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El comandante en jefe del Ejército, Pedro Aguerre, rechazó la “teoría de los dos demonios”, según la cual la última dictadura es el resultado del enfrentamiento entre dos grandes bandos —guerrilla y Fuerzas Armadas— y, por el contrario, aseguró que hubo “manija” de otros actores y países que ahora “se lavaron las manos”.
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A pocos días del 1º de febrero, cuando por antigüedad en el cargo deberá dejar el mando del Ejército, Aguerre mantuvo una entrevista con “Semanario Hebreo” a cuyo adelanto accedió Búsqueda.
Entre varios asuntos, la entrevistadora le consultó al oficial si su institución había hecho autocrítica por su actuación durante el pasado reciente.
“Sí ha habido en el Ejército y hemos hablado mucho de ello y de los errores es que se aprende. Yo aprendo mucho más cuando me equivoco que cuando me salen bien las cosas. Hubo una gran equivocación social. No fueron dos participantes tampoco. Yo no creo la teoría de los dos demonios que anda por ahí, fueron siete, ocho, diez participantes, porque hubo mucha gente que participó de un lado y del otro y que hoy en día no existe, no dan muestras de decir ‘acá estoy, yo estuve’. No lo hacen, entonces los malos eran la guerrilla por un lado y el Ejército por el otro”, contestó Aguerre.
De inmediato añadió: “¿Y en el medio? ¿Todos los que le dieron manija al Ejército y todos los que apoyaron después al Ejército? Porque después el Ejército no sabe conducir un país, sí estamos muy bien preparados para nuestra función y estoy orgulloso de ello, pero no estoy preparado para agarrar el Ministerio de Economía y sin embargo... ¿Cómo siguió todo eso? ¿Por qué somos la cabeza visible, los malos de la película solamente los del Ejército? Esas son preguntas que se las he hecho a algunos políticos, las he hecho a algunos militares retirados y de a poquito me están dando la razón. Acá hubo mucha más gente que intervino de un lado y del otro. Países de un lado y del otro que intervinieron y se lavaron las manos, no pasó nada. ‘Matamos’ a los militares y entonces se terminó la rabia”.
Aguerre inició su formación como oficial en 1970, por lo cual los primeros años de su carrera militar los transcurrió en dictadura, donde vivió una particular situación: su padre, un coronel del Ejército integrante de un grupo de oficiales “constitucionalistas” y por tanto antigolpistas, estuvo preso todo ese período y sometido a malos tratos.
El escenario planteó para padre e hijo un dilema resuelto con esta consigna: “La institución y sus valores perduran más allá” de las personas que las dirigen en un momento dado (Búsqueda Nº 1.628). Sobre esa base, Aguerre decidió continuar su carrera, que décadas después lo llevaría a la máxima aspiración de un militar: comandar su fuerza.
A pesar de las dificultades que enfrentó en su carrera militar por ser el hijo de un “traidor” y de las adversidades que sufrió su padre, el comandante en jefe opina que es difícil juzgar los actos del pasado con la mirada actual.
“Este país —consideró— no solo tuvo tupamaros, y el que los tupamaros hayan sido desarmados en el 72 y principios del 73 no significa que no hubiera otros movimientos guerrilleros, hay muchos, y hay muchos gobernantes inclusive, que fueron integrantes no del MLN (Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros) sino de otro movimientos que no estaban de acuerdo con la forma en que se estaba desarrollando la política del país. Vivir en un estado de inseguridad es muy difícil de transmitir. Yo sabía que tal vez algunas cosas no se estaban haciendo bien y cargo con eso. Ejemplos de esto tengo en toda la historia y quiénes estuvieron de un lado, quiénes sabían... Es muy difícil juzgar ahora a no ser que haya hecho cosas puntuales, como si una persona mata a otro o tortura a otra. (...) Sí, vi que se estaban pasando algunas líneas de los dos lados y no se puede definir porque cuando uno viste un uniforme sabe quién es el enemigo, pero cuando uno no viste un uniforme no sabe quién es. Entonces, ¿que nos equivocamos? Sí. Y yo pregunto: ¿cómo se podía haber actuado? ¿Qué otra opción había? No tengo ninguna respuesta”.