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Gerardo Begérez no para de dirigir. Tiene cuatro espectáculos en cartel con buena respuesta del público. Cocinando con Elisa, ganadora del Florencio en 2015 junto con Constelaciones, de Jorge Denevi, agota la sala cero de El Galpón. Desde febrero, En la laguna dorada, de Ernest Thompson, está al firme en el Circular, con el protagónico de Estela Medina. Ahora estrenó dos piezas cuyas versiones originales pudimos ver en el Fidae 2015: Mi hijo camina solo un poco más lento, del croata Ivor Matinic, en su exitosa versión de Guillermo Cacace (la última sensación del teatro independiente porteño), y Juicio a una zorra, del español Miguel del Arco, protagonizada por la chica Almodóvar Carmen Machi, quien arrancó ovaciones de antología.
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Las instituciones confían en su talento para montar espectáculos atractivos y taquilleros. Salvando las distancias —uno tiene más de 55 años de trayectoria y el otro la quinta parte— se podría decir que Begérez sigue los pasos de Denevi, un realizador de amplísimo espectro estético. El actor y director de 34 años formado en El Galpón ha demostrado especial interés en los pequeños detalles como los gestos, las miradas y los tonos de voz, que hacen la diferencia.
Esas virtudes están a la vista en las dos nuevas producciones. El problema es que al aparecer tan poco tiempo después de las mencionadas versiones, la comparación es inevitable. Y en ambos casos, las puestas de Begérez salen perdiendo visiblemente, por intensidad actoral y también por una cuestión de verdad escénica. Los climas no alcanzan a lograr la conmoción de sus predecesoras. De todos modos, este comentario es pertinente solo para espectadores que pudieron apreciarlas en el Fidae o en la reciente visita de la obra de Cacace.
Mi hijo camina… es una historia de familia disfuncional en la que la discapacidad del joven Branco (Cristian Amacoria) desestabiliza a su madre (Alicia Alfonso), forzada a encarar el duro proceso de aceptación del problema irreversible. Como satélites a su alrededor, el resto de sus familiares son piezas insustituibles de un dominó emocional sumamente profundo y humano. Cada uno con sus virtudes y sus taras. La obra es rica por poner a flor de piel la variedad de sentimientos que despierta un cambio dramático como la salud de un hijo. Y es doblemente rica porque no abusa de la condición de víctima del joven minusválido. Y el que lo tiene más claro es él mismo, quien demuestra asumir su cruz con aplomo y madurez. El desempeño del elenco es inobjetable, no así la ambientación, un tanto más europeizada y a tono con el origen del texto, pero más lejana a la cotidianidad rioplatense.
En Juicio a una Zorra, el autor hace uso del recurso teatral distintivo de la dramaturgia contemporánea: resignificar un mito, despojarlo de su dimensión histórica y dejarlo desnudo en escena. Aquí estamos ante Helena de Troya, y es ella quien nos cuenta su peripecia mientras se emborracha con todo el vino que puede beber durante una hora. Del Arco pone voz propia a Helena, quien habla pestes de los griegos a los que abandonó y les dice de todo a los troyanos que la adoptaron. El único que se salva es su amado Paris, el ser que la hizo feliz. La defensa del amor y de la autodeterminación de la mujer subyacen en esta pieza, que requiere una interpretación visceral, con las tripas en la mano.
Groisman es una actriz con oficio y trayectoria, pero no alcanza la intensidad que el personaje requiere. Su trabajo tiene muy buenos momentos, en los que logra cortar el aire con este relato desgarrador. Pero predomina la actriz por delante de Helena, cuando lo que necesita el espectador es encontrarse cara a cara con la mujer irresistible que obsesionó a propios y extraños y que provocó la guerra por antonomasia.
Mi hijo solo camina un poco más lento (una obra croata), de Ivor Martinic, por teatro El Galpón. Traducción: Nicolina Zidek. Sala Atahualpa. Sábados, 20.30 h; domingos, 19.30. Duración: 100 minutos.
Juicio a una zorra, de Miguel del Arco. Intérprete: Susana Groisman. Teatro Alianza, sala China Zorrilla (Paraguay 1217, 2908 1953). Sábados, 21 h; domingos, 19.30 h.