N° 1826 - 30 de Julio al 05 de Agosto de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLo que hace a una ciencia es su relación inequívoca de causa-efecto para todas las situaciones dadas. Así, siempre que se sume 2 más 2, el resultado será 4. Siempre que se caliente agua a nivel del mar, va a hervir a los 100 grados Celsius. La matemática, la física o la química, son ciencias exactas; el management no.
La medicina tampoco es una ciencia exacta. Pero nadie discute del “profesionalismo” que requiere la profesión médica, ni de la “ciencia” que hay detrás de cada diagnóstico y de cada prescripción. Esto, además, lo validan las estadísticas: en el caso de las ciencias “exactas”, el 100% de ciertas causas dan el mismo resultado, pero en la medicina o en el management si bien no se llega al 100% sí se llega al 80% (Ley de Pareto), lo cual hace que sus reglas y principios sean muy creíbles y predecibles.
Sin embargo, la mayoría de las personas (empresarios, políticos, empleados, estudiantes y hasta varios académicos) no creen demasiado en la “ciencia” del management y prefieren gestionar empresas, organismos públicos, clubes deportivos o institutos de educación con las “ciencias ocultas” de la intuición, la talenteada, o el poder.
Las organizaciones que logran mejores resultados hacen cosas que otros no hacen, y las hacen en forma consecuente, a saber:
Entienden su razón de ser y de existir, entienden cómo agregar valor y son coherentes entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. Tienen una misión.
Establecen metas claras y apoyan a su gente para conseguirlas.
Tienen, más que procesos, criterios para resolver las diferentes situaciones.
Y sobre todo, saben cómo liderar al personal.
Si esto suena tan lógico y racional, ¿por qué no lo aplican? ¿Por qué no creen en los libros de management? Una explicación que yo percibo es que creen que son “pura teoría”, inaplicable a sus realidades. Además, la inmensa mayoría de empresarios y comerciantes (muchos de ellos muy exitosos) dirigen sus negocios sin jamás haber tocado un libro. Entonces, ¿para qué hacerlo?
Aquí creo tener una explicación: los libros de química, física o matemáticas suelen comenzarse a escribir desde la más pura teoría, encerrados en un laboratorio y luego lo llevan a la práctica. Por eso se dice —en términos despectivos— “ese es un caso de laboratorio”, por ser raro o poco creíble. Pero los libros de management se escriben exactamente al revés: surgen de la observación de miles de casos del “mundo real” y sacan factores comunes de comportamiento y de buenas prácticas, esas que funcionan en el 80% de los casos y que hacen del management una ciencia. Pero muchos no lo ven así, creen que es teoría pura o que son recetas aplicables a otras realidades. Por eso no siguen tales designios.
Como no aplican esas sugerencias, muchos empresarios se quejan de que sus empleados no están “motivados” y no “se ponen la camiseta” de la empresa. ¿Pero cómo pueden concebir tal esperanza si esos empleados no entienden el “para qué” van a trabajar, no tienen metas claras, no los capacitan adecuadamente, no les dan los recursos ni las facultades suficientes para actuar o no reconocen sus logros? ¿Pero no se dan cuenta de que es “imposible” lograr buenos resultados sin trabajar las causas?
A pesar de los múltiples ejemplos exitosos que muestra la relación hacer-tener, donde la ciencia del management opera, la gente prefiere aplicar la intuición, el “boliche” o la experiencia. Pero es imprescindible mezclar ambos mundos si algún día queremos ser realmente de primera.