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    El futuro gobierno auditará todas las licitaciones del Ministerio de Transporte, en especial en el puerto, donde “se maneja mucha plata”

    El Ferrocarril Central le cuesta “demasiado caro” a Uruguay, porque “la desesperación” de la administración Vázquez la llevó a “dar más de lo que tendría que haber dado”, dice el ministro designado Luis Alberto Heber

    Luis Alberto Heber bien podría ser un funcionario de carrera del Poder Legislativo. Recorre a diario los pasillos de sus edificios desde hace 35 años. Ingresó en 1985 como un diputado veinteañero y se retira con 62 años para pasar a integrar el gabinete de Luis Lacalle Pou, aunque en las últimas elecciones había renovado su banca de senador una vez más.

    Desde hace tiempo, dice, sentía ganas de pasar a una tarea ejecutiva. Un lugar donde su trabajo fuera palpable: “tocar las obras, verlas”. Y tenía claro, por el seguimiento como legislador, que para esa sensación, en política, no hay mejor lugar que el Ministerio de Transporte o el de Vivienda.

    A partir del 1º de marzo Heber será el ministro de Transporte. Para poder ver y tocar obras, sin embargo, tendrá que apelar a la “imaginación y la innovación”. De la gestión de Rossi —de la que hace una evaluación positiva— heredará una serie de proyectos de participación público—privada que están cerca del techo previsto de endeudamiento del 10% del PBI. El Poder Ejecutivo que integrará se propone ahorrar unos US$ 1.300 o US$ 1.4000 millones.

    “No tenemos mucho margen”, reconoce.

    Aún en ese contexto, se propone como prioridades terminar la doble vía de la ruta 1, hacer una doble vía en la ruta 5 desde Paso de los Toros hasta Montevideo y elaborar un plan logístico para los próximos 10 años, entre otros objetivos. También se propone recortar “grasa” en la estructura de su Ministerio y pretende obtener una “habilitación” en la ley de urgente consideración para reordenar algunas áreas.

    Sobre las obras de infraestructura asociadas a UPM, Heber cree que el país dio más de lo que debía. Si bien no pretende revisar lo que ya está hecho, sí cree que hay margen para una “negociación” con la empresa para ver cómo se puede ayudar a las obras que hay que hacer.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que el futuro ministro concedió a Búsqueda.

    —¿Cómo ve el funcionamiento de la coalición multicolor en estos primeros meses?

    —Viene consolidándose muy bien. Hay muy buena sintonía, la misma que tuvimos en la campaña electoral. Hay una comunicación muy fluida y eso asegura un buen relacionamiento.

    —Siempre el reparto de cargos genera tensiones.

    —Yo no le llamaría reparto de cargos, parece un poco despectivo. Algunos quieren más y otros… Siempre quieren más (se ríe). Creo que se ha hecho hincapié en, tratando de contemplar las fuerzas políticas, designar a los mejores hombres que cada partido tiene. Siempre hay quejas en esto. Nuestro amigo Juan Sartori se quejó en su momento. Bueno, tendrá la contemplación de estar presente en la gestión en otros ámbitos. Los ministerios no son el único ámbito.

    —Su caso es paradigmático de la salida de legisladores con experiencia en un período en el que va a ser necesario un Parlamento que coordine entre cinco partidos. ¿Le preocupa esa pérdida de legisladores de experiencia?

    —Para nada. En mi lugar ingresa Gustavo Penadés, que tiene sobrada experiencia y capacidad como para estar a la altura de los requerimientos. La misma Beatríz Argimón es muy experiente. Nadie como ella tiene el nivel de diálogo, de comunicación y de amistades por encima de los partidos, para hablar con confianza de los temas que seguramente generen conflicto. Está Sergio Botana, que tiene experiencia como intendente y como diputado; está Gloria Rodríguez; la misma Graciela Bianchi. Sergio Abreu es más que experiente. Creo que estamos muy bien posicionados en el Parlamento.

    Cuando ganó Lacalle Herrera yo tenía 31 años. Había una figura enorme en el Parlamento que era Martín Sturla. Se nos muere al año. No era medio cuadro, era dos terceras partes del cuadro. Quedamos muy desprotegidos en la cámara. Tuvimos que apechugar y pudimos cumplir el rol de conversación, coalición, ruptura, de conseguir votos. Uno es hijo del rigor también. Todos aprendemos frente al desafío de salir adelante.

    —¿Qué evaluación hace de la gestión de Rossi?

