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    El enfoque de género y el coronavirus

    Sr. Director:

    Según las autoridades de la salud, al 1º de Abril de 2020 eran más de 400.000 las personas contagiadas por Coronavirus en más de 160 países y las medidas de confinamiento serían la mejor forma de reducir contagios; recomendándose no salir a la calle o estableciéndose en algunos países, la obligatoriedad de cumplir una cuarentena. La cuarentena es una de las medidas de salud pública adoptada durante una epidemia y una pandemia, que tiene como objetivo evitar la propagación de enfermedades infecciosas, en tanto la transmisión de este tipo de virus ocurre de forma más rápida.

    Sin embargo, esta medida, para mejorar la salud de la población, evidencia la violencia de género y la vulnerabilidad de sus víctimas que tienen que convivir con su agresor durante la cuarentena, visibilizando que el hogar no siempre es un lugar seguro para las mujeres.

    Según señala ONU Mujeres, la emergencia sanitaria aumenta los riesgos de violencia contra mujeres y niñas, debido al aumento de las tensiones en el hogar.

    El coronavirus nos cambió la vida de un día para otro y nos retuvo en nuestras casas sin saber hasta cuándo. Estas dificultades para salir del hogar aumentan la privacidad y la intimidad de las familias y la convivencia ventila los problemas que cada integrante tiene.

    La incertidumbre, el miedo, las impaciencias, la ansiedad se vuelcan a la vida cotidiana sumándose a la amenaza de enfermar que todos tenemos y a la preocupación por la pérdida del empleo, la suspensión de los estudios, el paro laboral, la merma de los ingresos, a la enfermedad de un familiar, provocando un cóctel explosivo que aumenta los niveles de violencia, hace crecer la depresión, puede llevar al suicidio a muchas personas pero también generar homicidio intrafamiliar, entonces quizá no nos mate la pandemia, pero sí sus consecuencias.

    Hay razones que podemos identificar y dar respuesta a tiempo. La pandemia no es de ricos ni de pobres, no nos pide identificación, no es de oriente ni de occidente, no es de hombres ni de mujeres; nos involucra a todos y provoca una disrupción mundial.

    Respecto de las mujeres. El rol de las mujeres establecido por la sociedad, nos ubica dentro de la familia y en la primera línea de atención a los enfermos y la ocupación y preocupación de adultos mayores y personas a cargo, sean hijos, bebés, niños, adolescentes, etc.

    El rol de género también se replica en lo laboral y muchas mujeres trabajan en la salud, como médicas, licenciadas, enfermeras, cuidadoras, auxiliares, arriesgando con contagiarse. Otras tienen que salir a la calle para cumplir su función de policías, militar, maestras u otras funciones que las requieren en sus puestos.

    Hay reportes que señalan que en pandemias pasadas fue necesario distribuir recursos y eso aumentó la mortalidad en mujeres.

    Muchas de ellas trabajan en la informalidad, sin red de protección, con un salario por debajo de lo básico, hay mujeres que deben comerciar con su cuerpo para producir ingresos, hay mujeres trans, hay mujeres (…) que encarnan un universo de situaciones que se ha visto afectado por esta pandemia y que les genera precariedad económica por la pérdida de ingresos.

    En otro orden, el cierre de escuelas, colegios, universidades y la intervención de algunos trabajos ocasiona que los integrantes de la familia estén por más tiempo en casa y eso aumenta el trabajo “no remunerado” de muchas, provocando un “además” que involucra las tareas de la casa, la limpieza, la cocina, el cuidado de hijos, etc. y al que debemos sumarle el trabajo o el estudio a distancia, en algunos casos por más de seis ú ocho horas diarias. No hablemos del aspecto psicológico que puede provocar la situación descripta.

    Respecto de la violencia de género debemos considerar que en estas circunstancias de confinamiento o cuarentena el agresor tiene mayor control sobre la víctima pudiendo limitar sus movimientos, no dejarla salir ni para comprar sus toallitas íntimas, puede bloquearle contactos, etc. Puede pasar también que donde no había violencia previa salgan a la luz algunas situaciones provocadas por el estrés y el aumento en el consumo de bebidas alcohólicas. Se debe considerar que el ámbito del hogar, el lugar de lo privado, de lo íntimo en un momento de confinamiento existe escaso control de la sociedad, del vecino, del amigo que ya no concurre, y esto auspicia como caldo de cultivo para ejercer tiranía privada.

    ¿Qué se ha hecho y qué se puede hacer?

    — Existencia de call center (0800), líneas telefónicas gratuitas y redes sociales que posibiliten denunciar a parejas o convivientes, que sean seguras y eficientes.

    — Formularios destinados a generar una denuncia en cualquier comercio y la obligación de procesarla por quien la recibe.

    — La medida que adoptó Perú de dividir los días de la semana entre hombres y mujeres para ir a hacer las compras puede resultar una buena herramienta.

    — La flexibilización y eficacia de los procesos judiciales, atendiendo rápidamente las denuncias por violencia de género, disponiendo custodias, colocando tobilleras electrónicas al violento.

    — Existencia de hogares de acogida que permitan que la víctima y sus hijos menores puedan concurrir.

    — Prohibir el expendio de bebidas alcohólicas.

    — Prohibir la venta de armas de fuego.

    — La prohibición de despidos en la actividad privada, adoptada por Argentina, puede tranquilizar la aflicción del trabajador que no concurre a trabajar y teme por su puesto laboral.

    — Flexibilización en prestaciones que brinda el Estado, sea en seguros sociales, seguros para el paro, seguros de enfermedad, etc.

    — Flexibilización en pagos de créditos sociales, aportes estatales, aportes patronales, empresariales, etc.

    Otras cuestiones macro que deberíamos considerar como sociedad. Lo ideal es la prevención (adelantarnos a los sucesos) y que las políticas públicas existan y acompañen el antes, el durante y el después de una crisis, pero esto pasará y sería genial que nos encuentre reforzados.

    — Educar para el ahora y el futuro. Ver las debilidades y fortalezas que como sociedad tenemos y corregir educando.

    — Hacer campañas de sensibilización en TV, radio, cables, redes, con todo aquello que sabemos que tenemos que cambiar para mejorar.

    — Generar políticas públicas que nos ayuden y alienten a la mejora como sociedad, aún después de esta crisis sanitaria.

    — Analizar la sanidad de nuestros países y los seguros de salud, definir cómo queremos que el Estado o los privados nos cuiden.

    — Analizar el tema de los adultos mayores, los abuelos, la gente que está sola.

    — No olvidarnos de nuestros ciudadanos hoy privados de libertad. No olvidarnos de los migrantes, de los extranjeros, de los refugiados, de los apátridas, de los más vulnerables. Y por favor abrir la conversación sobre el mercado de animales, su existencia y su conveniencia en un mundo globalizado.

    Por ahora y sin perjuicio de reflexionar sobre estas y otras tantas cuestiones no anotadas seamos fuerte como un cactus, adaptémonos a este momento y a sus circunstancias pero preparémonos para florecer, volver a abrazarnos y ¡volver a vivir!

    Dra. Miriam Mora

    Egresada de la Escuela de Periodismo de Búsqueda (generación 2017)

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