquez. Nótese que esa frase de “ordenar el relajo heredado” se usa también en el actual gobierno, en referencia justamente a la última presidencia de Vázquez. Si bien podría ser cierto en ambos casos, me inclino por la opción contraria: en ambos casos es falsa, en ambos casos se utiliza como modo equivocado de entender la relación entre economía y política. Ahora sí volvamos a la conferencia de hace dos semanas y tratemos de unir los sucesos.

    El presidente Luis Lacalle Pou junto con Azucena Arbeleche, Pablo Mieres e Isaac Alfie anunciaron un aumento a las pasividades (3% a partir de julio) y a los salarios de funcionarios públicos (2% a partir de julio). A su vez, sugirieron que los privados adopten medidas similares y que el tema será abordado en las 88 mesas de negociación colectiva en las que participa el Ministerio de Trabajo.

    ¿Qué se busca con las medidas? Poner dinero en el bolsillo de la gente para paliar el aumento de precios a escala internacional y su repercusión local. ¿Qué se critica de la medida? Que es insuficiente, que son los bolsillos equivocados, que es contradictoria y que aumentará la inflación. Las últimas semanas estuvieron dedicadas a explicar todos estos problemas en detalle. Sin embargo, todas las críticas versan sobre el mismo problema que denuncian: la mirada económica para definir políticas públicas o, para ser más precisos, explicar solo con números cosas que no se explican numéricamente.

    Vuelvo a pregunta sobre la cantidad de logros de la primera presidencia de Vázquez y la escasez de logros de la segunda. La respuesta sonará extraña pero es la siguiente: hubo en el primer mandato un ejército de entusiastas dispuesto a dar un servicio a la patria más allá de lo salarial. ¿Suena muy romántico? Pero es lo que pasó, y el entusiasmo, como sabemos, hay que alimentarlo para que no se apague. Si no, llega la desidia, el desinterés, la apatía, la distancia, el cansancio. ¿Suena muy pesimista? Es lo que pasó.

    El problema del entusiasmo atraviesa a todas las agrupaciones políticas y a cualquier colectivo en general, pero es particularmente importante cuando se gobierna. La pelea por sostenerlo vivo es fundamental. Y eso no se hace con dinero. Es importante reparar en ello: generalmente las personas que abandonan sus actividades privadas para estar en lo público ganan menos dinero. Compensarán eso con el reconocimiento público, la adhesión a la causa y el servicio prestado, pero no con lo salarial.

    En la plenitud de la vida adulta y productiva (entre los 30 y los 60 años), es muy probable que pague mejor la actividad privada que la pública. En algunos ámbitos, como ingeniería, economía, derecho, deporte, medicina, arquitectura, turismo, no es muy probable, es un hecho. Se gana más dinero si no se trabaja en el Estado. Los cargos importantes de un gobierno están cubiertos por gente que en su gran mayoría haría más dinero si no estuviera allí. Entiendo que esto no aplica a los mandos medios y a una cantidad de burocracia acumulada a lo largo de 200 años, pero eso no quita el dato clave: lo que te sostiene en la actividad pública de primera línea es el entusiasmo con el proyecto, con la visión estratégica, con el orgullo de sentirte parte del país y de su destino.

    Eso, aunque parezca menor, es lo mayor de todo. Y justamente es tan mayor que es inconmensurable: no entra en datos, en estadísticas, en porcentajes, en equilibrios macros ni micros. Es el combustible que hace andar la política: creer, confiar, dar el salto, inspirar. Para eso hay que tener visión estratégica, es decir, preocuparse no solo de controlar, ajustar, equilibrar, sino sobre todo de apostar, impulsar, arriesgar, inspirar. Eso es lo que faltó en la última conferencia y es lo que nos hará salir definitivamente del tiempo de pandemia.

    Mantener los equilibrios macroeconómicos, por supuesto. Mantener el control del gasto y la mejora en el uso de los recursos, por supuesto. Lograr el acceso a los servicios básicos de toda la población, por supuesto. Pero solo eso no. Eso solo funciona en paralelo con lo otro: la proyección, lo no medible, la admiración ciudadana, el ejército de entusiastas que necesitan volver a entusiasmarse con lo nuevo que está por venir y que se puede gestar a partir de hoy. Los entusiastas que buscan soluciones nuevas a los problemas de siempre. Eso es lo que no tuvo Vázquez en su segundo mandato, pero sí en el primero. Hoy el gobierno tiene un ejército de entusiastas, pero es chico. Faltan soldados.

    El principal desafío no es que cierren las cuentas ni entregar la casa en orden. Es definir los planos de la reforma que la casa necesita y empezar a concretar al menos uno. Los espacios que tiene que alojar el nuevo hogar ya los sabemos: valor agregado en la cadena exportadora; medioambiente y nuevas industrias; democracia digital; educación innovadora; ciencia, tecnología y cultura como una tríada virtuosa; Estado presente sin paternalismo; políticas a partir del aumento de la expectativa de vida; innovación y apertura al mundo. ¿Suena muy genérico? Puede ser, pero es mucho más importante que lo que se dijo en la última conferencia de prensa del gobierno y toda la discusión que generó en los días siguientes por lo que decían discrepar.

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