Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA veces el famoso duende de las imprentas se escabulle también en la memoria.
Hace pocos días, Ediciones de la Banda Oriental publicó el libro La conquista de París 1924. El fútbol como consagración de la uruguayidad, de mi autoría.
Al abordar el capítulo de las gestiones diplomáticas que fueron necesarias realizar para conseguir que la FIFA autorizara a la Asociación Uruguaya de Fútbol a participar en los Juegos Olímpicos de París en 1924, se quiso recordar la destacada actuación del embajador Uruguayo en Bruselas, el Dr. Enrique Buero. Sin embargo, se equivocó su nombre y en lugar de Enrique se escribió Gastón.
La oportunidad de esta rectificación es propicia además para reivindicar el rol que tuvo Enrique Buero en la hazaña de los celestes en Colombes.
Una carta suya del 24 de mayo de 1923 dirigida al ministro de Relaciones Exteriores da la pauta de ello:
“El resultado interesante de mi vinculación con estos señores del mundo sportivo fue la concertación de una serie de matchs a disputarse en España por nuestros jugadores mediante retribuciones pecuniarias de tal entidad que permitirán el envío de un buen equipo uruguayo para que intervenga en los partidos de football de las Olimpíadas Mundiales a disputarse en París en mayo del próximo año.
No trepido en afirmar a V.E. que una victoria del equipo uruguayo en las Olimpíadas de 1924 tendría una gran repercusión en el mundo sportivo al que hoy en día están vinculados todos los políticos y hombres dirigentes de estas viejas sociedades”.
Luego de cumplir los requisitos solicitados por la FIFA, la afiliación definitiva a la AUF se concedió el 15 de setiembre de 1923.
Enrique Buero en Europa y Atilio Narancio en Montevideo tuvieron un rol fundamental en la directriz y abrieron las puertas para el triunfo de Colombes en 1924.
Jules Rimet, quien conoció a Enrique Buero en el Congreso de Ginebra en 1923, desarrolló con él una relación de amistad, de donde surgiría en 1925 la idea de organizar un Campeonato del Mundo propio de la FIFA.
En 1928 Enrique Buero fue el primer vicepresidente latinoamericano de la FIFA, actuando en esa institución hasta 1934 en compañía de Jules Rimet como presidente.
Ricardo J. Lombardo