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    miércoles 19 de junio de 2024

    El pecado mortal del Estado

    Nº 2276 - 16 al 22 de Mayo de 2024

    Haber frecuentado con delectación los escritos de Hobbes, la Filosofía del derecho de Hegel y en especial los textos de Carl Schmitt me han preparado para comprender de cerca el alcance de las etapas históricas y el encuadre sustantivo del derecho que propone Rudolf Ihering en su libro Le combat pour le droit (Hachette-BNF, París, 2012). El jurista alemán explica las etapas históricas de los objetivos humanos: el hombre es impulsado por el egoísmo, su objetivo, la prolongación de la vida, está condicionado por la propiedad, porque sin propiedad no hay futuro seguro. Ambos conducen a la necesidad de la ley: sin ley, no hay seguridad para la vida o la propiedad. Este es un derecho subjetivo. En la sociedad se necesita un derecho objetivo, una lucha por el derecho. La “mecánica social” necesita “motores” —recompensa y coerción—, “sin ellos la vida pública es impensable”. Para poder coaccionar, la sociedad (una unión de individuos) toma la forma de un Estado.  Establece una jerarquía secuencial: “El individuo, la unión, el Estado; tales son los grados históricos de los objetivos humanos”.

    Pero, atención, la ley y el Estado son impensables sin coerción: “El Estado es la sociedad como un Estado de poder coercitivo regulado y disciplinado”. Porque por naturaleza el Estado es una organización de coerción social.  Según Ihering el derecho en la sociedad es “un conjunto de reglas básicas según las cuales la sociedad o el Estado manifiesta su actividad de esta manera: la disciplina de la coerción es ley”. El principal objetivo legal del Estado es el desarrollo y la aplicación de la ley. Así, el poder estatal necesita la ley, y a su vez el poder estatal es condición necesaria para la ley. Para realizarse, para cumplir con su finalidad y ser funcional a su creación, dice este autor —haciéndose eco de una premisa hegeliana— que el Estado mismo, por definición, requiere superioridad, lo que conocemos como la fuerza del poder estatal: “La debilidad, la impotencia del poder estatal es el pecado mortal del Estado, un pecado imperdonable que la sociedad no perdona, no tolera: el poder estatal sin poder es en sí mismo una contradicción irreconciliable”. Ihering concluye que el Estado es el único representante del poder social coercitivo, por tanto, “el Estado es la única fuente de derecho”.

    Por contenido, el derecho sería una expresión de los intereses de los individuos y de la sociedad.  En este plan el Estado está llamado a protegerlos y garantizarlos. De ahí se deriva que el derecho es un interés tutelado por el Estado. En términos de forma, el derecho es un “momento de una norma”, un conjunto de normas y reglas de conducta. “Al crear una norma, la fuerza, el poder se convierte en ley”. Norma o regla sirven como contenido de la ley. El gobierno establece la ley, “la ley establece la norma, el juez la aplica; el derecho abarca todas las normas”. Siguiendo la lógica positivista, que recogerá enseguida Max Weber, Ihering postula su célebre fórmula: el derecho es “un conjunto de normas coercitivas que operan en el Estado”.

    En su concepción, sin embargo, el estatus jurídico de la sociedad se logra no solo mediante la coerción estatal y la ley, sino también mediante la obligación por parte del poder estatal de las normas emitidas por él: “Solo con tal actitud del poder estatal hacia las normas que crea el lugar de la arbitrariedad lo ocupará la uniformidad, solidez, seguridad y confiabilidad de la ley, lo que el lenguaje entiende por orden jurídico cuando hablamos del Estado de derecho”.  Conforme a esa acepción, explica que el derecho es una “fuerza jurídica vinculante bilateralmente, subordinación del poder estatal a las leyes dictadas por él”. La autolimitación de la fuerza y ??el poder sirve a la formación del derecho. Pero es aún más importante que la ley garantice la protección de los intereses generales, el cumplimiento de los objetivos de la ley y del Estado.

    Sobre este punto Carl Schmitt en su excelente trabajo sobre la dictadura opondrá el carácter de la excepción como base del ejercicio superior de la soberanía. El detalle no es trivial y creo que completa o, mejor dicho, confiere sentido histórico a una cierta idealidad con la que se mueve Ihering.