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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn una campaña electoral chata, sin grandes ideas, sin estudio por parte de los candidatos y con los políticos reiterando en general obviedades y lugares comunes, la idea de hacer algo con el tema combustibles tal vez sea la única realmente sustanciosa que se ha podido escuchar. La empresas públicas en general, y Ancap en particular, forman parte de esas “vacas sagradas”, que de solo mencionar impulsar un cambio ya instantáneamente provocan una resistencia tenaz, en especial de quienes temen perder sus privilegios y de los políticos que suelen utilizar las empresas públicas como forma de hacer sus carreras políticas con el dinero de los contribuyentes.
Todo el grupo de burócratas del gobierno salieron a coro a poner el grito en el cielo. “Los que hablan de eliminar el monopolio de Ancap no saben lo que hablan, no entienden del tema “, nos dice magistralmente el candidato Martínez. ¿En los hechos qué vimos? Que cuando el señor Martínez y luego el señor” licenciado” condujeron los destinos de Ancap, con los precios más caros del mundo y en régimen de monopolio, dejaron el agujero más grande de la historia del país. Entre la capitalización y las transferencias vía tarifas, el salvataje de Ancap costó unos US$ 2.000 millones, según cálculos del Departamento de Economía de la Universidad de Montevideo. Una cifra colosal si tenemos en cuenta que la salida del default del año 2001 fue un préstamo puente a último momento por 1.500 millones. Y en Ancap, además, se han visto todo tipo de irregularidades, desde una desulfurizadora con un presupuesto de trabajo de US$ 90 millones y en los hechos terminó costando 400 millones, hasta un horno de 100 millones que quedó tirado y hasta el día de hoy nadie sabe bien por qué. Y se podría seguir con unos cuantos episodios vergonzosos.
Las ley de creación de Ancap del año 1931 nos habla de lo importante y estratégico del suministro de combustible. Eso era aceptable y válido para esa época. De escasez, incertidumbre, pocas refinerías, dificultades logísticas y de aprovisionamiento. Un país sin combustibles podía verdaderamente colapsar. Hoy el mundo es otro, la refinería no es para nada estratégica, es un cuento que la gente repite como loro. Hoy lo que hay es capacidad excedente de refinerías, transporte y combustibles en el mundo entero. Lo único que se necesita es tener el dinero para pagarlo. Más aún. En razón de elementales economías de escala, una refinería de 50.000 BD, como la de Ancap, están en estado de extinción en el mundo entero. Son antieconómicas las refinerías de menos de 200.000 BD hoy día. Tanto la exministra de Industria como la presidenta de Ancap todos los días nos dicen que “es muy conveniente refinar en el país”. Y es como un acto de fe. Porque jamás se ha podido ver un número que respalde esa afirmación. ¿Es conveniente? Se conoce de una refinería de 50.000 BD en Nueva Zelanda que trabaja con 200 empleados. Ancap, con la “eficiencia uruguaya” trabaja con cinco veces ese personal. ¿Hay por casualidad alguien que crea que Ancap puede competir con los precios internacionales de combustible? Un día que se fue a investigar una planta de cemento nos encontramos con más de 40 jardineros. Lo que sí se sabe es que hace pocos meses, cuando la refinería estaba en reparaciones, se importaron los combustibles refinados. Y en general, se trató de que las facturas de compra de los mismos fueran lo más secretas posibles. Algunas se vieron, se lograron ver por redes sociales, y los precios eran realmente bajos. Y ¡oh casualidad!, la idea fue que no trascendieran los números. O sea, sería realmente fácil saber, si es que las autoridades lo quisieran, demostrar en los hechos los números. Desde acá, modestamente le pediría a la señora Jara que haga una presentación pública con esas facturas, a cuánto llega el combustible a nuestro puerto, y a la vez tomando en cuenta en forma detallada todos los costos de Ancap y, por ejemplo, el suministro de combustibles anual en millones de m3 de cada tipo, para poder comparar costos. Hay que transparentar estos costos que son vitales para el país. Nos dicen: “Los que pretenden eliminar el monopolio, tienen argumentos infantiles y de realismo mágico”. Acá el único realismo mágico que existe es el de Ancap refinando petróleo. Nos dicen: “Ese negocio de importar a nadie le serviría, ya que además deberían invertir en logística, aprovisionamiento, distribución...”. La única manera de saberlo es permitiendo la importación. Según los últimos números oficiales, los sobrecostos en combustibles están en el orden de los US$ 240 millones/año en promedio de los últimos años. Y dando por buenos esos números, no es poca plata. Hace poco Ancap informó con bombos y platillos haber ganado 88 millones en el año 2018, ¡pero en el mismo año generó un sobrecosto de US$ 250 millones!
Un señor de la OPP nos dice hoy en los medios dos cosas: “Refinar tiene altos costos fijos” y “ si se importa, se depreciarán las inversiones de Ancap”. Respecto a lo primero es elemental. Respecto a lo segundo, refinar no es un fin en sí mismo, y Ancap tampoco lo es. Antes de agitar cucos, podemos ver un ejemplo cercano y es el de Paraguay. Paraguay ya hace varios años que no tiene refinería de petróleo. Tiene un parque automotor el doble de grande del nuestro, la economía está creciendo al 5% o más, los precios de los combustibles están 35% por debajo de los uruguayos y, que se sepa, en todos estos años no ha habido el menor problema, ni estratégico ni nada.
Creo que este tema presentado por el senador Lacalle es de lo más trascendente que se ha escuchado en la campaña electoral. Y desde ya aliento a que, sin tabúes ni preconceptos, se intente finalmente alguna medida que además de traer alivio a los consumidores, signifique una ayuda al bienestar general de nuestra sociedad.
Ec. Guillermo Hernández