El ex comandante en jefe del Ejército Carlos Díaz, quien fuera relevado de su cargo el 19 de octubre del 2006 por el entonces presidente Tabaré Vázquez, comenzó días atrás a presidir el Centro de Estudios Artigas-Saravia, que asesora al senador nacionalista Jorge Saravia.
Cuando ya pasaron seis años desde el “gran vacío” que sintió al día siguiente de su relevo, Díaz recordó en diálogo con Búsqueda los momentos que vivió en torno a ese hecho pero también relató el trabajo en el centro de estudios, donde —afirmó— no hay “condicionamiento” alguno para emitir opiniones.
“Es una forma de trabajo a la cual no estaba personalmente acostumbrado”, comentó Díaz en alusión al grupo que asesora al sector Concertación Republicana Nacional, que dirige Saravia.
Votante del Partido Nacional pero alejado de la política, Díaz —de 62 años de edad— recibió una invitación de Saravia en virtud de una buena relación que mantenían desde años antes. Saravia es un legislador interesado por el mundo militar, del cual es conocedor; ese es un aspecto que mencionó Díaz para explicar su buen relacionamiento con el dirigente.
Pero hay otro motivo clave. “Fue una invitación de una persona a quien respeto mucho —acotó—, un hombre que en su momento demostró principios, puntualmente cuando se votó la anulación de la ‘ley de caducidad’, cosa que lo llevó a irse del Frente Amplio y pasar al Partido Nacional. Estas cuestiones tienen su costo político, pero el senador Saravia tiene su forma particular de pensar, que respeto muchísimo, y es anteponer los intereses generales a los personales”.
La cuestión de los derechos humanos en dictadura explica también el contexto en el cual el gobierno relevó a Díaz. Es que seis años después del episodio, el ahora general retirado confirmó a Búsqueda que la reunión por cuya realización inconsulta el gobierno lo destituyó, tenía por objetivo comenzar diálogos con actores políticos en busca de un consenso que permitiera superar los conflictos pasados y evitar lo que parecía inminente: una ola de encarcelamientos de oficiales, cosa que finalmente ocurrió.
“Este era un tema diario, que se venía y se venía”, recordó.
“Me afirmé”.
Díaz asumió en febrero del 2006. En los meses siguientes el gobierno de Vázquez comenzó a separar varias causas judiciales por violaciones de derechos humanos en dictadura del amparo de la “ley de caducidad”. El Ejército empezaba a ver que era solo el comienzo y, lidiando con presiones de activos y de retirados, el mando intentaba —con éxito— al menos asegurarse que los procesados permanecieran detenidos en unidades militares. Sin embargo, la fuga del coronel retirado Gilberto Vázquez —recapturado pocos días después— “trastocó todo” y “fue un error que se pagó caro”, recordó Díaz.
En ese marco, el miércoles 18 de octubre del 2006 Díaz, junto con los generales Pedro Aguerre y Miguel Dalmao, recibió al ex presidente Julio Sanguinetti y al ex ministro de Defensa Yamandú Fau en el Cortijo Vidiella, una residencia ubicada en Toledo (Canelones) que está prevista como lugar de alojamiento de los comandantes en jefe del Ejército.
Al día siguiente, cuando Búsqueda (Nº 1.377) divulgó la reunión, el gobierno tomó conocimiento y en la mañana la ministra de Defensa, Azucena Berrutti, llamó a Díaz, dialogó con él, y luego le sugirió a Vázquez que lo relevara.
“La diferencia que tuvimos con la ministra de Defensa fue entre pedir autorización y no hacerlo. No fue por reunirme con ellos. Algunos llegaron a hablar de conspiración, cosa que no existió. El centro es que el planteo de la ministra de que yo debía pedir autorización motivó de mi parte una respuesta contundente y di a entender que si tenía que hacer próximas reuniones no iba a pedir autorización. Lo di a entender claramente porque yo estaba convencido de que no estaba haciendo nada que no debiera hacer. No había cuestión política alguna en esa reunión”, aseguró el entonces jefe del Ejército.
