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    El fútbol uruguayo

    Sr. Director:

    Columna de IDEA(*)

    Que viva el fóbal! Minuto 103 de juego en el Parque Suero, donde oficia de locatario el centenario Colón Fútbol Club en la llamada Segunda B Nacional, la divisional más baja de los torneos que organiza la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), la vieja C, la de partidos sin guardia policial, con alambrados cochambrosos, juego poco vistoso, canchas con escaso césped, abundante olor a linimento y tortas fritas y precarias tribunas con decenas de hinchas, en su gran mayoría veteranos. El golero de Huracán Buceo, un prometedor veinteañero de solvencia bajo los tres palos y personalidad suficiente para calzarse los guantes en un campo de juego de la categoría, recibe una patada criminal en su cabeza que para colmo termina con un penal y gol de la victoria para el local. Con pérdida total de conocimiento es llevado en andas hasta el vestuario por otros integrantes del plantel de futbolistas y allegados. La espera de una ambulancia se nos torna eterna para los hinchas del club, al punto que tememos por su vida, ya que el deportista no emite un solo síntoma de reacción. Dos horas después llega al lugar la unidad de un servicio privado de urgencia médica y ya casi en el final de ese domingo lo ingresa a un seguro de salud privado ubicado en el Parque Batlle donde le realizan tomografías de rigor que descartan una lesión grave en su cerebro. El puñado de personas que estábamos en la puerta del sanatorio —incluidos sus padres— lo festejamos como si hubiésemos logrado el campeonato luego de casi una década sin jugar por problemas económicos, que derivó en la desafiliación de la AUF del tricoplayero del Buceo .

    La escena bien podría pertenecer a un tráiler de Quentin Tarantino o incluso de los hermanos Cohen, ya que condimentos no le falta. De hecho, el barrio donde está la cancha, límite de Gruta de Lourdes y Casavalle, es dominada por bandas de narcotraficantes, allí abundan los rancheríos y la delincuencia es el patrón. Pero no. Ocurrió el año pasado durante la fecha 5ª del torneo de la B amateur de donde por milagro aún afloran cracs del balompié, que con talento y suerte alcanzan muchas veces el profesionalismo, como el arquero de marras que pasó de jugar gratis a cobrar un salario en un equipo de la Segunda B profesional

    Esos hechos posiblemente no ocurrirían más de aprobarse el nuevo estatuto que la Federación Internacional de Fútbol Asociados ( FIFA) reclama a sus más de 200 países socios a lo largo y ancho del mundo y que en Uruguay generó repercusiones típicas de asunto de Estado, como todo lo que gira en torno al fútbol en un país que tiene en su ADN el deporte opio de los pueblos y piensa y actúa con cabeza de pelota en casi todo

    Dejando de lado el historial de mafia y corrupción que rodeó en la época contemporánea a la trasnacional del fútbol, la intervención de la AUF por parte de FIFA —que está en pleno plan de lavado de su imagen, podrida entre otros por el uruguayo Eugenio Figueredo— es la consecuencia lógica de un incumplimiento de normas que rigen el funcionamiento del negocio más próspero de la era moderna, un estatuto organizacional que tuvo un quinquenio para cambiar, pero la fue tirando para adelante, como todo en la “tacita del Plata” donde “las cosas del fútbol se arreglan en el fútbol”.

    Denotan también que no alcanza con ingresar a la OCDE para ser una nación con aspiraciones a trasponer el umbral del desarrollo.

    Que una ministra de Estado y del riñón presidencial como María Julia Muñoz (Educación y Cultura) diga suelta de cuerpo que FIFA “no puede intervenir” la AUF porque “es una asociación civil” uruguaya es la imagen más cabal del berenjenal en la que está sumido el fútbol uruguayo y por añadidura el país todo, luego de que saliera a luz el escándalo de presunto pago de coimas que terminó con la renuncia de Wilmar Valdez y el llamado trunco a nuevas elecciones.

    Enojarse con la FIFA porque desde inicio de esta semana tiene interventores dentro de la AUF es como romper con la OEA porque esta condena a uno de sus socios, Venezuela y/o Nicaragua, porque sus dictadores presidentes matan salvajemente a los ciudadanos que piensan distinto al régimen y no permiten elecciones libres como toda república democrática que se precie de tal.

    Es como que un pequeño inversionista de Malawi con acciones de Apple pretenda imponerle al gigante informático de la manzana cómo y cuándo debe pagar dividendos o que Pepe Mujica le hubiera exigido al cineasta Emir Kusturica currículum vitae antes de aceptar rodar un documental sobre su vida y compartir del mejor whisky en el festival de cine de Venecia.

    Es como querer convencer a Luis Suárez de que use calzados deportivos Pampero en lugar de Adidas o Nike

    O endilgarle a Francisco Paco Casal —socio de hecho de los tres gobiernos frenteamplistas— que solo se enriqueció personalmente con el fútbol uruguayo cuando convirtió un producto por el que no podría cotizar a mil pesos en la feria de Piedras Blancas en una marca valuada en el mercado internacional en más de 500 millones de euros (al inicio del último Mundial de Rusia).

    En el fondo de todo el embrollo de audios, presuntas tramas de corrupción y “golpes” para voltear a Valdez que investiga la Justicia y determinó la decisión de FIFA, lo que aflora es un desprecio bien uruguayo por respetar las reglas de juego, sean estas políticas, económicas o deportivas

    Ya lo hizo durante el Mundial de Brasil 2014 el entonces presidente José Mujica cuando dijo que los de la FIFA eran “una manga de hijos de puta” por sancionar a Luis Suárez tras morder a un rival.

    El presidente de Liverpool, José Luis Palma, lo puso en lenguaje bien llano apenas enterado de la intervención. “El fútbol no se puede parar”, dijo como si la vida misma de la nación estuviera en juego.

    ¡Que viva el fóbal!

    (*) IDEA es el brazo editorial de la fundación ACV-IDEA del periodista Denis Dutra

    Denis Dutra

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