    —Gran parte del período no pudo ejecutar por efecto de arrastre de una mala gestión de Enrique Pintado. Notoriamente mejoró en estos últimos años y ha tenido buenos niveles de ejecución. Los últimos dos años y medio revirtió la situación inicial. Tuvo una ejecución muy por encima de la que venía teniendo. Las PPP lo trancaron mucho. Creo que hay problemas de diseño, sobre todo financiero. Hay excesivas garantías. Cuando vos ponés excesivas garantías terminás por quitarle eficiencia. Lleva a aquel dicho de que como tengo miedo a perderme en el camino, me corto las piernas. Es un poco lo que pasó. Demoró mucho. Hay muchas que siguen sin empezar. Algunas se están firmando, otras las vamos a tener que firmar nosotros. La PPP del Ferrocarril Central, por no decirle el otro nombre (se ríe), salió muy rápido. Esa sí salió muy bien.

    —¿Va a seguir adelante con esos proyectos aún con esos problemas de diseño?

    —Y, tenemos dificultades. Primero tenemos que corregir las PPP en cuanto al tema de las excesivas garantías. Estoy estudiando el tema. No sé si meterlo en la ley de urgencia. No creo porque, como ya está muy pesada, agregarle temas puede ser hasta nocivo. Después, estamos techados en el 10% del PBI en cuanto al endeudamiento que el país puede generar en PPP. Estamos llegando a ese techo. El Ferrocarril Central comió gran parte. Esa situación la tenemos que estudiar. Otra obra importante es la del viaducto en la rambla portuaria, que es fundamental, pero es muy cara. Son US$ 140 millones. Ya está firmado, ya se está construyendo. Entonces, no tenemos mucho margen, no tenemos oportunidad para reverlo. Son decisiones tomadas, firmadas y lo que queda es apurarlas para que terminen cuanto antes.

    —Mencionó lo costosa que es la obra del viaducto del puerto. A eso se suma el Ferrocarril Central. ¿Le parece que el acuerdo con UPM en materia de infraestructura es muy gravoso para el estado? ¿Le cuesta demasiado?

    —Le cuesta caro, sí. Demasiado caro.

    —¿Es revisable eso?

    —Creo que no. La PPP ya está en marcha. Puede ser motivo de mejorar, de negociación. No para revisar lo que está hecho, sino para ver cómo podemos ayudar a todo lo que tenemos que hacer. En todos los caminos y las carreteras que acceden a la planta hay un costo. Hay créditos con el BID y con Fonplata para esas rutas.

    —Quizás UPM puede poner algo…

    —Veremos. La negociación no puede ser por partes, tiene que ser global. Eso lo va a determinar el presidente de la república. Los recibió en buenos términos. Son bienvenidas las inversiones en nuestro país, pero no nos parece que se haya hecho una buena negociación. El Estado dio mucho más de lo que debía a la empresa. La desesperación de no tener inversiones producto del costo país hizo que el anuncio de UPM fuera necesario para el Frente Amplio. Si no, ¿qué decía el Frente Amplio?

    —¿Cree que estas inversiones en infraestructura no van a ser rentables para Uruguay?

    —La inversión de UPM la vemos como buena, positiva. Pero el gobierno dio mucho más de lo que tendría que haber dado. Eso les sirvió en la campaña electoral, o mejor dicho no les sirvió, porque perdieron. Veremos. Son temas de gestión que tenemos. Estamos en muy buenas manos, que son las manos del presidente.

    —Por lo que cuenta va a tener una gestión bastante comprometida. Casi que va a ser un tercer período de Rossi por todos los proyectos que hereda.

    —El otro día en una reunión se nos decía que por la Corporación Vial del Uruguay están comprometidos los ingresos por peajes. Están comprometidas obras hasta el 2021. Entonces, yo decía que yo no me voy a ir hasta el 2026 del Ministerio. Lo decía un poco en broma y un poco en serio. Lo cierto es que no nos podemos rendir. Tengo obras de arrastre, hay compromisos, son obras que son necesarias, pero no son suficientes. En Uruguay una cosa es la condición de la ruta y otra es el volumen y el colapso que tienen. En la ruta 5 hoy es muy difícil pasar camiones por el tránsito que tiene. Y eso que no está UPM funcionando. Cuando esté UPM funcionando vamos a tener una situación realmente de colapso. Hay que tomar medidas. Toda esa situación nos lleva a mirar el tema de las concesiones como un atractivo para que fondos de pensión a nivel internacional puedan financiar rutas uruguayas.

    —¿Qué haría para solucionar el problema de ruta 5?

    —Doble vía.

    —¿Esa va a ser una de sus prioridades?

    —Tengo muchos sueños, ese es mi problema. Quiero hacer todo ya.

    —¿Pero cuáles van a ser sus prioridades en este marco de poco margen de maniobra?