“En esa opinión distinta con la ministra yo me afirmé en que no tenía que pedir autorización —añadió— y que en otro caso no iba a pedir autorización. La ministra entendió que no estábamos de acuerdo en algo que parece que era fundamental y le pidió al presidente que yo fuera relevado. (...) También tengo que decir que si yo hubiera sido el ministro, ante una respuesta como la mía, probablemente hubiese relevado al comandante en jefe”.
En la tarde del jueves 19 de octubre, tras despedirse de los oficiales del Ejército, Díaz enfrentó decenas de micrófonos y cámaras y pronunció una frase enigmática: “La lealtad no paga”.
Ahora, seis años después, explica: “‘La lealtad no paga’ viene porque para mí el ser leal es algo fundamental, que practiqué toda mi vida, y eso se había vulnerado. No aludí a nadie en particular porque desconocía y desconozco quién filtró el dato. No fue algo pensado —‘voy a decir esto’— sino que me salió en ese momento”.
Con la distancia del tiempo, Díaz señala que sintió un “gran vacío” el día siguiente a su relevo, luego de 40 años de servicio como oficial del Ejército y cuando aún le quedaban más de tres años como comandante en jefe y “tenía muchos proyectos”, pero remarca: “Hay que hacerse responsable, no dramatizar. Yo no fui víctima y no me voy a poner en esa situación. En todo caso fui víctima de mis propias decisiones, que tomé libremente”.
Además de relevar a Díaz, el gobierno ordenó el arresto a rigor por cinco días de Dalmao y de Aguerre. En la actualidad, Dalmao está detenido, procesado desde noviembre del 2010 por la muerte de una militante comunista en dictadura. Aguerre es, desde noviembre del 2011, comandante en jefe del Ejército.
Semanas atrás, en una entrevista del periodista Gerardo Tagliaferro publicada en Montevideo Portal, la ex ministra Berrutti recordó que el 19 de octubre del 2006 fue el momento “más difícil” que vivió durante su gestión.
No se puede “improvisar”.
Tras los últimos años de “monotonía” y con el duro golpe del fallecimiento de su esposa luego de 30 años de matrimonio —ocurrido hace 14 meses— Díaz encontró en el centro de estudios una motivación, aunque aclara que no lo considera el inicio de una carrera política.
“Es un trabajo serio, no es un pasatiempo, pero no es un medio para lograr otra cosa. No está en mi cabeza que esto sea el inicio de algo, porque para esas cosas la gente se ha ido preparando. Hay gente muy joven en política que ya lleva años trabajando, y la política requiere una preparación. No estamos en momentos de improvisar, y uno debe prepararse para ser político, para ejercer una banca legislativa o cualquier otro cargo. Para mí en lo personal es tarde, y creo que la gente debe prepararse para las cosas que debe hacer, empezar de abajo desde joven y hacer una carrera ascendente en función de méritos. No creo que uno pueda caer con 60 y pico de años sin haber participado nunca en política y decir ‘ahora me transformé en un político’. Es una profesión y está bien que así sea, porque así la política es cada vez algo más serio”, argumentó.
El grupo, integrado también por Geraldine Correa, Rosario Abella, Jorge Borrás y Jorge Fernández Reyes, se reúne todas las semanas y analiza temas a partir de los cuales sugiere estudios concretos. Luego, el responsable del estudio lo defiende ante los integrantes del centro, y si pasa esa prueba entonces se publica en el sitio web personal de Saravia o en el del sector.
“Hemos coincidido en muchas opiniones, evidentemente no en todo, pero eso es una de sus ideas y de las cosas que hicieron atractiva esta invitación —comentó— porque no hay limitación alguna para las opiniones”.
Política
2012-09-13T00:00:00
2012-09-13T00:00:00