Varios integrantes del gobierno consideran que en algún momento, oportunamente, Uruguay debería postularse como miembro pleno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Se han hecho gestos en esa dirección, pero con la discreción necesaria para evitar que el intento corra la misma suerte que el TISA, la negociación sobre el comercio de servicios resistida por sectores del Frente Amplio y el PIT-CNT de la que el país terminó bajándose.
Desde la OCDE han acogido con beneplácito la incorporación de Uruguay a algunos de sus comités, pero no van más allá. Un dato de la realidad es que ya hay otras economías latinoamericanas —Colombia y Costa Rica— recorriendo el proceso de años que supone obtener la membresía plena. Hoy son 34 los socios de esta organización con sede en París que apunta a promover políticas que favorezcan el desarrollo económico y social.
“¿Dónde vemos a Uruguay hoy ubicado en el panorama internacional? Ante todo, es uno de los países más interesantes para otros en desarrollo, porque ha pasado a una fase más avanzada de desarrollo y es de renta alta. Como ocurrió con Corea o Israel, muchos países miran a los que han dado el salto y cómo pueden inspirarse en sus políticas para mejorar las performances. Uruguay puede jugar ahí un papel internacional particularmente visible”, declaró a Búsqueda Mario Pezzini, director del Centro de Desarrollo de la OCDE.
“En la relación de cooperación internacional más y más está tomando importancia esta forma de compartir conocimiento sobre qué política pública hacer y cómo aplicarla. Uruguay puede ser muy interesante para saber cómo logró mejorar su productividad agrícola, qué es lo que está haciendo con su sector logístico, cómo consiguió niveles relativamente bajos de desigualdad”, agregó. Y siguió: “En foros donde se comparten experiencias de políticas públicas como la OCDE, Uruguay puede tener una voz importante. ¿Con qué naturaleza? Ya es miembro del Centro de Desarrollo, y ha hecho un esfuerzo extraordinario en el foro fiscal. Entonces, si puede ser parte o no de la organización como tal, es una pregunta. Pero ya ahora, sin ser miembro, Uruguay puede jugar un papel más y más importante”.
La OCDE fue creada en los años sesenta por un grupo de economías casi todas industrializadas. Las incorporaciones más recientes, en 2010, fueron las de Chile, Israel, Eslovenia y Estonia. En 2013 el Consejo de la organización decidió iniciar las discusiones formales para la adhesión de Colombia y Letonia, y en 2015 invitó a Costa Rica y Lituania a empezar las conversaciones.
Los actuales miembros representan más del 80% del Producto Bruto Interno mundial y 70% del comercio internacional.
“No creo que la OCDE se pueda identificar hoy como un club de países ricos. Tenemos miembros como México, Turquía o Chile que no pueden ser vistos como los ricos tradicionales. La membresía se está diversificando. Además tiene ámbitos como el Centro de Desarrollo, que cuentan con integrantes como China, India, Indonesia, Sudáfrica, Brasil y Uruguay”, planteó Pezzini.
“Sería interesante que Uruguay haga jugar su perspectiva tomando un papel activo, manteniendo sus puntos de vista, no modificándolos. Esto podría ser muy útil para todos, para Uruguay y para nosotros también”, opinó.
Estar en la OCDE tiene un valor reputacional asimilable al grado de inversión no especulativa (investment grade) asignado por las calificadoras de riesgo a Uruguay.
Según consultas efectuadas por Búsqueda en el oficialismo, los jerarcas del gobierno que quieren ver al país como miembro pleno de la OCDE asumen que se trata de una estrategia de largo aliento que deberán ejecutar con sutileza política, sobre todo en la interna del Frente Amplio. Saben que en esa cruzada probablemente contarán con aliados de la oposición y de algunos analistas que generan opinión a través de los medios de comunicación. “Hay que poner el tema en la agenda”, comentó un economista que sigue con interés el asunto.
Ser miembro de la OCDE supone adherir a la Convención que le dio nacimiento. Según su articulado, entre otras cosas, los firmantes acuerdan promover el “uso eficiente de los recursos económicos” así como hacer esfuerzos para “reducir o abolir los obstáculos para el comercio de bienes o servicios” y el libre movimiento de capitales. En sus más de cinco décadas de vida la organización aprobó códigos o estándares recomendados a sus miembros en varias áreas.
