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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDr. Jekyll a Mr. Hyde en el manejo de la epidemia
Carta abierta al presidente Lacalle Pou
Uno de los principales mandatos que recibió al asumir como presidente es procurar el bienestar y la salud de los uruguayos. Y empezó muy bien. Hace poco más de un año, y a solo dos semanas de asumir el cargo, gestionó con determinación y sentido común el inicio de la epidemia. Con los primeros casos decretó el estado de alarma, cerró las fronteras, los shoppings, los espectáculos públicos, los gimnasios, los eventos deportivos, los centros de estudio, redujo el aforo en el transporte, creó un cinturón sanitario en torno a los departamentos de frontera, etc. Se negó a decretar un confinamiento obligatorio invocando la “libertad responsable”. Exhortó a la población a quedarse en casa, a través de una gran campaña que saturó los medios de comunicación. Se apoyó en la ciencia, y se dejó guiar por ella, al nombrar un Grupo Asesor Científico Honorario de altísimo nivel. Y le fue bien. Sus apariciones públicas en conferencia de prensa eran muy frecuentes y nos aseguró que “abriría la perilla todo lo posible y la cerraría todo lo necesario”. También nos dijo que lo último que cerraría y lo primero que abriría serían las escuelas. Todo ello le dio prestigio internacional como el presidente de un pequeño país que supo controlar el virus en una región gravemente afectada. Se le llamó “el presidente coronavirus”.
El único debe de ese comienzo fue la baja aportación económica para sostener a los más vulnerables, una de las más bajas de todo el continente. Las ollas populares compensaron solo en parte esa falta de apoyo del gobierno.
¿Qué queda hoy de todo eso? Prácticamente nada. ¿Dónde está la determinación y el sentido común del comienzo de su mandato? Uruguay pasó en muy pocos meses de ser uno de los países con menor proporción de contagiados y muertos del mundo, a uno de los peores, si no el peor. Las perillas se abrieron todo lo posible y más, y se atascaron cuando había que cerrarlas. Desoyó las recomendaciones de los científicos a los que en los comienzos había escuchado. Continuó preso de la “libertad responsable” que intenta poner el foco en la gente “que ya sabe lo que tiene que hacer”. No se puede pasar la responsabilidad a la población. La libertad responsable ya no corre, es una utopía. Usted mismo no fue capaz de ejercerla. Un día después de decir que no se deben hacer asados, lo vimos participando en uno y compartiendo mesa con otras 10 personas. Luego se sacó un selfi sin guardar distancias y con gente sin tapabocas que le valió una breve cuarentena. Los científicos y los médicos le dicen que hay que bajar drásticamente los contagios y para eso es preciso bajar drásticamente la movilidad. Volver al 20 de marzo de 2020, “blindar abril”. Pero blindar abril no solo significa pedirle a la gente que sea responsable, sino que debe asumir su responsabilidad de gobernante y tomar las medidas necesarias para que eso suceda. Parece no haberlo entendido. La única medida importante que tomó para reducir la movilidad era la última que dijo iba a tomar: el cierre de la enseñanza, que no tiene un costo económico inmediato, pero tiene un inmenso costo educativo que dentro de 10 o 15 años tendrán que asumir los futuros gobiernos. Y si no hay otras medidas, el cierre va para largo.
En los últimos días no se ha cansado de decir que no va a instaurar un Estado policial ni a decretar un confinamiento obligatorio. Yo le preguntaría si son Estados policíacos Francia, España, Italia, Reino Unido, Alemania, Chile, Perú, Ecuador, Argentina y otras decenas de países democráticos que han decretado el toque de queda o, lo que es lo mismo, la restricción de la movilidad nocturna. Si el toque de queda es instaurar un Estado policíaco ¿acaso no lo es la prohibición de las aglomeraciones?
Hoy en día nadie le está pidiendo un confinamiento obligatorio. Lo que le pedimos, y casi que le rogamos, es que, como el presidente de todos los uruguayos que dijo ser, se dedique a cuidar la salud de sus compatriotas que se están muriendo a razón de más de 50 por día. Y para ello debería aplicar todas las medidas recomendadas por el GACH, que no incluyen el confinamiento obligatorio, pero sí la restricción de la movilidad nocturna, la suspensión del deporte tanto amateur como profesional, el cierre de bares y restaurantes permitiendo el delivery, la reducción del horario y el aforo del comercio no esencial, entre otras. Si para alguna de esas medidas tiene que elevar al Parlamento un proyecto de ley, hágalo. Le aseguro que obtendrá un respaldo ampliamente mayoritario en ambas cámaras.
