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    El góspel en la garganta

    Aretha Franklin (1942-2018)

    Apareció en el escenario con un saco de piel marrón que rozaba el piso. Se sentó al piano y comenzó a tocar los primeros acordes de (You Make Me Feel Like) A Natural Woman y a cantar con su voz potente, esa que le llegaba desde lo más profundo, desde otro tiempo y otra historia. Era el 6 de diciembre de 2015 y Aretha Franklin le estaba rindiendo homenaje en el Kennedy Center Honors a Carole King, una de las autoras de la canción compuesta 50 años atrás. Esa noche, Aretha no iba a ser la estrella, pero terminó siéndolo. A los 73 años y ya enferma de cáncer, logró emocionar al público, a King y al entonces presidente Barack Obama, que estaba allí escuchándola. Aretha lo había hecho de nuevo.

    Justamente esa actuación fue una de las más recordadas el jueves 16 cuando la cantante murió en Detroit a los 76 años. La conmoción fue grande no solo por su figura, sino porque con ella desaparece toda una época en la que brillaron las voces de mujeres negras en el blues, el jazz y el soul. Con su título de reina del soul y sus múltiples reconocimientos, incluidos 18 premios Grammy, Aretha fue también un símbolo de las luchas por los derechos civiles y por los derechos de la mujer. Toda su vida fue una lucha: contra el maltrato, contra el alcohol y la gordura, contra el cáncer.

    Un nombre, un destino.

    El góspel estuvo al inicio de su carrera, y le quedó para siempre en la garganta. Lo cantaba con sus hermanas en la iglesia bautista de Detroit donde su padre, Clarence LeVaughn Franklin, era un influyente predicador, amigo y confidente de Martin Luther King, en cuyo sepelio cantó la propia Aretha.

    La cantante había nacido en Memphis (Tennessee) en 1942, pero el oficio de su padre llevó a la familia hacia Detroit (Michigan), ciudad en la que creció y donde se realizará su funeral privado el viernes 31.

    En el origen también hubo una madre cantante de góspel, Barbara, quien abandonó a la familia cuando Aretha era pequeña. El motivo: el predicador era bebedor y además había tenido otros hijos fuera de la familia. Con su madre, Aretha tuvo su primera pérdida, después vendría una larga lista de amarguras mezcladas con sus éxitos.

    Tal vez sin saberlo, sus padres le habían marcado un destino al elegir su nombre. En griego, Aretha significa “virtuoso/a, excelente”, y ella lo demostró desde niña, no solo con su canto sino con su talento en el piano, que aprendió a tocar sola.

    A los 12 años ya se destacaba como cantante en el coro de la iglesia y se veía todo su potencial. Pero también a los 12 quedó embarazada de su primer hijo, y dos años después tuvo el segundo. Dos varones de diferentes padres, también adolescentes. A los niños los terminó cuidando su abuela, porque Aretha con 18 años se fue a Nueva York a estudiar canto. Su destino estaba marcado: iba a ser cantante.

     

    Aretha fue también un símbolo de las luchas por los derechos civiles y por los derechos de la mujer.

     

    Respeto.

    En Nueva York conoció a Ted White, quien fue su primer marido y su mánager. Ella tenía 19 años. Él la sometía a malos tratos. Tuvieron un hijo y se separaron en 1969, pero Aretha nunca quiso hablar de su sufrimiento en público ni responder a preguntas sobre ese tema en las entrevistas. Mejor lo hacía cantando.

    Todo lo que pido/ es un poco de respeto/ cuando vuelves a casa (solo un poco), dice la canción Respect, que Aretha grabó en una versión propia en 1967. Compuesta en 1965 por Otis Redding, la canción hablaba del pedido de un hombre que llega cansado después de trabajar y pide una buena atención de su esposa.

    La versión de Redding tuvo una repercusión moderada. Pero fue en manos de Aretha que adquirió otra fuerza y llegó al éxito. La cantante le modificó el ritmo y le dio un giro a la letra: es la mujer la que pide respeto a su marido. Y en su estrofa final está el mayor cambio: Res-pe-to/ adivina lo que significa para mí, dice Aretha deletreando la palabra, mientras suena el coro potente de sus hermanas Carolyn y Erma. Esta fue la versión más popular de la canción que alcanzó el número uno en la lista R&B (rhythm and blues).