Según el protocolo que el Consejo de la OCDE votó en 2007, el proceso de adhesión debe conducir a una “convergencia en las políticas” de los países postulantes con la de los miembros. Para cada caso se aprueba una “hoja de ruta” que supone para la nación aspirante someterse a múltiples exámenes y adecuaciones a los estándares fijados por el organismo.
Una característica de los miembros de la OCDE es que tienen economías relativamente estables: eso supone un desafío de cara a una eventual adhesión al club por parte de Uruguay.
En promedio de los 34 países de la OCDE, la inflación se ubicó en 1,2% en el año móvil cerrado en enero. El viernes 4, el día que Pezzini estuvo en Montevideo, los diarios destacaban en su portada que el alza de precios en Uruguay había superado el 10% anual por primera vez en 13 años.
“Cuellos de botella”
El funcionario llegó para presentar un documento con propuestas para atacar algunos de los “cuellos de botella” para Uruguay que habían sido identificados en un análisis multidimensional hecho junto a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe en 2014 (ver Búsqueda Nº 1.777). Al evento, realizado en la Torre Ejecutiva, asistieron los ministros Danilo Astori (Economía), Rodolfo Nin Novoa (Relaciones Exteriores) y Ernesto Murro (Trabajo), entre otros jerarcas.
Nin destacó en la conferencia que el ingreso al Comité de Desarrollo de la organización internacional —que se formalizó en ocasión de la visita realizada en octubre pasado por el presidente Tabaré Vázquez a París— “demuestra el convencimiento, tanto de la anterior como de la actual administración, de que este camino de acercamiento a la OCDE representa un valor agregado para Uruguay y que es funcional” a las “metas de crecimiento en el mediano y largo plazo” fijadas por el gobierno.
El canciller subrayó que Uruguay está “dando claras señales de acercamiento” al organismo tras haber identificado una “serie de ventajas estratégicas”, como poder “dialogar en un plano de igualdad con los países desarrollados” y “colocarse en una senda de convergencia progresiva con los altos estándares de desarrollo que evidencian los países miembros, incorporando un sello de confiabilidad, previsibilidad y prestigio”.
Uruguay ya forma parte del Foro Global de transparencia e intercambio de información con propósitos tributarios de la OCDE. En esa calidad fue que se sometió a revisiones de su normativa en dicha área, lo que luego forzó a la firma de acuerdos con una treintena de países para compartir datos que permitan el combate a la evasión de impuestos, entre otros cambios regulatorios.
El diagnóstico y las medidas propuestas ahora en el documento de la OCDE para Uruguay son casi calcadas con las realizadas por otros organismos internacionales. Todos comparten que el país hizo avances en los años recientes, pero que los problemas en algunas áreas condicionan su crecimiento futuro.
Un primer grupo de recomendaciones va en la dirección de profundizar la integración con el mundo, dado que Uruguay presenta una baja diversificación comercial, un marco regulatorio rígido y un uso subóptimo de los acuerdos, señala el informe. Mirar en particular a Asia, el Acuerdo Transpacífico y reconsiderar la decisión de abandonar el TISA —dependiendo del resultado de las negociaciones—, son algunas de las acciones concretas sugeridas por la OCDE.
“Hay trabajo para hacer en la calidad de los tratados, en su profundidad. Países como Singapur o Jordania tienen la misma cantidad que Uruguay, pero son acuerdos más profundos en su alcance. Van mucho más allá que las barreras tarifarias”, dijo Pezzini a Búsqueda.
Un segundo “cuello de botella” para el que se hacen recomendaciones es la “pobre infraestructura” de transporte con que cuenta el país, en particular la vial. Son, entre otras, crear un plan nacional de transporte y reorganizar la gobernanza de esta infraestructura, así como evitar depender de la modalidad de participación público-privada para las obras.
La tercera área tiene que ver con la insuficiencia de recursos humanos en cantidad y calidad. Entre otras acciones, la OCDE aconseja perfeccionar los métodos para identificar a los alumnos que precisen apoyo, mejorar las condiciones para los educadores e incrementar la autonomía de los centros de enseñanza.
Este análisis es un proceso de tres etapas. Tras el informe inicial y la presentación de las recomendaciones, la última fase implica para el país proponer una secuencia de acciones.