    —Tenemos que terminar la ruta 1, ¿no? Nos faltan 30 o 40 kilómetros a Colonia. Es doble vía toda y nos falta ese tramo. El otro día anunció Rossi la conexión en doble vía de San José a la ruta 1. Yo lo aplaudo. Es una PPP; la voy a apoyar, naturalmente. La ruta 5 tiene que venir en doble vía desde Paso de los Toros a Montevideo. El centro del país va a ser una zona altamente transitada con UPM. Va a llegar madera por distintas vías. Hay obras en el contrato que tenemos que hacer en los accesos para poder ingresar la madera. No solamente la ruta 5. Hay zonas de forestación que forman parte de algo que yo quiero que me financien: el plan logístico del país. Quiero un plan de cómo crece el país en los próximos diez años y qué tengo que hacer yo en estos cinco. En los próximos diez años son importantes los granos, la zona arrocera, el litoral y la madera. Entonces, cómo confluyen y por dónde salen. Gran parte sale por Nueva Palmira y el puerto de Fray Bentos. Hay todo un tema ahí que hay que facilitar. Y lo otro es el puerto de Montevideo. No estamos planteando sueños como un puerto de aguas profundas oceánico.

    —¿No está entre sus sueños?

    —No, no lo está. Porque no veo la necesidad. ¿Cuál es la carga que va a salir por ese puerto? Desde el punto de vista ideal sería interesante que el Uruguay tuviera un puerto oceánico porque no dependeríamos tanto del Río de la Plata, del que tenemos soberanía compartida con Argentina. Pero no veo a corto plazo la posibilidad de un puerto de aguas profundas.

    —¿En los documentos y los intercambios de transición encontró elementos llamativos o de preocupación?

    —Los informes en términos generales son buenos en el Ministerio de Transporte. Tengo una buena relación con Rossi y todo su entorno ha colaborado mucho. Las dudas son el grado de compromiso que nos deja poco margen de recursos para los próximos dos años. Apelaremos a nuestra imaginación y a la capacidad de innovación para generar los recursos y lograr lo que para nosotros es esencial: tener corredores que puedan absorber el alto tránsito que va a haber. En ese sentido estamos pidiendo unificar datos que están todos desparramados.

    —El gobierno entrante anunció auditorías en la mayoría de las dependencias. ¿En el Ministerio de Transporte también?

    —Sí.

    —Es un Ministerio que maneja mucho dinero.

    —Mucho dinero.

    —¿Van a auditar las licitaciones?

    —Vamos a hacer todas las auditorías que haya que hacer, y vamos a ver cómo se otorgaron cada una de las licitaciones. Creo que en ese sentido en el puerto hay que hacer auditorías. Es un lugar en el que deberíamos saber, porque no hemos tenido la suficiente información para poder determinar. En distintas reparticiones del puerto habría que hacer auditorías, y por supuesto en la Dirección de Vialidad.

    —¿Hay algo que le despierte sospechas en el puerto?

    —No. Queremos tener la certeza de que las cosas se hicieron bien. Se maneja mucha plata en el puerto. Vamos a estar todos tranquilos, que se audite y que se diga que se hicieron las cosas bien. Gas Sayago: cantado. Es una gran interrogante que tenemos. Es necesario saber de dónde partimos.

    —¿Ha conversado con el equipo económico sobre las restricciones presupuestales? ¿Va a tener plata para hacer obras?

    —No me parece justo que yo tenga plata y el resto de la administración no la tenga. Si hay que hacer el sacrificio, yo lo tengo que hacer. Nosotros miramos global. Tenemos que ahorrar, después del congelamiento de tarifas de diciembre, US$ 1.300 o 1.400 millones. Y bueno, tenemos que hacer el esfuerzo. Nosotros no queremos ponerle impuestos a la gente. Si tenemos que tener sacrificio presupuestal, no voy a ir yo a salvar mi presupuesto. Ahora, nosotros no tenemos preconceptos con la participación de privados. No me importa quién hace las rutas, me importa que se hagan. Si se hace con plata de los uruguayos hasta te diría que es más injusto, porque hay gente que no tiene auto ni nada y paga en sus impuestos las rutas. Lo lógico es que quien las usa las pague, si hablamos de justicia, ¿no? Entonces me parece que el sistema de peajes que ya está, y alguno más que pueda haber, pueden ser financiadores de las rutas. No debemos de recargar a un uruguayo de a pie que por comprar una cerveza o una Coca Cola esté pagando su cuota parte del Ministerio de Transporte.

    —¿Va a cargar a los productores y a los transportistas entonces?

    —No, no. Tenemos un campo para pensar. Hay que buscar con imaginación cómo podemos hacer. Hay ideas para hacer y venimos con ganas de hacer. Tendremos dificultades al arranque, las dificultades de equilibrar las cuentas. El primer año para nosotros es clave, es el año de oro. Tendremos que gastar mucho del crédito que la gente nos dio, pero diciéndoles no pudimos hacer todo lo que quisiéramos, pero no pusimos impuestos. ¡No pusimos impuestos! Se tendrán que callar todos los economistas que dijeron que en el Uruguay era imposible (golpea la mesa con la lapicera).

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