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    El kirchnerismo y el chavismo “no son capaces” de gobernar bajo “dificultades” en la economía como las actuales, sostiene Loser

    Hasta hace pocos años los precios de los granos y otras materias primas estuvieron por las nubes, lo que permitió que hubiera una “capacidad de gasto y de vivir el momento que la gente confundió con una política económica alternativa”. Fue la razón del “éxito” del “modelo populista” del kirchnerismo y el chavismo que ahora, ya sin commodities valorizados, está sufriendo el rechazo popular en las urnas, opina el economista Claudio Loser.

    “Estos gobiernos no son capaces de gobernar en momentos de dificultades”, sentenció. Uruguay, dice, está en una posición algo diferente porque en el manejo de la economía “siempre primó el sentido común”, si bien el país también “tiene problemas” que encarar.

    Loser, un argentino doctorado en Economía en la Universidad de Chicago, fue director del Departamento para Occidente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Actualmente es presidente para América Latina de Centennial Group, un centro de análisis en temas económicos, políticos y sociales con base en Wa­shington. Lo que sigue es una síntesis del diálogo que mantuvo con Búsqueda.

    —¿Qué tan inesperado es el giro político que se registra en algunos países de América Latina? ¿Hay por detrás también un modelo económico que se viene agotando?

    —Hay un cambio fundamental que lo atribuyo a lo siguiente: evidentemente hay un profundo cansancio en la población, no solamente en Argentina y en Venzuela. También hay presiones en Ecuador, no sé si tanto en Bolivia, y por último en Brasil, aunque allí la situación es algo diferente.

    El éxito del modelo populista —yo no lo caracterizaría como de derecha o de izquierda, porque hay regímenes racionales como en Uruguay, donde siempre primó el sentido común— estuvo montado en una mejora fortísima en los precios de las exportaciones. Eso hizo que hubiera una capacidad de gasto y de vivir el momento que la gente confundió con una política económica alternativa. Cuando los precios de las materias primas —ya sea petróleo, alimentos o metales— se vienen abajo, como pasó en los últimos tres o cuatro años, se desinfla el modelo. La razón verdadera es que los modelos funcionaron porque contaban con ingresos muy fuertes, pero se los gastaban todos y no ahorraban para las épocas de vacas flacas. Es fácil decirlo después del partido, pero el desenlace era prácticamente inevitable.

    —Usted diferencia al gobierno uruguayo como más racional en el manejo de la economía. Sin embargo, también hay en Uruguay algunos de­sequilibrios macro.

    —Es verdad, aunque pienso en Uruguay como un contraejemplo de Argentina y Brasil. Uruguay tiene problemas que manejar, pero en condiciones mucho mejores y más realistas que en esos otros países.

    —En Argentina, Macri recibirá una economía en estanflación, reservas anémicas y un litigio con acreedores, entre otros problemas. ¿Cómo espera que se desarrollen los acontecimientos con el nuevo gobierno?

    —La mano viene muy cargada en varios sentidos. Primero, en términos de una economía que está cayendo —aunque ellos digan lo contrario—, con una situación de caja terrible, prácticamente sin reservas y donde la inflación en el país es la segunda o la tercera más alta en el mundo. Además, la pobreza está aumentando. En síntesis, las cosas están muy mal. Segundo, la situación política es compleja.

    El equipo de Macri es muy bueno, pero ganó la elección no por mucho. En el Congreso, aunque el Frente para la Victoria no tiene mayoría —por lo menos en la Cámara de Diputados—, sí una representación muy importante que hace que cualquier tipo de acción sea muy complicado. El nuevo gobierno tiene claro qué es lo que hay que hacer en término de ajuste: reducción de algunos subsidios generalizados, racionalización del gasto. La cuestión de inflación la pueden manejar y respecto al cepo cambiario también se van a mover rápidamente.

    Hay dos retos importantes que deben tener en cuenta: primero, deben moverse muy rápido en arreglar los problemas con los acreedores internacionales y los holdouts; si no lo hacen se les va a complicar afuera y no podrán obtener financiamiento. Segundo, ganarían mucho de entrar en conversaciones con el FMI, aunque políticamente no se atreven, me parece. Probablemente van a tratar de hacer algo sin el Fondo; políticamente tiene sentido, pero les va a resultar difícil.

    —En lo económico, ¿qué puede pasar en Venezuela tras la derrota del chavismo en las elecciones del domingo 6?

    —Es un cambio más abrupto que en Argentina, primeramente porque la situación económica es terrible en términos de caída del Producto, de inflación o de cualquier cosa. Es un rechazo fortísimo al chavismo. El problema es que el Poder Ejecutivo en Venezuela tiene el control y eso va a hacer que cualquier cambio tome su tiempo. Hay que ver cómo se adapta o se ajusta el socialismo del siglo XXI a esta situación.

    La combinación del voto en Argentina y Venezuela, y un poco lo que está pasando en Brasil, es una señal muy fuerte de este rechazo. Esto está muy asociado a las condiciones internacionales mucho más duras; estos gobiernos no son capaces de gobernar en momentos de dificultades.

    —La economía brasileña está en recesión y se instaló un clima de desconfianza por la crisis política. ¿El proceso de impeachment a Rousseff terminará de hundir a Brasil o puede empezar a resolver la incertidumbre?

    —No me siento conocedor de todos los detalles. El impeachment, salga de una u otra manera, es importante. Si no progresa, ella se queda hasta el fin del mandato. Rousseff tiene gente, como el ministro de Economía, que puede trabajar. Pero a la larga, aunque puede traer mucho ruido, es bueno que se defina de una vez por todas. Sería mejor para Brasil que no hubiera un impeachment, pero si progresa sería importante que se resuelva: era como una espada de Damocles no solamente sobre la presidenta, sino sobre todo el sistema político brasileño.

    —¿Qué cabe esperar para la región de Estados Unidos, Europa y China?

    —Son los tres grandes jugadores mundiales.

    En Estados Unidos las cosas van razonablemente bien y la economía sigue creciendo. El aumento de tasas de interés que todos esperamos para la semana que viene no creo que vaya a afectar negativamente. Estoy convencido de que habrá una suba de un cuarto por ciento. Tendremos una nueva plataforma, aunque demorará hasta que haya otro aumento. De todos modos, esto tranquilizará las cosas en Estados Unidos.

    China está complicada. No veo en principio un colapso, pero sí una caída fuerte en el ritmo de crecimiento. No les da el motor. Tiene un problema serio de sobreendeudamiento de las empresas que hace que no esté funcionando bien el sistema bancario. En síntesis, China va a jugar en contra para la región.

    Y Europa está creciendo, pero va a jugar neutral. Sí va a pasar que los flujos de capital van a irse más bien a Europa y a Estados Unidos que a los emergentes.

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