Desde el 7 de febrero, cuando el GACH publicó el informe y las recomendaciones que usted desoyó, los contagios se multiplicaron por 7,69 (la media de siete días pasó de 146,94 casos por millón a 1.129,95), las muertes por 2,9 (de 490 a 1414), los casos activos por 5,5 (de 5845 a 35.532, más de un 1% de la población está cursando la enfermedad), la internación en CTI se multiplicó por 5,8 (de 81 a 471). El Dr. Rafael Radi manifestó, en ese entonces, que era necesario bajar los casos diarios a menos de 200, para que el comienzo de las clases fuera seguro y el inicio de la campaña de vacunación se hiciera con un número de contagios que permitiera tener la epidemia bajo control. Para eso había que empezar a cerrar las perillas, pero usted, incomprensiblemente, no lo hizo. Y eso nos está costando muy caro en vidas y, a la larga, tendrá un mayor costo económico. También advirtió el Dr. Radi que los fallecimientos subieron en los últimos días del 1% al 1,6%, esencialmente por el estrés que está sufriendo el sistema sanitario.
Si no se toman más medida de reducción de movilidad, los matemáticos del GACH auguran el colapso del sistema de salud. Cada día que pasa sin reducción de movilidad son vidas que se pierden. Los intensivistas están agotados y reclaman también medidas urgentes. No se trata de aumentar camas sino de bajar los contagios. Por más camas que se agreguen, la calidad de la atención irá decayendo por la falta de personal competente para atenderlas. Además, el virus se multiplica mucho más rápido que las camas. Llegará un momento (si no llegó ya, como estamos viendo en los residenciales de ancianos) en que habrá que elegir a quién se salva y a quién no, como ya lo vimos por televisión en varios países europeos. La ventaja de tener el diario del lunes no nos habrá servido de nada. También la saturación del sistema de salud está afectando a los pacientes de enfermedades no transmisibles. Se han aplazado más de 30.000 cirugías y casi el 75% de los estudios médicos.
Pienso que usted se lo está jugando todo a que la vacunación contenga al virus y reduzca drásticamente los contagios, apuesta en la que participa involuntariamente la mayoría de la población. La campaña de vacunación empezó tarde, pero va a muy buen ritmo, lo que es una buena noticia. Ya hay más de un millón de personas que recibieron al menos la primera dosis. Pero es un error pensar que solo con la vacuna y con las pocas medidas que tomó, se conseguirá un rápido descenso de los contagios que evite el colapso sanitario. Si miramos a la región, vemos que Chile, con mayor porcentaje de vacunados que Uruguay, está en el peor momento de la epidemia. Además, tanto Chile como Uruguay están inoculando a su población con Pfizer, pero sobre todo con Coronavac, que tiene apenas entre un 56 y un 62% de efectividad y cuya primera dosis no protege prácticamente nada (apenas un 3% según un estudio de la Universidad Católica de Chile). Creo que no se ha hecho demasiado énfasis en insistir en que, al menos con la vacuna de Sinovac, hay que esperar 15 días después de la segunda dosis para estar inmunizados. No toda la gente lo sabe y esa sensación de falsa seguridad puede subir aún más los contagios
Una de las excusas para no tomar las principales medidas sanitarias que recomienda el GACH es no resentir más la economía. Pero la dicotomía entre salud y economía es falsa. Sin salud no hay economía. Según se ha dicho, el Dr. Salinas, que está haciendo lo que puede al frente del MSP, es partidario de reducir la movilidad siguiendo las recomendaciones del GACH. Supongo que los contadores Alfie y Arbeleche no lo son, porque no quieren ralentizar los motores de la economía. Pero creo que no se han dado cuenta de que si no frenan ahora la movilidad, el aumento de los casos y las muertes va a ser tan impresionante que obligarán a un confinamiento obligatorio que causarán un perjuicio económico y social mucho mayor. Solo hay que mirar a Europa durante la primera ola para ver lo que pasó. No sé si es tarde ya, pero habría que tomar todas las medidas recomendadas y poner el dinero que haga falta para asistir a los más vulnerables. Plata hay y, si es necesario endeudarse y aumentar el déficit fiscal para evitar centenares de muertes, hay que hacerlo. Uruguay estuvo durante varias décadas endeudado con el FMI, pagando intereses abusivos, por causas mucho menos justificadas que esta. Da también la impresión de que se tiene miedo de perder el grado inversor. Si bien es importante, la vida humana vale mucho más. ¿Cuántos muertos está dispuesto a soportar antes de tomar las medidas que le piden la comunidad médica y científica?
La pandemia es una causa nacional. Lo peor que puede pasar en este momento es la polarización y la politización de la misma. Como dijo el Dr. Radi, no se trata de ganadores y perdedores. Tanto el gobierno como la oposición tienen que mostrar altura de miras y sentido de Estado. Como si se tratara de una guerra, se necesita la unidad de todos para vencer al virus. O ganamos todos o perdemos todos.
Fernando Castillo Visca
CI 1.207.658-8