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Parecían dos boxeadores que intercambiaban golpes en el centro del ring, ambos al borde de la entrega. Cualquiera podía ganar y, como generalmente ocurre en los deportes individuales, todo dependía de un buen golpe, una acertada decisión o hasta de la propia suerte que marcaba el destino. Esta imagen la dieron el domingo 19 el inglés Matt Fitzpatrick y el estadounidense Will Zalatoris cuando, tras quedar igualados en los 54 hoyos del US Open, salieron a jugar la ronda definitoria en el último twosome.
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Ninguno había ganado hasta ese momento en el circuito estadounidense, por lo cual los nervios y la presión estaban en su punto más alto. En una ronda final que fue un verdadero sube y baja, el norteamericano Scottie Scheffler también se coló en la conversación con un arranque espectacular haciendo cuatro birdies en los primeros seis hoyos.
Hay ciertos campeonatos en los que los 18 hoyos parecen pocos. Por la alternancia en la vanguardia, por los golpes realmente espectaculares, por los errores increíbles, por el delirio del público y por las propias definiciones. Ese ambiente se palpitaba en el Country Club de Brookline (Massachusetts) el domingo en que Fitzpatrick se quedó finalmente con el 122º Abierto de los Estados Unidos. Con un acumulado de 274 golpes para los 72 hoyos, el inglés obtuvo el primer Major de su carrera y un cheque por US$ 2,9 millones de los US$ 3 millones que repartió el certamen en premios. Zalatoris y Scheffler finalizaron en segundo lugar a tan solo un golpe de la punta.
El mejor sudamericano del certamen fue el colombiano Sebastián Muñoz, que terminó en el 14º puesto con un score de 282 golpes.
En tiempos de fracturas por la irrupción de la Saudi Golf League y su reparto de millones y millones de dólares, el US Open volvió a poner en el centro al deporte: drama, suspenso, grandes tiros y los mejores golfistas del mundo jugando por la gloria.
El campeonato
El jueves 16, el legendario campo del Country Club de Brookline recibió por cuarta vez en su historia el abierto de los Estados Unidos. En esa jornada inicial, la cancha mostró sus “garras”: apenas 23 de los 156 golfistas participantes bajaron el par del campo. El canadiense Adam Hadwin con una tarjeta de 66 golpes cerró el día en lo más alto de las posiciones.
El rendimiento de los sudamericanos dejó a los chilenos Mito Pereira y Joaquín Niemann con 70 y 71 golpes respectivamente; al colombiano Sebastián Muñoz con 74 y al brasileño amateur Fred Biondi con 79.
Temprano en la mañana del segundo día de juego el número uno del mundo, Scottie Scheffler, puso un score de 137 golpes para los 36 hoyos y se ubicó en lo más alto de los tableros. Al final del día, su marca fue mejorada por el estadounidense Collin Morikawa con 135 impactos. El corte clasificatorio quedó establecido en 143 golpes y 63 jugadores siguieron camino en la competencia. Ese registro, que fue uno de los más bajos en la historia del Abierto de Estados Unidos, refleja el alto nivel de juego de la actualidad.
Las condiciones se volvieron más desafiantes en la tercera jornada. A las dificultades que ya de por sí implicaba el terreno de juego se sumó un fuerte viento, que se reflejó en los scores altos. Ese día solo se dieron siete tarjetas bajo el par de la cancha. En un tablero sumamente apretado, con varios golfistas separados por pocos golpes, Zalatoris y Fitzpatrick compartieron la punta con un acumulado de 206 golpes para los 54 hoyos.
La definición
Las especulaciones de los analistas ponían el foco en que ninguno de los golfistas que compartían la punta había ganado un torneo del circuito norteamericano. Scheffler tuvo un comienzo espectacular con cuatro birdies en los primeros seis hoyos y quedó en solitario en la punta con un formidable recorrido de 31 golpes para los primeros nueve hoyos. En el grupo final en tanto se daban algunos bogeys ya en los primeros hoyos en una clara demostración de la enorme importancia que encierran los Majors.
A medida que transcurrían los hoyos la ronda final se convirtió en un verdadero sube y baja. En un momento, Zalatoris llegó a sacar dos golpes de ventaja, pero luego fue Scheffler quien alcanzó la punta en solitario. Un quilométrico putt embocado por Fitzpatrick para birdie le devolvió el liderazgo al inglés en el hoyo 13 y lo dejó con un golpe de ventaja para la definición.
¿Tendríamos otro final como el de Mito Pereira en el último PGA Championship?
La suerte del campeón llegó para el líder en el hoyo 18, uno de los más difíciles de la cancha. Su salida utilizando una madera tres terminó en un cross bunker de la izquierda. Para su suerte la pelota quedó separada del borde pudiendo ejecutar un tiro en forma normal. “Fue uno de los mejores tiros de mi vida”, confesaría más tarde el campeón en conferencia de prensa. Sin dudas fue el tiro del campeonato.
El abierto estadounidense se definió minutos más tarde con el último golpe del grupo final, en una de las mejores definiciones del certamen de los últimos tiempos. El título y la gloria fueron para Matt Fitzpatrick, quien en el 2013 en la misma cancha del Country Club ganó el US Amateur compartiendo la distinción nada menos que con el más grande golfista de todos los tiempos, Jack Nicklaus.
El US Open premia en paralelo al mejor golfista amateur. El estadounidense Travis Vick fue el distinguido en esta edición con un acumulado de 288 golpes para las cuatro vueltas.
La cancha
The Country Club, la cancha que alojó el torneo, fue la otra gran ganadora de la competencia. Se trata del club más antiguo de los Estados Unidos, fundado en 1893 con diseño del escocés Willie Campbell. Más acá en el tiempo el diseñador Rees Jones fue el encargado de aggiornar el trazado con una remodelación completa. El Country Club de Boston junto con otras cuatro instituciones fundaron en 1896 la United States Golf Association (USGA).
El score ganador de seis golpes bajo el par con el cual finalizó Fitzpatrick los 72 hoyos tiene que haber dejado conformes a las autoridades de la United States Golf Association (USGA), entidad organizadora del US Open. Además, solamente nueve jugadores de los 156 participantes terminaron bajo el par del campo al cabo de los cuatro días de juego, algo pocas veces visto en el historial del certamen.
“El desafío más importante para un golfista”, como define la USGA a su campeonato más importante, volvió a darse en The Country Club. Fairways angostos, rough greens duros y rápidos con posiciones de banderas muy complicadas, especialmente en la vuelta final, marcaron la tónica de esta nueva edición del US Open.