    En 1980, Aretha participó en la película The Blues Brothers, dirigida por John Landis, que contó con varios artistas de R&B y blues, entre otros, Ray Charles y John Lee Hooker. Hay una escena memorable en la que Aretha enfrenta a su marido intolerante, interpretado por Matt Murphy, en el café Soul Food. Su interpretación de la canción Think es vertiginosa, impactante.

    Curiosamente, este tema lo había compuesto la cantante en 1968 junto con White, cuando era su marido. Mejor piensa (piensa)/ Piensa en lo que intentas hacerme/ Piensa (piensa, piensa)/ Deja libre tu mente/ sé libre, dice en su primera estrofa. Fue otra canción que con los años, más aún después de la película de Landis, se convirtió en un himno feminista. En realidad Aretha quería interpretar Respect en esa escena. Algo que logró en la secuela de la película: Blues Brothers (2000).

    De los años cercanos a su separación también es Chain of Fools, escrita por Don Covay e interpretada originalmente por Aretha. La letra pareció hecha especialmente para ella: Durante cinco largos años/ Pensé que eras mi hombre/ Pero solo soy un enlace en tu cadena/ Oh, me tienes donde me quieres.

    Toda la relación tormentosa con su marido estuvo acompañada por su adicción al alcohol, que logró superar hacia fines de los setenta.

    La reina.

    A sus raíces de góspel, Aretha fue sumando otros ritmos y muy pronto los sellos discográficos vieron su versatilidad. Con Columbia Records, bajo la dirección de John Hammond, incursionó en el jazz, pero ella sentía que era una artista del soul. Y fue en Atlantic Records donde descubrieron que allí estaba su maravilla. Ella lo demostró en canciones como I Say a Little Prayer o I Never Loved a Man the Way I Love You, para muchos críticos una de las mejores canciones de soul.

    Pero hay que escuchar sus versiones de otros clásicos, como Bridge Over Troubled Water, de Paul Simon, para comprobar qué significaba el soul para una artista nacida en el góspel. Otras muestras: sus versiones de Let It Be y Eleanor Rigby, de los Beatles.

    Fue en 1968 en una actuación en el Regal Theatre de Chicago, cuando el presentador Pervis Spann la llamó la reina del soul, título que la acompañaría hasta su muerte. Pero aún quedaban otros ritmos en su garganta. Atravesó una etapa disco durante los años 70, ya transformada en una diva de tapados de piel que hacía bailar en las discotecas. Until You Come Back to Me (primero interpretada por Stevie Wonder) o I’m in Love fueron sus grandes éxitos de ese período.

    En los años 80 fue un poco más pop, en los 90 cantó en las ceremonias de apertura de los gobiernos de Bill Clinton (antes lo había hecho en la asunción de Jimmy Carter en 1977) y años después, en 2009, cantó My Country, ‘Tis of Thee en la toma de posesión de Barack Obama, uno de sus grandes admiradores.

    “Nadie encarna más plenamente la conexión entre el espíritu afroamericano, el blues, el R&B, el rock and roll y la forma en que las penas y el dolor se transformaron en algo lleno de belleza, vitalidad y esperanza. La historia de Estados Unidos surge cuando Aretha canta. Por eso, cuando se sienta al piano y canta A Natural Woman, puede hacerme llorar”, dijo Obama en una entrevista.

    No le gustaba volar en avión, se había comprado un Cadillac rosado, tuvo un cuarto hijo en una relación fugaz, se casó por segunda vez con el actor Glynn Turman, del que se divorció en 1984. En los últimos años, estaba en pareja con Willie Wilkerson, bombero retirado. Hoy los medios informan que sus hijos se están peleando con Wil­kerson por la herencia que dejó Aretha, sin testamento.

    Fue la mujer que enfrentó el maltrato, la mujer que en sus primeras actuaciones pedía que le pagaran por adelantado y al contado porque había sido varias veces estafada, la primera mujer negra en aparecer en la portada de la revista Time (1968), la mujer que enferma y con más de 70 años aún emocionaba con su voz. La palabra para ella es una: res-pe-to.

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